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Cuidado del obrero


La salud del lider determina su impacto en la vida de los demás.
 
«Entonces los apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y lo que habían enseñado. Él les dijo: "Venid vosotros aparte, a un lugar desierto, y descansad un poco." (Eran muchos los que iban y venían, de manera que ni aun tenían tiempo para comer.) Y se fueron solos en una barca a un lugar desierto».El pasaje de hoy nos deja tres reflexiones importantes con respecto al cuidado pastoral que debemos brindarle a nuestros obreros.

En primer lugar, observamos que Jesús creó la oportunidad para que sus discípulos compartieran todo lo que habían hecho y enseñado. Esta es una función importante del líder, pues con el solo hecho de escuchar a sus obreros les demostrará que tiene genuino interés en sus vidas y lo que están haciendo. En demasiadas congregaciones los que sirven lo hacen con un alto grado de frustración porque el pastor rara vez se les acerca para demostrar así interés por el ministerio de sus colaboradores. En muchos casos las personas sienten que lo único que importa es que ellos cumplan con sus responsabilidades. Brindarles el espacio y el tiempo necesarios para que compartan es demostrarles que uno los valora profundamente.
Muchos obreros viven con falsos sentimientos de culpa cuando no están haciendo nada.
Asimismo, esta oportunidad de escuchar a sus obreros le proveerá al líder valiosa información para medir qué tan eficaces han sido sus discípulos. En el relato de sus aventuras quedarán expuestos sus aciertos y sus errores. Podrán, también, compartir las dudas y preguntas que tienen acerca de lo que han vivido. Todo esto servirá como una importante plataforma para seguir invirtiendo en sus vidas, pues las lecciones más preciosas sobre el ministerio frecuentemente se aprenden en la escuela de la vida. El líder puede también animarlos, en ese momento, a que sigan creciendo y sirviendo con fidelidad al Dios que los ha llamado.

En segundo lugar, observamos que Cristo los animó a «descansar un poco». Tome nota de que no les preguntó si querían descansar, sino que tomó la decisión por ellos. Muchos obreros viven con falsos sentimientos de culpa cuando no están haciendo nada. Han crecido en congregaciones que los han convencido de que la única señal verdadera del compromiso es estar trabajando. Vemos, no obstante, que Cristo incorporó a su ministerio ritmos de trabajo y descanso. ¿Por qué? Por la sencilla razón de que la salud del obrero determina su impacto en la vida de los demás. Es nuestra responsabilidad, como pastores, velar por el bienestar de nuestros líderes.

Por último, observe que para lograr este descanso Cristo apartó a los discípulos a un lugar solitario. Esto obedece a una sencilla razón: es imposible descansar cuando uno está rodeado de las multitudes necesitadas. Para lograr un verdadero descanso, tendremos que ayudar a los obreros a que salgan del entorno ministerial. No hace falta trasladarlos a un lugar alejado. Quizás no sea necesario más que un día en el parque, o paseando en la ciudad. El hecho es que estén alejados del lugar donde habitualmente desempeñan su ministerio. De esta manera, podrán recuperar sus fuerzas y servir mejor.
Producido y editado por Desarrollo Cristiano Internacional para DesarrolloCristiano.com. Copyright ©2003-2009 por Desarrollo Cristiano, todos los derechos reservados.


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Pastor José Antonio Putzu



Dios quiere contar tu historia


Tu destino es hacer grandes obras para honra y gloria del Señor. Acepta el reto y confía en Sus promesas.

La historia de la humanidad nos presenta dos tipos de personas. Aquellas que conocemos por lo que lograron y las anónimas que no sabemos quiénes son porque no lograron nada relevante que influenciara a otros. Todos tenemos la misma oportunidad para ser recordados por nuestros logros, debemos aprovecharla y trabajar duro. Día a día, la historia se continúa escribiendo, acepta el reto de hacer obras poderosas para que tu historia sea digna de ser contada. Toma el desafío de dejar huella en tu país, recibe la Palabra y aplícala en tu vida para ser ejemplo e influenciar positivamente a otros.

La Biblia es un libro de historias que habla de las personas que hicieron grandes cosas en nombre de Dios y se les conoce por lo que lograron. A Abraham le llamamos el Padre de la fe, Moisés es conocido como el Libertador, a David se le recuerda con el título de el Rey y recordamos a Noé porque construyó el arca que salvó a las criaturas de la destrucción.

