viernes, 27 de febrero de 2009

DIOS MOLDEA NUESTRO CARÁCTER


DIOS MOLDEA NUESTRO CARÁCTER

Pastor César Castellanos

Es importante permitirle al Señor que forme nuestro carácter y, a su vez, enseñarles a nuestros discípulos esta lección, ya que los problemas de carácter acaban con cualquier liderazgo en potencia, tendiendo a sacarnos del proceso de Dios.
En las Escrituras encontramos ejemplos de hombres y mujeres que tuvieron un trato por parte de Dios para cumplir Su propósito en ellos. Moisés, uno de los grandes líderes del Antiguo Testamento, tuvo que pasar años de su vida en el desierto antes de que Dios pudiera confiarle Su obra. Al igual que Moisés, a nosotros también nos tocará (si no nos ha tocado ya) atravesar desiertos y procesos espirituales a fin de que el Señor pueda moldear nuestro carácter. Por eso debemos estar preparados primero nosotros para salir victoriosos a este respecto y para ayudar a nuestra gente a conquistar lo mismo luego.

Etapas del crecimiento espiritual.

1. Adolescencia espiritual. Trabajamos en las emociones. En esta etapa, Moisés es consciente de su posición e identidad, pero, en su afán de querer ayudar a un hombre de los de su pueblo, actúa en su sabiduría humana y termina quitándole la vida a un egipcio, viéndose luego obligado a huir y refugiarse en el desierto.
2. Período de formación ministerial. Dios permite que Moisés pase por toda clase de necesidades en el desierto, sólo con el objeto de descontaminarlo de las enseñanzas que había recibido en el palacio real de Egipto. Al mismo tiempo que fue probado, también fue limpiado; Dios aprovechó cada día para formar su carácter. Es posible que tengamos que pasar por tiempos de desierto para que el Señor moldee Su carácter en nosotros.
3. Período de madurez ministerial (Números 12:13). La mansedumbre de Moisés fue el resultado del trabajo de Dios en su carácter; fue lo que le dio fuerzas para soportar las querellas de todo un pueblo que, por no querer renovar su mente, jamás comprendió lo que Dios quería hacer con sus vidas. Pero, por encima de todo, Moisés se dejó usar por Dios con señales, maravillas y prodigios. Cuando hayamos atravesado el desierto, encontraremos que somos personas diferentes. Entonces vendrán los milagros a través de nuestra vida.

La formación del carácter, un trabajo intenso

Para el verdadero liderazgo, se requiere de un trabajo intenso y profundo en nuestro interior; también se necesita de esfuerzo y paciencia para ver el fruto. A
David le tomó mucho tiempo trabajar en el carácter de ciertos hombres que se hallaban endeudados, afligidos y con amargura de espíritu. Pero con paciencia y sabiduría, poco a poco los fue formando hasta llegar a tener un ejército de valientes (1Samuel 22:1-2).
Si su llamado es a ser pastor, debe tener en cuenta que los valientes que necesita se encuentran cerca de usted, posiblemente no los ha visto porque tienen el disfraz de las necesidades, de la aflicción y de la amargura de espíritu, pero debe seguir adelante y con el transcurso del tiempo verá los frutos.

El dominio propio como base para la definición del carácter

La debilidad o fortaleza del carácter dependen del dominio propio, es decir, de la capacidad para no permitir que los deseos dominen nuestro actuar en la vida. Esta actitud define nuestra personalidad. En otras palabras, el dominio propio como base para el carácter es la habilidad de controlar las emociones y guiarlas en un sentido positivo, en el proceso de las relaciones con los demás.
Debemos proponernos como meta, forjar líderes con carácter, capacitados para enfrentar los desafíos que día a día irán surgiendo. No es sencillo, pero es posible estructurar la personalidad a partir de principios bíblicos y modelos a seguir, logrando en cada persona un grado de responsabilidad que le permita ser usado como instrumento de Dios.
Dios aprovecha cada situación para moldear nuestro comportamiento pero, una vez que lo logra, nos convierte en líderes idóneos para afrontar cualquier adversidad. Las circunstancias contrarias de la vida son parte de un proceso en la fábrica divina que le da forma a nuestro carácter.
El Señor quiere que Su carácter sea implementado en nuestra vida. No es sencillo llegar a una madurez plena en Cristo; esto implica dedicación, esfuerzo, consagración y negación a nosotros mismos. Pero recordemos que contamos con la ayuda del Espíritu Santo; sin Él, sería imposible alcanzarlo. Su presencia en nosotros debe reflejar Su fruto (Gálatas 5:22-23). Este fruto se mostrará en un carácter controlado y equilibrado.

Así como Dios ha tratado con el carácter de los hombres con un llamado específico en Su Palabra, así será también con cada uno de nosotros.

En las horas de dificultades o desierto, es necesario recordar todo lo que hace parte del trato de Dios con nuestro carácter, y es en esos momentos que podemos contar con la ayuda del Espíritu Santo para fortalecernos.