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miércoles, 2 de septiembre de 2009

Quiero y no quiero

Quiero anunciar el mensaje cristiano considerando siempre su contexto histórico, no menospreciando la secuencia del relato leído, y sólo haciendo aplicaciones responsables...

Quiero anunciar el El mensaje de la cruz mensaje cristiano considerando siempre su contexto histórico, no menospreciando la secuencia del relato leído, y sólo haciendo aplicaciones responsables.

No quiero oír, aprobar, o estar de acuerdo con predicaciones temáticas en donde el texto bíblico es apenas utilizado como pretexto para hacer afirmaciones irresponsables de bendiciones, portentos y milagros.

Quiero estar siempre abierto al El avivamiento actual . Él puede visitar mi vida, familia, iglesia y nación como lo desee. Reconozco que las intervenciones de Dios suceden de acuerdo a su discreción. Él puede tanto entrometerse en el transcurso de la historia, como lo hizo en algunas circunstancias, como puede mantenerse escondido y en silencio, como prefirió en otras.

No quiero manipulaciones de lo sagrado para demostrar la presencia de Dios. No quiero intentar «ajustar» los actos divinos a las expectativas de auditorios ávidos por señales venidas del cielo. Si Dios prefiere que mi fe se base apenas en el testimonio de hombres y mujeres del pasado, me quedo satisfecho, sin exigir ninguna manifestación sobrenatural.

Quiero ver a la iglesia actuando mejor en la política. Entiendo que es el deber de toda religión la defensa de la justicia. Quiero que se abogue por los pobres (representados por huérfanos y viudas), se asuman posturas sobre los sutiles engranajes de la muerte, y se sepa discernir el peligro del «mundo». Quiero ver a la iglesia haciendo Política (así mismo, con «P» mayúscula).

Si Dios prefiere que mi fe se base apenas en el testimonio de hombres y mujeres del pasado, me quedo satisfecho, sin exigir ninguna manifestación sobrenatural.

No quiero participar de campañas de candidatos «oficiales» de ninguna institución. No tolero que algunos pastores todavía piensen que las iglesias necesitan de ¿Político y Cristiano?"representantes electos. No quiero tener «muchachos de los mandados» en las cámaras y las asambleas. No quiero hacer política (con «p» minúscula). No quiero disputar por el poder.

Quiero andar el largo camino del discipulado, ayudando a hombres y mujeres a forjar sus vidas siguiendo los pasos de Jesús. Quiero fundar mi predicación en los principios bíblicos que integran a las personas. Deseo profundizar mi percepción acerca de la manera en que el Evangelio orienta la vida en la tierra. Quiero ver a los cristianos experimentando una bella calidad de vida aquí, antes de partir hacia el cielo.

No quiero buscar atajos para la madurez. No quiero formulas fáciles para nada. No quiero paquetes venidos del exterior que, bajo la pretendida fama de ser «principios transferibles», lograrán mágicamente resolver los problemas conyugales, las enfermedades y las disfunciones familiares. No quiero una espiritualidad disgregadora, que no tiene pie sobre la tierra. No quiero respuestas piadosas a las angustias humanas y no quiero que las personas esperen por el paraíso para comenzar a vivir.

Quiero caminar con gente que reconozca sus defectos, sepa conversar sin espiritualizar y demonizar los asuntos abordados y me permitan reír y llorar. Quiero ser amigo de los que lloran el dolor del mundo porque notan en él su propio mundo de dolor.

No quiero andar con religiosos que gusten de frases hechas. No quiero vivir con quien se esconde del sufrimiento humano con muletillas teológicas. No quiero más estar en ambientes y reuniones que no desborden para la vida.

Quiero ser amigo de Dios y de hombres y mujeres que aman la paz. Quiero "La Simplicidad" ser más simple de lo que soy, quiero ser más sensible de lo que puedo lograr, quiero ser menos codicioso de lo que siempre fui. Quiero vencer la vanidad que alimenté en falsos espejos.

No quiero perder mi alma en nombre de la religión. No quiero dejar ir por la alcantarilla los pocos años que aún me quedan. No quiero un día lamentar haber perdido la vida queriendo encontrarla.