Nuestro desafío es tener una historia tan impactante que pueda formar parte del libro que Dios quisiera escribir ahora. Jesús no sólo hizo historia, sino que la partió por la mitad, así de fundamental es Su influencia en el mundo.

Tienes la capacidad de hacer historia en tu país, lucha porque un día tu descendencia pueda hablar de ti con orgullo. Nuestros hogares, trabajos e iglesias necesitan obras grandes. En Guatemala todo lo pensamos y hablamos en pequeño, pedimos un “cafecito” y damos un “besito”, pero en Casa de Dios estamos haciendo una obra monumental porque somos guatemaltecos que pensamos en grande y queremos una iglesia que honre a Dios como se merece. Atrévete a protagonizar la historia, piensa y trabaja en grande para la gloria de nuestro Señor.

Inicio difícil

El Señor busca a los hombres cuando quiere hacer algo y todos los escogidos tienen cosas en común. Lo primero es que tuvieron un comienzo difícil.

Hebreos 11:11-12 relata: Por la fe también la misma Sara, siendo estéril, recibió fuerza para concebir; y dio a luz aun fuera del tiempo de la edad, porque creyó que era fiel quien lo había prometido. Por lo cual también, de uno, y ése ya casi muerto, salieron como las estrellas del cielo en multitud, y como la arena innumerable que está a la orilla del mar.

Dios desafió a Abraham y a su esposa al escogerlos para que fueran el inicio de un nuevo pueblo. Él tenía 90 años y ella era estéril. Imagina qué difícil, pero no imposible para el Señor. Ellos confiaron en Su fidelidad y no se desanimaron a pesar de lo complicada que era la misión encomendada. Tenían suficientes razones para no obedecer pero siguieron las órdenes y fueron levantados.

La edad no es excusa para no obedecer a Dios. No te dejes vencer porque Él te levantará y acompañará hasta que cumplas tu tarea. En Casa de Dios creemos por miles de personas para el Reino y trabajamos para lograrlo. Queremos ser una iglesia fuerte y multitudinaria para gloria de nuestro Padre. El pastor Paul Yonggi Cho ya hizo historia porque ha congregado a la iglesia cristiana más grande del mundo que reúne a más de setecientas mil personas.

Moisés también tuvo un comienzo difícil. Lo dejaron en el río Nilo para salvarle la vida, la hija del Faraón lo rescata y adopta y crece en una cultura ajena. Luego mata a un hombre y por si fuera poco, siendo tartamudo, Dios lo llamó a convencer al tirano de que liberara a los israelitas. Así que no pienses que Dios se ha confundido al escogerte. Él sabe lo que hace y estará contigo ayudándote a lograr aquello que desea para tu vida. Confía en Su decisión.

Otro inicio complicado fue el del rey David. Nadie, ni su propio padre, creyó en él. Desde pequeño fue menospreciado. Cuando Dios le habló a Samuel para que escogiera de la casa de Isaí al futuro rey de Su pueblo, ni siquiera fue convocado a la reunión. Luego sus hermanos y el propio rey Saúl lo hicieron de menos. Pero el Señor tenía un plan para su vida y nunca lo abandonó, por el contrario lo acompañó siempre y lo convirtió en el mejor rey que haya existido en Israel. No atiendas voces que te menosprecien porque tienes un plan divino que ejecutar.

Yo también tuve un comienzo difícil. Desde pequeño me tocó duro. Mi padre padece esquizofrenia, una enfermedad que entre otros síntomas, lo hace ver personas y hechos que no existen. Uno de mis primeros recuerdos de infancia es verlo agachado hablándole a los supuestos seres que habitaban los tomacorrientes de mi casa. Cuando tenía edad para casarme, el médico de la familia me pidió que no tuviera hijos porque seguramente heredarían la enfermedad de mi padre. Entonces, le dije a mi novia que no creyéramos tal cosa sino que planeáramos tener tres hijos. Hoy tengo dos y uno en camino. Yo le creí a Dios, no a los médicos porque Él dijo que hará misericordia de aquellos que amen Su nombre.

Si has tenido un comienzo difícil, estás marcado por el abandono, ruptura matrimonial o problemas heredados, no temas, porque Dios puede hacer de la tuya una historia poderosa que se escriba en el libro más digno.

Pasos para hacer grandes obras

Mateo 6:6 aconseja: Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.

Lo primero que debes hacer para lograr grandes cosas es oír a Dios y para ello es necesario aprender a callar. Nadie puede hablar cuando otros lo hacen simultáneamente. Cultiva tu actitud de escuchar para tener una comunicación fluida con el Señor. Es bueno que le compartas todas tus experiencias pero recuerda que Él lo sabe todo, es omnisciente y omnipresente, entonces lo mejor es permitirle decir lo que piensa sobre tu situación y te oriente a mejorarla. La Biblia dice que la Palabra es semilla y tú debes ser tierra fértil que la haga fructificar para la obra del Señor.

Todos los hombres de Dios han tenido un encuentro especial con Él. Siempre hay una manifestación gloriosa de Su presencia, tal vez un ángel o una voz sobrenatural que les reconforta y da instrucciones precisas. Si aceptas el desafío de lograr grandes objetivos, ten la seguridad de que Dios caminará contigo todos los días de tu vida. Él quiere hablarte en intimidad, así que cierra la puerta, dale tiempo y espacio para que lo haga. Tal como sucede entre un esposo con su esposa. Para quedar embarazado de un milagro, debes tener intimidad con Dios a puerta cerrada.

Hebreos 11:7 dice de la fe: Por la fe Noé, cuando fue advertido por Dios acerca de cosas que aún no se veían, con temor preparó el arca en que su casa se salvase; y por esa fe condenó al mundo, y fue hecho heredero de la justicia que viene por la fe.

El segundo paso es obedecer y hacer obras de fe. De nada vale decir que crees si no lo demuestras. El Señor quiere que hagas historia a través de tus actos y tiene obras preparadas especialmente para ti. Nadie más puede ejecutar lo que es tu responsabilidad. Todos deben dar gloria a Dios cuando vean tus logros.

Obras de bien para Su gloria

Deuteronomio 30:9 -11 promete: Y te hará Jehová tu Dios abundar en toda obra de tus manos, en el fruto de tu vientre, en el fruto de tu bestia, y en el fruto de tu tierra, para bien; porque Jehová volverá a gozarse sobre ti para bien, de la manera que se gozó sobre tus padres, cuando obedecieres a la voz de Jehová tu Dios, para guardar sus mandamientos y sus estatutos escritos en este libro de la ley; cuando te convirtieres a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma. Porque este mandamiento que yo te ordeno hoy no es demasiado difícil para ti, ni está lejos.

Obedecer no es difícil, ser rebelde sí porque fuiste creado para serle fiel. El Señor se goza cuando ve las obras que son fruto de la obediencia de tu corazón. Lo que tiene destinado para ti no es difícil si caminas junto a Él. Tus logros se conocerán para honra y gloria del Señor. El mundo necesita grandes obras y líderes que le obedezcan sin vacilar. Todo lo que logremos debe ser trascendental y eterno en Su nombre.

Dios quiere hablarte y verte realizado en la tarea que te encomendó. Para cambiar un país es necesario transformar corazones y hacer discípulos a todo ciudadano. Sólo los siervos del Señor son capaces de lograr proezas.

La obra de Dios se ejecuta a través de los hombres. Cada uno tenemos una tarea que realizar. Adán fue llamado a poblar la tierra, Moisés tuvo la tarea de liberar al pueblo y Jesucristo fue el encomendado para dar la salvación a quienes le busquen. No desperdicies tu tiempo, escucha a Dios y obedécele. Él te llama para que le sigas y hagas grades obras de bien. Créele con todo tu corazón y todas tus fuerzas. Entrégale tu vida para que haga de ti un instrumento de salvación que cambie la historia.


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¡Habla que tu siervo oye!


Cuando era soltero oré a Dios de esta manera: ¡Háblame con claridad o no me caso! Luego le dije: ¡Por lo menos dame una señal, si la próxima chica que entre a la iglesia lleva un traje rojo y una rosa amarilla en la boca, sabré que esa es la elegida! Por último, y aún sin entender la forma cómo Dios habla, me propuse lo siguiente: ¡Voy a casarme, si me equivoco es porque Dios no me habló! Gracias a Dios me ha ido bien en el matrimonio, pero… ¡qué sufrimiento pasé por no saber distinguir la voz del Señor!


No saber reconocer la voz de Dios es una de las quejas más frecuentes que tenemos. Queremos hacer la voluntad de Dios, anhelamos tener una relación más estrecha con nuestro Creador, pero… ¡cuánto nos cuesta entender cómo él nos habla, cuándo lo hace, y, sobre todo, qué nos dice!