Soli Deo Gloria.

Traducido por Gabriel Ñanco. Se tomó de http://gondimenespanol.blogspot.com, 19 de julio de 2007. Se usa con permiso del autor y del traductor. Ricardo Gondim es pastor de la iglesia Betesda en San Pablo, Brasil. Es autor de varios libros —aún no están disponibles en español— y un reconocido conferenciante. Está casado con Silvia, a ambos Dios ha bendecido con tres hijos y tres nietos. DesarrolloCristiano.com, derechos reservados.

Como piedras vivas

Nuestro modelo de piedra viva es Jesucristo, la piedra angular sobre la cual todo el edificio es edificado. El está vivo con la vida de Dios y es nuestra fuente de vida «porque en Él habita toda la plenitud de la divinidad» (Col 2.9)

La sola idea de piedra viva es una contradicción porque sencillamente no hay nada más muerto que una piedra. No se mueve, no respira, está fría. Pero esto no debe sorprendernos. El evangelio está lleno de nociones que contradicen a los conceptos del mundo, pues Jesús mismo fue puesto por «señal que será contradicha» (Lc 2.34). Por ello, la vida del cristiano está llena de lo que para el mundo son contradicciones, según dice Pablo: «como engañadores, pero veraces; como desconocidos, pero bien conocidos; como moribundos, mas he aquí vivimos; como castigados, mas no muertos; como entristecidos, mas siempre gozosos; como pobres, mas enriqueciendo a muchos; como no teniendo nada, mas poseyéndolo todo» (2 Co 6.8-10).

Nuestro modelo de piedra viva es Jesucristo, la piedra angular sobre la cual todo el edificio es edificado, (Is 28.16; 1 Pe 2.6). Está vivo con la vida de Dios y es nuestra fuente de vida «porque en Él habita toda la plenitud de la divinidad» (Col 2.9).

La piedra no escoge su lugar sino es colocada por el arquitecto de acuerdo a la ubicación prevista en sus planes. Estamos vivos gracias a la vida que recibimos de Él cuando nacimos de lo alto. Como la vid transmite su vida a todos los renuevos que brotan en ella, así también nosotros tenemos vida si permanecemos en Él como sarmientos en la cepa (Jn 15.4-5).

Nadie es piedra viva para sí mismo, sino para ser utilizado en la edificación de la casa espiritual que Dios está construyendo para morada suya entre los hombres (Ef 2.22). El modelo de su construcción es el que vio Moisés en el espíritu y que sirvió también para el tabernáculo del desierto (Ex 26.30) y para el templo que edificó Salomón (Hb 8.5), hecho éste de piedras muertas.

Las piedras con que se construye el nuevo templo espiritual han sido sacadas de la cantera situada en el desierto que es el mundo, morada de búhos y chacales (Is 34.14-15). Cristo nos rescató del reino de las tinieblas y nos trajo al reino de su luz admirable (1 Pe 2.9), al valle florido donde se construye su templo.

Pero, antes de ser utilizados en su edificación, tenemos que ser tallados por Él. Primero a golpes potentes de mazo, luego, a medida que vamos tomando la forma que Él requiere, con cinceles cada vez más finos y golpes cada vez más precisos, hasta que por fin estamos listos para ser colocados en el sitio que Él ha previsto. La piedra no escoge su lugar sino es colocada por el arquitecto de acuerdo a la ubicación prevista en sus planes. Si la piedra se pusiera a discutir y se negara a ser colocada en su sitio, correría el peligro de ser descartada.

Una vez puesta en el lugar destinado, la piedra colabora en el equilibrio de las fuerzas dinámicas que rigen la construcción. La piedra soporta la presión de los bloques que están encima y, a su vez, es soportada por los que están debajo y a sus lados. Así, nosotros colaboramos con el sostenimiento del edificio «soportándonos unos a otros y perdonándonos unos a otros» (Col 3.13), y tratando de no ser un peso excesivo para las piedras que, a su vez, también nos soportan. La piedra debe encajar perfectamente en su sitio. Si no encaja bien hace peligrar la estructura del edificio y tendría que ser desechada. Así también, nosotros, lo seremos igualmente si somos tercos y nos rebelamos contra las presiones que nos toca sobrellevar.