De hecho, a lo largo de la historia, el gran problema de nosotros los seres humanos en cuanto a nuestra relación con Dios ha sido conocer ¿cuál es su voluntad particular para nosotros?, ¿cómo estar seguros de que es Dios quien nos está hablando?, ¿si nuestro servicio a él le agrada o no?… He escuchado —y yo mismo las he dicho— algunas frases célebres de la juventud, tales como: «¡si tan solo Dios me hablara!», «¡si Dios fuera más claro!», «¡si me enviara al menos un profeta o un ángel», o «¡yo sé que la Biblia es su palabra y habla por medio de ella, pero… a veces no la entiendo!»

En honor a la verdad yo anhelo desarrollar una relación con Dios como Moisés la tuvo con él. Moisés hablaba con Dios y Él le respondía en el momento. También como Enoc, el cual era íntimo amigo del Señor porque caminó con él toda su vida. Para no ir muy lejos, me gustaría ser como Lucas, o Juan o Pedro, que caminaron, comieron, conversaron con Jesús; lo oyeron, lo vieron y lo tocaron, y lo amaron de una manera física, íntima y personal. Hablo de la relación que incluye un diálogo fluido; tal como lo hacemos con nuestros amigos, pienso particularmente en aquellos que hablan demasiado, que ni siquiera nos dejan hablar. A veces le clamamos diciendo: «¡Dios, por favor, no nos dejes ni hablar, interrúmpeme, por favor… ¡ háblame! En ocasiones el silencio de nuestro Señor es mayor que nuestra paciencia, y a veces sus respuestas me parecen extrañas y cargadas de humor. Ni siquiera utiliza su boca para hablarme. Entonces me surgen las preguntas millonarias: ¿cómo saber que Dios me está hablando? ¿Cómo no escuchar la multitud de voces que se confunden con la Suya —incluso con la mía — que procuran llevarme hacia otros destinos?

Lo invito a analizar conmigo la forma en que Dios se comunicó con Samuel. El relato de 1 Samuel 3.1–10 puede darnos luz en cuanto a la manera en que podemos escuchar a nuestro Padre.

Quiero comenzar por el final de la historia, pues es muy valioso para nuestro tema: Samuel responde: ¡Habla, que tu siervo escucha! ¡Eso es lo mismo que siempre le decimos a Dios!, solo que a veces no lo escuchamos ¿Por qué Samuel sí lo escuchó?

Hay ciertos factores que parecen tener un peso significativo:

1. El joven Samuel servía a Jehová

Es un joven que está al servicio del Señor, entregado por completo a los intereses del Reino. Es un joven con deseos de estar ahí, muy cerca de la presencia de Dios. Todavía quedan muchos como él. Samuel entendía este principio: «no hay adoración sin servicio». Jesús lo expresó mejor: «Al Señor tu Dios adorarás y solo a él servirás» (Mt. 410). Es un principio fundamental, se sirve a Dios y de esa manera se le adora. Dios se manifiesta en medio de las alabanzas de su pueblo, en medio de la adoración de su gente. Es cuando lo adoramos que podemos escuchar mejor su voz.

La persona que pasa constantemente buscando cómo agradar a Dios en su vida diaria, tendrá menos dificultad de diferenciar la voz del Señor de aquellas «otras voces» —la voz de mi propio corazón que tiende generalmente a llevarme por caminos erróneos y por supuesto la voz del enemigo que se esforzará por confundirme. Tengo un amigo que cuando me llamaba de vez en cuando por teléfono para charlar, al contestarle me era difícil reconocer su voz de inmediato. Casi siempre le preguntaba quién era. La situación cambió hasta que nos hicimos compañeros de trabajo. Verlo y conversar con él todos los días dio como resultado que ahora reconozco su voz cuando la escucho por teléfono. Samuel no reconoció la voz del Señor porque no la conocía, no sabía cómo hablaba, pero igual servía y Dios le habló.

El punto es que Dios siempre habla y los que estén más cerca de él serán los que mejor lo escuchen. Pero que escuchen no asegura que hagan lo que él dice, tampoco asegura que ellos sepan que era Jesús el que estaba hablando. Pero, de que lo escuchan, lo escuchan, por estar más cerca de él. Felipe le pide a Jesús: «Muéstranos al Padre y nos basta»; tenía frente a él no solo la voz sino a Jesús mismo; y aún así no lo había conocido. Jesús le responde: «Tanto tiempo he estado delante de ti y no me has conocido».

Juan 10:3-5 cita la parábola del buen pastor: «El portero le abre la puerta, y las ovejas oyen su voz. Llama por nombre a las ovejas y las saca del redil. Y cuando ha sacado fuera todas las propias, va delante de ellas; y las ovejas lo siguen porque conocen su voz. Pero a un desconocido jamás lo siguen; más bien, huyen de él porque no reconocen voces extrañas.

Las ovejas reconocen la voz de su pastor, porque pertenecen a su redil y en él lo sirven a él (proveen lana); y al estar en constante contacto con él, han aprendido a reconocer su voz. Por eso solo responden a ella y no a voces extrañas. Dios les habla para dirigir sus vidas, pero a las que son suyas —a sus siervas y siervos.

Sirve, adora y entonces podrás decir al Señor: ¡Habla, que tu siervo escucha!

2. Tiempo de escasez de la Palabra del Señor

Vivimos en tiempos cuando la Palabra de Dios es suplida descaradamente por la palabra de los hombres. Se escucha mucho de los hombres, muy poco de Dios. Y el resultado de ello en las iglesias es mucho show y poca santidad en las personas.

La diferencia es tan sutil que a veces se hace difícil distinguir una de la otra. Ante hombres con aires de grandeza dócilmente aceptamos todo lo que nos dicen, sin investigar siquiera si lo que afirman tiene fundamento bíblico. Sus declaraciones son aprobadas sencillamente por su grandiosa imagen. Tenemos el espíritu de «Plutón»; ¡estamos mejor donde está el montón!, aunque este no tenga la verdad. Por ejemplo, para los conciertos de Ricardo Arjona, se congregan miles de personas, hasta dejar los lugares repletos. Pero no por generar un llenazo se puede calificar de bueno el mensaje de sus canciones. Igual, podemos tener iglesias repletas de gente, pero no por ello dar por un hecho que en ellas se enseña la verdad. Los musulmanes también llenan sus templos y no por eso lo que predican es Palabra de Dios. Estoy convencido de que es imposible escuchar la voz de Dios cuando es más importante la del líder cuya imagen nos seduce, o la del que arrastra multitudes.

«¡Habla, que tu siervo escucha!», es una respuesta directa al trono del que sabe cómo hablarnos. Muchas veces la respuesta de parte de Dios podría ser: «¡Te he hablado, pero solo escuchas a tus líderes no a mí!» No estoy promoviendo que te levantes en armas en contra del liderazgo, sino que te animo a utilizar tu inteligencia para discernir el mensaje que recibes. Examina que sea sin adulterar, sin intereses personales de por medio. Revisa y comprueba que lo que escuchas es palabra del trono de la gracia, fresca, desafiante, que penetra tu alma y transforma tú corazón a Su semejanza.

3. Samuel dormía en el templo del Señor en el mismo lugar del arca del pacto

Por supuesto, una razón obvia por la que no escuchamos la voz del Señor es porque estamos «dormidos» en su «templo». Como se anunció a la iglesia de Sardis en Apocalipsis : «tienes nombre de que vives pero estás muerta». ¿Puede alguien dormir en medio de la presencia de Dios? La respuesta es afirmativa. Samuel, Carlos, Roberto, Ana, Rolando, Chepillo parecen dormidos en la iglesia. Ven las cosas suceder y no hacen nada. Ven la juventud que sus grupos cada vez son más pequeños y dicen; ¡ay, que estará pasando…! Pero… nada mueven.

Estos «dormidos» deben despertar de inmediato, de lo contrario, como suele suceder, sí escucharán la voz de Dios, pero como Elías la escuchó. en la cueva: «¡Sal de tu cueva y dile a Eliseo que él te sustituya a ti!» Expresándolo en otras palabras: Dios no detiene su obra por un «dormilón». El Reino de los cielos avanza a pesar del hombre, a pesar de su pereza, o de su falta de visión. Dios no desecha a las personas, pero sí exige servicio fiel y perseverante, y, por supuesto, que su siervo «esté despierto», atento a él.