La piedra, una vez puesta en la pared, sufre sin quejarse ni protestar los embates del mal tiempo, del viento, la lluvia y la nieve. Está allí precisamente para eso, para guarecer el interior del templo. ¿Qué sería del edificio si las piedras del muro, asustadas por los embates de la tempestad, quisieran retirarse a un sitio más protegido? No obstante, los bloques de piedra pueden resistir porque han sido «fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de su gloria, para toda paciencia y longanimidad» (Col 1.11). Así como el alfarero nunca fabrica dos cántaros iguales, Dios nunca crea dos piedras iguales. La piedra que está en contacto con el mundo es machucada, golpeada, rayada por los transeúntes, pero, llena del amor de Dios «todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta» (1 Co 13.7). En todo edificio bien construido hay piedras de diversas formas. Así como el alfarero nunca fabrica dos cántaros iguales, Dios nunca crea dos piedras iguales.

Las piedras cumplen, asimismo, diversas funciones de acuerdo a sus distintas formas. Si así no fuera, el edificio no sería «funcional», sino una construcción monótona, amorfa e inútil. «Si todo el cuerpo fuese ojo ¿dónde estaría el oído? Si todo fuese oído ¿dónde estaría el olfato?» pregunta Pablo en primera a Corintios (12.17).

Hay piedras que son cimientos: los apóstoles y profetas (Ef 2.20). Hay piedras que son columnas: sostienen las estructuras (Gá 2.9). En la base de las columnas hay piedras cuadradas, sólidas; hay piedras cilíndricas y bien pulidas en la espiga; otras son capiteles, de variadas formas, artísticamente labradas. Ellas alegran y dan vida al conjunto. Hay piedras curvas que forman parte de los arcos, unen una columna con otra, o muro con columna. La esbeltez de los arcos parece desafiar las leyes de la mecánica. El trazo de las uniones requiere osadía y firmeza, pero sin ellas el edificio no podría adquirir altura ni amplitud (Hab 3.19).

En los arcos y en las bóvedas hay piedras claves, colocadas en el medio, sin las cuales unos y otros se derrumbarían. Han sido cinceladas con gran precisión y colocadas con todo cuidado para que encajen perfectamente en el centro, sin inclinarse ni a un lado ni al otro. Son como balanzas fieles. Así hay cristianos que son llamados a juzgar entre hermano y hermano y deben hacerlo sin distinción de personas (St 2.9).

En el edificio hay piedras macizas, otras talladas en filigrana. Hay piedras visibles, admiradas por todos; hay piedras ocultas, cuya existencia nadie conoce, pero son las más necesarias. Son los intercesores que se colocan en la brecha por otros (Ez 22.30).

Hay piedras donde resuena la alabanza: son los músicos y cantores (Sal 95.1-3; Sal 150). Hay piedras en los vitrales, por donde entra la luz que ilumina a otros: son los maestros (2 Ti 2.2). Hay piedras en las puertas, por donde entran los convidados a la boda: son los evangelistas (2 Ti 4.5).

Hay piedras en las bóvedas que coronan el edificio, exaltadas (Jb 36.7). Hay piedras humildes, colocadas en el piso, por donde la congregación camina y que todos pisan. En el último día serán las más apreciadas (Lc 13.30).

Pero todas juntas forman el templo que Dios construye para morada suya. Como sus piedras son vivas y no muertas tienen una propiedad maravillosa: no sólo han sido edificadas como casa espiritual, sino también como «sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios» (1 Pe 2.5). Jesucristo es la piedra angular «en quien todo el edificio bien coordinado va creciendo»«fruto de labios que confiesan su nombre» (Hb 13.15). Además, en el sitio que Dios les tiene asignado, ofrecen sacrificios de ayuda mutua, de los que Dios se agrada (Hb 13.16).Jesucristo es la piedra angular «en quien todo el edificio bien coordinado va creciendo» (Ef 2.21). Si el edificio no crece en Cristo, tiene que ser desechado. Si se pone otro fundamento, es un templo falso. Hay tantos de estos templos falsos en el mundo que atraen a la gente, que han sido construidos sobre fundamentos engañosos. Sus piedras se creen vivas pero están muertas.

Nosotros queremos sacarlas de su engaño, limpiarlas de sus ídolos y traerlas a nuestro templo. Tenemos el mandato de Cristo para hacerlo y podemos lograrlo porque nuestro templo es un templo vivo, del que brotan aguas «debajo del umbral de la casa» (Ez 47.1), de la roca misma, que es Cristo (1 Co 10.4). Además, esta agua fluye hacia los campos resecos del mundo, primero como un riachuelo que poco a poco se va anchando, pero que luego aumenta hasta convertirse en un río de agua viva, en cuyas riberas «crece toda clase de árboles frutales, cuyas hojas nunca caen, ni falta su fruto» (Ez 47.12). Y toda alma que nade en esas aguas y beba de ellas vivirá eternamente.

José Belaunde nació en los Estados Unidos pero creció y se educó en el Perú donde ha vivido prácticamente toda su vida. Participa activamente en programas evangelísticos radiales, es maestro de cursos bíblicos es su iglesia en Perú y escribe en un semanario local abordando temas societarios desde un punto de vista cristiano. Desde 1999 publica el boletín semanal "La Vida y la Palabra", el cual es distribuido a miles de personas de forma gratuita en las iglesias de su país. Si desea recibir estos artículos por correo electrónico solicítelos a: jbelaun@lavidaylapalabra.com o a jbelaun@terra.com.pe. Página web: www.lavidaylapalabra.com.

¿Cómo ayudamos a las jóvenes?

Una de las maravillosas herencias que nuestro Padre celestial nos ha dado es la identidad, la posibilidad de ser nosotras mismas. Esto lo descubrimos cuando nos acercamos a Dios y tenemos un encuentro con él, no de acuerdo a nuestras propias concepciones, que aunque bien intencionadas probablemente están equivocadas...

Hace poco leí una entrevista a una afamada actriz que con mucha honestidad confesaba la realidad que la abrumaba día a día. La llamaba falta de confianza en sí misma y decía lo siguiente: «Siempre salgo de casa dudando de cada uno de mis actos... es un hábito muy enfermizo» y también añadía: «Admiro a las personas que dicen: «sé quién soy y de lo que soy capaz».

Tal vez la confesión de esta actriz no esté muy alejada de la realidad que viven miles de jovencitas, mujeres adultas, e incluso líderes. Estamos inmersas en un mundo de cambios extremadamente acelerados. Si alguien sale fuera de su país natal y pasa más de dos años en el exterior, debe estar preparada para el impacto emocional que puede causar el ver que lo que antes estaba en ese lugar, una antigua casa, por ejemplo, ya no está, y en su reemplazo ahora hay una inmensa carretera. Hoy se puede demoler un edificio en tan sólo horas y en pocos meses levantar otro, cuya estructura y tamaño dista mucho del anterior. En cuestión de segundos uno puede comunicarse con cualquier parte del mundo y cada evento o noticia se puede conocer en forma instantánea y hasta simultánea. Existe a nuestro alrededor un mundo que ofrece muchísimo, pero también demanda otro tanto con intereses.

Para muchas personas estos cambios y avances vertiginosos son fascinantes, pero para otras son una amenaza y pueden causarles una gran inseguridad. Hace algunos días alguien me preguntó: «¿Cómo ayudamos a las adolescentes?» Si lográramos que cada adolescente y cada mujer pudieran decir: «Sé quién soy», creo que estaríamos acercándonos a una respuesta. Una jovencita amiga me envió ayer unas fotos de muchachas, aparentemente modelos, que simbolizan precisamente nuestro contradictorio mundo moderno: jóvenes de sociedades desarrolladas que han elegido una apariencia de desnutrición extrema donde el alimento abunda, tal vez como una protesta pasiva ante las exigencias que el mundo de la moda ocasiona a sus protagonistas. Es increíble observar mujeres bien vestidas con cuerpos como los de niños o personas en países de extrema pobreza, sus huesos asomándose entre las telas que las cubren. El problema es que esta imposición ya ha entrado en muchos hogares, en los que los hijos, en especial las hijas adolescentes, deciden dejar de comer para lucir a la moda. Si lográramos que cada adolescente y cada mujer pudieran decir: «Sé quién soy», creo que estaríamos acercándonos a una respuesta.