«Porque tuve hambre, y ustedes no me dieron nada de comer» es una frase que pone en evidencia perfectamente «al dormilón» que muchos llevan dentro. Ven la necesidad, la conocen, la viven, la critican, incluso la condenan, pero pocos hacen algo por ella. Jesús en Mateo 25.31 dice claramente que muchas veces lo vieron hambriento y no le dieron de comer, sediento y no le dieron de beber, desnudo, en la cárcel, enfermo… y reafirma: «Les aseguro que todo lo que no hicieron por el más pequeño de mis hermanos, tampoco lo hicieron por mí».. Los dormilones son personas que van a las iglesias, cantan las mismas canciones, aplauden igual que los demás y hasta tienen Biblia Reina Valera del 60, pero a la hora de la verdad, a la hora de la acción, prefieren seguir durmiendo.

¡Despierta tú que duermes! Y dile a Dios con todas tus fuerzas: «¡Habla que tu siervo escucha!» ¡Y si estás despierto, corre a despertar a los tuyos, que falta mucho por hacer!

4. Samuel no había conocido aún a Jehová, ni la palabra de Jehová le había sido revelada

Es imposible escuchar la palabra que no ha sido revelada. Desde esta perspectiva la oración debería ser formulada de esta manera: ¡Habla, que tu siervo necesita que le hagas entender la revelación de tu palabra! Eso es, necesitamos entender su revelación. He tenido esta experiencia cuando, después de haber pasado cientos de veces por un pasaje de la Biblia, un día cualquiera saltan del texto verdades que jamás había visto. La expresión más usual para este descubrimiento es: ¡Nunca antes lo había visto de esta manera!

Nuestras iglesias necesitan entender esta revelación que nos ha sido dada. Necesitan que la palabra de Dios sea iluminada, entendida y vivida en los corazones de su gente. Me refiero a ver esas «cosas que ojo no vio ni oído oyó ni han subido al corazón del hombre» (1Co 2.9). Son las verdades que el Señor afirma que ha preparado para los que lo amamos. Es la revelación que llega mediante la acción del Espíritu a aquellos que se sujetan a él; que es dada por el deseo genuino de conocer íntimamente al Dios que revela sus misterios. Con el mismo anhelo y expectativa que los discípulos aguardaron la promesa del Espíritu, también nosotros debemos esperar la revelación de su voluntad, de su poder, de su amor. Es bueno que nuestra oración a Dios sea: «¡Habla, que tu siervo escucha… porque te ANHELO!» ¡No solo porque necesitas oír su voz, sino porque lo deseas a él y anhelas entender lo que él ha revelado en su Palabra!

5. A veces lo que queremos oír se opone a lo que necesitamos oír

Tres veces acudió Samuel a Elí para averiguar por qué lo llamaba. Ni siquiera pensó en otras posibilidades. Samuel creía que el único que podía hablarle era Elí. «Solo Elí estaba con él». Su oído estaba predispuesto a escuchar lo que él ya conocía. Me pregunto cuántas veces me habrá hablado el Señor y como no dijo lo que yo quería oír seguí repitiendo: «¡Dios no me responde!»

Esta es una de las luchas más grandes de nuestra vida. Escuchar lo que no queremos oír y obedecer a eso. Tuve una novia que amaba mucho. Cuando estaba con ella, me sentía lejos de Dios, cuando estaba lejos de ella, me sentía en paz con Dios. Un día escuché a un predicador comentar lo siguiente por la radio: «Es como cuando uno tiene un diezmo en la bolsa desde hace tres días porque no lo ha podido entregar en la iglesia, suéltelo en el nombre de Jesús, suelte esa relación que no le conviene». ¡Aunque usted no lo crea!, ese día yo andaba el diezmo en la bolsa y tenía tres días de no haberlo entregado. Lo primero que dije fue: «Cochino diablo» y después; gracias Señor por hablarme aunque yo quiero a esta chica. Con el dolor de mi alma la dejé. Después de esa decisión, Dios me ha recompensado con mi esposa Jackelyn, la cual es una mujer maravillosa. ¿Pero si no lo hubiera hecho? Seguramente hoy estaría contándole de mi divorcio.

¡Habla que tu siervo escucha, aunque lo que me pidas sea difícil!

Dios habla, desde el principio lo ha hecho y hasta el fin lo hará. Dios responde, siempre lo ha hecho. Dios confronta. Dios guía. Dios orienta. Sea con una mula, con piedras, con un ejemplo, con la vida misma, con un suspiro, con una historia, o con su propia voz. El punto no es si él habla, sino si nosotros sabemos o queremos escucharlo.