Una de las maravillosas herencias que nuestro Padre celestial nos ha dado es la identidad, la posibilidad de ser nosotras mismas. Esto lo descubrimos cuando nos acercamos a Dios y tenemos un encuentro con él, no de acuerdo a nuestras propias concepciones, que aunque bien intencionadas probablemente están equivocadas, sino de acuerdo a la forma en que él mismo se reveló a los seres humanos, creados a su imagen y semejanza. Dios nos muestra quién es a través de su Hijo Jesucristo y de su mensaje escrito en la Biblia.

Me inspira profundamente la genialidad de nuestro Dios. En el relato cuando se le aparece a Moisés desde un arbusto que no dejaba de arder, Dios le pide que vaya a hablar al pueblo de Israel y lo lidere en su liberación. Moisés estaba preocupado por hacer saber al pueblo quién le había enviado y necesitaba una evidencia. Era esencial comenzar, entonces, preguntando el nombre. Evidentemente Moisés no conocía a Dios, no en forma personal.

También muchas de nosotras al hablar con otros casi automáticamente, agregando un poco de cordialidad, decimos: «¿Con quién tuve el gusto?» Nuestra intención es simplemente grabar el nombre de nuestro contacto como garantía de que efectivamente lo contactamos. Pero a Moisés se le olvidó ser un buen político y decirle a Dios: «Perdón, ¿con quién tuve el gusto?» Sin embargo, Dios no se inmutó por la pregunta ingenua y le respondió: «Yo soy el que soy… Y esto es lo que tienes que decirles a los israelitas: "Yo soy me ha enviado a ustedes."» (Ex 3.14) Seguramente Moisés pensó: «Bueno, esta respuesta no me ayuda mucho». «Entonces Moisés volvió a preguntar: ¿Y qué hago si no me creen ni me hacen caso?» (Ex 4.1a) Pero al final del capítulo leemos lo siguiente: «…el pueblo creyó. Y al oír que el Señor había estado pendiente de ellos y había visto su aflicción, los israelitas se inclinaron y adoraron al Señor» (Ex 4.31)

Mi vida cambió radicalmente cuando una amiga me habló de un Dios real que deseaba ser mi amigo, mi padre, y estar cerca de mí siempre.

Nuestro Padre celestial está profundamente interesado en que los seres humanos vivan en relación con él, su creador. No hay otro que pueda inspirarnos mayor seguridad. Al inicio de mi adolescencia yo no era una persona segura. Creo que las palabras de la actriz, con las que comencé el artículo, eran un reflejo de mi vida en esa época. Si mis amigas decían: «esto es bueno», yo lo hacía; si decían: «hay que vestirse así», yo era la primera. No me sentía bien conmigo misma pues realmente yo no existía, era apenas un reflejo de lo que ellas decían. Lo peor es que a ellas les pasaba exactamente lo mismo.

Eran los años convulsionados de la época hippie en mi país natal, Puerto Rico. Sin embargo, mi vida cambió radicalmente cuando una amiga me habló de un Dios real que deseaba ser mi amigo, y estar cerca de mí. Una de las primeras consecuencias de conocerlo fue que empecé a encontrarme a mí misma. De pronto, podía tomar decisiones y descubrir quién era yo y de qué era capaz.

Amiga, usted podrá no sólo ayudarse a sí misma sino también a muchas otras adolescentes si tiene un encuentro con Dios. Él quiere que sus hijas sean personas seguras y les ha dado innumerable cantidad de dones, no para que tengan temor y los escondan, sino para que los muestren al mundo y alumbren a ¡toda la humanidad! Recuerde que el mundo no tiene ningún derecho de gobernar su vida; Dios le ha dado la capacidad de tomar sus propias decisiones, cimentada en Él.

Ciertamente la adolescencia es una preciosa etapa en la vida, con un impacto muy grande en nuestros hijos e hijas. Esa independencia ilusoria, que abruptamente se convierte en el mayor de los tesoros, le ha costado a muchos sus sueños o ha truncado en forma permanente sus vidas a causa de malas decisiones. Si lográramos que nuestras adolescentes se amaran y respetaran a sí mismas, se plantaran ante el mundo entero y dijeran: «Aquí estoy, sé quién soy y adónde voy. Soy amada por Dios» ... les daríamos el mayor de los legados que Dios nos da: una identidad, un propósito real y permanente. Asimismo, prevendríamos muchas situaciones de riesgo a las que la inseguridad las lanza día a día.

Aquí y ahora las invito a ser diferentes, a descubrirse a sí mismas en Dios, a marcar una diferencia y dejar huella en este mundo. ¡Atrévanse!… porque el Dios eterno está siempre con ustedes y las ha hecho capaces.

miércoles, 3 de junio de 2009

La influencia de las acciones

MUJER LÍDER
La influencia de las acciones
por Lucila de Saucedo
Trabajar en algún ministerio es un gran privilegio dado por Dios; es también una posición de honra que está reservada sólo para los que son llamados a ocuparla, y por tanto, como es un regalo de la misericordia del Señor, aunque no deseemos que las personan nos miren o admiren, esto siempre se dará.
¿Alguna vez se ha detenido a pensar en el grado de influencia que ejercen sus acciones sobre aquellos que le rodean? Trabajar en algún ministerio es un gran privilegio dado por Dios; es también una posición de honra que está reservada sólo para los que son llamados a ocuparla, y por tanto, como es un regalo de la misericordia del Señor, aunque no deseemos que las personan nos miren o admiren, esto siempre se dará.

¿Cuál será nuestro grado de influencia en otros? Cuando somos llamados al liderazgo, son muchas las personas que dependen de nuestras acciones y por ese motivo, de allí se define si impactamos positiva o negativamente sus vidas. El libro de Eclesiastés 10:1 declara lo siguiente: «Las moscas muertas hacen heder y dar mal olor al perfume del perfumista; así una pequeña locura, al que es estimado como sabio y honorable» (VRV -1960).

No podemos ignorar que existe un sinnúmero de personas a nuestro alrededor buscando si tenemos huesos, porque es tal el grado de excelencia con la que vivimos la vida cristiana y con la que servimos al Señor que hay quienes dicen: «este (o esta) tiene que ser de carne y hueso, aunque demuestre lo contrario». Algunos están al acecho, pero no debe olvidarse que muchos serían gravemente afectados por un desliz nuestro, sólo porque consideran que somos personas dignas de admirar.

Cuando se comete una locura, no importa la conducta previa; es como si apareciera un enorme borrador que elimina lo bueno que se haya hecho, no importa el tiempo, y deja ver sólo el error cometido. Esto ocurre porque se pierde el buen nombre, el buen testimonio que nos fue entregado por el Señor, e incluso el nivel de confianza que muchos habían depositado en nosotros.

Empero, es preciso tener claro que ningún ser humano está exento de cometer errores, no importa si es siervo de Dios, si lleva un buen testimonio o si ha sido una excelente persona. Las locuras siempre andarán rondando para atraparnos y por eso que debemos cuidarnos de ellas; pensar en las consecuencias que traerían nuestras acciones, nos ayudará a evitar grandes faltas que muchas veces se convierten en un estilo de vida.

Como ministros, llamados y apartados para una labor especial, debemos tener presente que una vez escogidos por Dios, pasamos del anonimato a tener una vida pública, una identidad; son muchos los que nos conocen, aunque no siempre conocemos a los que nos miran.