El hermano del hijo pródigo habló con el padre de ambos quejándose de que él siempre había estado allí y nunca le habían dado ni siquiera un cabrito para celebrar con sus amigos. El padre le dijo, entonces: «lo tienes todo», solo que no te has dado cuenta. Felipe le pidió a Jesús, «muéstranos al Padre y nos basta». Jesús le respondió: «Tanto tiempo he estado con ustedes y ¿y no me conocen?»

Amigo líder, Dios está más cerca de lo que crees, y su respuesta está en tu oído. Solo necesitas decir ¡Habla que quiero servir, habla que solo quiero oír tu voz, habla que quiero dejar de dormir, habla que quiero tu revelación, habla aunque cueste hacer lo que dices!, Solo ¡habla que tu siervo escucha!


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por Christopher Shaw

La actitud que tiene Dios para con nosotros debería trascender hacia los demás. Entre otras la Palabra resalta actitudes como: misericordia, benignidad, humildad, paciencia, soportándonos y perdonándonos unos a otros teniendo en cuenta lo mucho que Cristo nos ha perdonado. Si tenemos este sentir, influiremos, para el Señor, en las actitudes de los demás.



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Ganando al perder
por Charlie Sheed
 
Me pregunto quién acuñó la frase: "No puedo ganar al perder". Quienquiera que fuera, había algo que no sabía. Algunas veces, en el matrimonio, se consigue lo que se quiere mañana, cediendo algo de terreno hoy.
 
Querido Felipe:

Hemos pasado una buena cantidad de tiempo tratando cosas que se pueden hablar cotidianamente. Pero es probable que también hablemos de algunas otras que requerirán de un enfoque diferente.

Déjame contarte acerca de un esposo muy sabio que conocí y de cómo él usó una retirada estratégica para lograr su meta de largo alcance.

Parece que la tía de su esposa les había dado un jarrón victoriano que había estado en la familia desde la época de "Enrique tal o cual". Él decía que la única manera en que podía describirlo era que se veía como un accidente de esquí. Ella decía que le parecía una reliquia rara Él mismo reconoció que estaba siendo un esposo torpe y que no llegaría a ninguna parte con esas tácticas.
y elegante. Para él los colores eran chillones; para ella, sencillamente preciosos. (Como lo dije antes, era de la familia de ella). Él mismo reconoció que estaba siendo un esposo torpe y que no llegaría a ninguna parte con esas tácticas.Pero,
además de todo eso, el jarrón era enorme, y ése era el problema. Ella insistía en conservarlo como el objeto central de su sala. Esto significaba que estaría en una de esas mesas grandes y bajas. Estaba ubicado en el centro de la habitación porque simplemente no se veía bien en ningún otro lugar.

Por largo tiempo, esa monstruosidad pareció dominarlo todo en su hogar. También dominaba la conversación de la pareja. De hecho, él me dijo que aun sus veladas giraban alrededor de la pregunta: "¿Qué otra cosa haremos esta noche además de discutir por el ‘accidente de esquí’?"

Ahora bien, este hombre meditó un poco en el asunto, y finalmente lo entendió. Él mismo reconoció que estaba siendo un esposo torpe y que no llegaría a ninguna parte con esas tácticas. Así que determinó retroceder y tratar de nuevo.

Además, era alguien que estaba en capacidad de poder hacerlo. Manejaba un gran negocio, con muchos empleados, y a diario tomaba decisiones que requerían de una auténtica sabiduría. Él se enorgullecía de su capacidad para liderar personas, alentar vendedores, evaluar mercados, y ver los múltiples aspectos de cada situación.

Después de aplicar su capacidad mental en el "accidente de esquí", se decidió por un plan. Una noche regresó a su casa y sugirió que en ese mismo instante volvieran a arreglar la sala.

"¡Oh no, no lo harás!", dijo ella. "¡Sé lo que te estás proponiendo! ¡Ese vaso no se moverá! Es una pieza valiosa de colección, una reliquia delicada, etc., etc.".

Pero muy para su sorpresa, él le dijo: "Liliana, lamento haber sido tan terco. Renuncio. Dejemos el jarrón donde está y arreglemos la sala en torno a él".

Una vez que ella se hubo levantado del suelo y recuperado sus fuerzas, ambos empezaron a llevar a cabo justo lo que él había planeado. Después de todo, cuando un hombre capitula hasta tal punto, es casi imposible que una mujer diga "no" a una simple solicitud como la de mover los muebles. Además, ella siempre disfrutó de esas ocasiones. Lo hacían con bastante regularidad. Era uno de los juegos favoritos de ambos.

Y aquí debo contarte un poquito más acerca de esta pareja. Ellos amaban su hogar como pocos que yo haya conocido. Era hermoso. También se amaban mucho el uno al otro, y eso también era hermoso. Su pasatiempo favorito era sentarse juntos después de la cena para leer o conversar, algunas veces tomados de la mano, otras diciendo nada, otras tratando cosas importantes o no acerca de cómo habían pasado el día, y comentando de lo uno y de lo otro.

Y ahora viene la parte inteligente. Ya que él era un as en administración, dispuso las varias piezas de la habitación de tal manera que la silla de "él" estuviera directamente en frente del lugar preferido de "ella" en el sofá. Y entre ambos estaba situado "el accidente de esquí" ("la reliquia elegante").

Él me dijo que tenía la sensación de que ganaría desde esa primera noche. En medio de su lectura, como ella solía hacer, comentó: "Harry, ¿has leído esto acerca de..." Y entonces, estiró el cuello para ver si él la estaba escuchando. Él también estiró el suyo, haciéndoselo notar.

Esta situación continuó por algún tiempo. Naturalmente, él empleó otras tácticas "eliminatorias del jarrón", como las llamaba. Algunas veces le decía: "¿Sabes, querida? No hay nada que me guste más que sentarme aquí en la noche y mirarte".

"Tú también me gustas", decía ella, mirando por un lado del jarrón.

Después, naturalmente, había ocasiones en que uno de ellos se movía de su sitio para hacer lo que ya te dije -tomarse de las manos y cosas por el estilo. En varios de estos viajes por el lado de la mesa, uno o el otro, algunas veces arrastrando un periódico, casi vuelca el tesoro. (Él jura que nunca lo hizo a propósito, y supongo que fue así, ya que se trataba de un hombre honorable).
Conociéndolos a ambos, estoy seguro de que siguen sentados allí en las noches leyendo, hablando, e intercambiando miradas sin nada que se los impida.
¿Y por qué no movió él su silla? Yo también me hice esta pregunta y se lo hice saber. Él dijo que era por el cordón de la lámpara y porque a ambos les gustaba estar donde estaban.

Ya habrás adivinado el resultado. Un día, varias semanas después, él llegó a casa, y ¿dónde crees que estaba el jarrón? En un rincón del comedor, en el suelo. Él me confesó que casi comete un terrible error. Comenzó a decir: "Oh, veo que has...." Y entonces se calló a tiempo. "Oh, ya veo", dijo. "¡Te has recogido el cabello! Así es como lo llevabas la primera vez que te vi. Me gusta así".

Le pregunté si alguna vez volvieron a discutir por el jarrón. "¡Ni hablar!", casi gritó. "Ya no hay por qué hacerlo". (Apenas me parece posible que un hombre pueda ser tan noble ¿Cómo podía abstenerse de sacar a relucir su triunfo por lo menos alguna vez, para regodearse un poquito? Pero algunos hombres tienen más de lo que yo tengo para ser así de nobles). De cualquier modo, no pude pensar en ninguna otra razón por la que ellos tuvieran que volver a discutir el asunto, excepto para divertirse un poquito.

Algunas veces me he preguntado dónde estará el jarrón acumulando polvo hoy. ¿Estará en el ático, en el sótano, o en el armario de la sala? Conociéndolo a él, estoy seguro de que ha sido ella la que finalmente ha guardado el jarrón, no importa donde. Y conociéndolos a ambos, estoy seguro de que siguen sentados allí en las noches leyendo, hablando, e intercambiando miradas sin nada que se los impida. Y conociéndola a ella, estoy seguro de que algunas veces sonríe y agradece al Señor por un buen hombre que pudo manejarlo todo tan bien, pero especialmente, porque pudo manejarla a ella con el toque hábil de un esposo sabio. Me pregunto quién acuñó la frase: "No puedo ganar al perder". Quienquiera que fuera, había algo que no sabía. Algunas veces, en el matrimonio, se consigue lo que se quiere mañana, cediendo algo de terreno hoy.

Sigue pensando,

Papá.
Tomado de Charlie W. Shedd, Cartas a Felipe : sobre cómo tratar a una mujer. Usado con permiso.


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