¿Cuáles son entonces las moscas muertas de las que debemos cuidarnos? Aquellos errores que a nuestro parecer no tendrán mayor repercusión, pero que a la larga hacen mucho daño. Solamente mencionaremos algunos de ellos, a fin de que usted tome las precauciones necesarias:

La infidelidad: es una de las armas más poderosas en la destrucción de familias y ministerios. Debe recordarse que nadie es infiel de la noche a la mañana, sino que son las pequeñas zorras las que poco a poco van minando la relación matrimonial hasta hacerla caer. Cuando un esposo le dice a otra mujer cosas agradables que no le dice a su esposa, se enciende inmediatamente la luz intermitente anunciando ¡PELIGRO! Echar por la borda una relación matrimonial de muchos años y faltar al pacto de fidelidad sólo por un momento de placer, o cambiar a los hijos para criar aquellos que ni siquiera se engendraron, no es más que una locura.

Malos manejos: hay quienes pretenden desarrollar su ministerio ofreciendo solo buenas predicaciones, pero la labor implica más ofrecer solamente mensajes bíblicos. Se trata de administrar, organizar y evaluar, cada cierto tiempo, el buen funcionamiento de todo el sistema empleado. Siempre es saludable trabajar con un equipo responsable de rendirnos cuentas en cuanto a lo financiero, pues ser juez y parte en los manejos económicos nunca será beneficioso, por eso se requieren personas a quienes tengamos que rendirles también nos den cuentas. No es saludable tomar decisiones sin buscar asesoría, sin consultar y sin meditar. Analizar antes de actuar redundará en grandes bendiciones para la obra del Señor.

Abuso de autoridad: las personas que tenemos a nuestro cargo son colaboradores en la gran viña de nuestro Dios, no son empleados de nuestra hacienda o finca. Cuando entendemos que Cristo pagó el precio por cada una de esas personas, tendremos presente siempre que nuestro deber es guiar a las personas por la senda correcta y no enseñorearnos de ellas como si hubiésemos pagado el precio por sus almas.

Rebeldía: reconocer que somos personas con autoridad nos debe llevar a tener claro que también estamos bajo autoridad, y por ello, «todo lo que el hombre siembre eso también segará» (Gálatas 6.7). Esto indica que si deseo ser respetado por aquellos bajo mi liderazgo, debo empezar por sembrar obediencia y respetar a quienes están sobre mí como guía y apoyo. Es menester tener cuidado con desconocer la autoridad, pues eso mismo se cosechará.

Resentimiento: muchos ministros se encuentran resentidos con su organización o denominación pues no comparten la forma en que se dirige la obra o por alguna actitud de los líderes que los presiden. Son muchos también los que optan por cambiar de organización o independizarse, porque recibieron, según ellos, una buena propuesta de otro grupo. Como esposa de pastor he visto a muchos ministros resentidos tomar decisiones sin pensar, basados en promesas de otros que les presentaron cuán fácil era afiliarse a su denominación, pero tristemente sus iglesias han ido menguando hasta quedar en su mínima expresión. Al regresar, han tenido que empezar de cero. Entonces, procure sanar su corazón en el lugar donde fue herido; una vez sano, tendrá una visión más clara para tomar la decisión que Dios ponga en su corazón.

Deudas no pagadas: Si hay algo que daña la imagen de un siervo o sierva de Dios es su mal crédito. Si nadie quiere prestarle dinero a un ministro, hay que revisar la causa de esta decisión. Cuántos realizan viajes o ejecutan diversos proyectos y luego se olvidan de que todo lo hicieron gracias a un préstamo (¡creen que fue un regalo!). No se acuerdan de que firmaron un documento o llegaron a un acuerdo de pago. Cuando la Biblia dice “no debáis a nadie nada” (Romanos 13.8) significa precisamente eso: nada. Las deudas no pagadas después de cierto tiempo son una gran complicación.

Cansancio extremo: el camino a la excelencia nos lleva muchas veces a pensar que una labor resultará bien solo si la efectuamos nosotros mismos. Ese perfeccionismo además, hace creer que somos infalibles y por ello no delegamos funciones. Cuando se actúa así, no se deja a otros trabajar con libertad y como resultado, entra en escena el cansancio extremo.

Por otro lado, ninguna persona cansada rinde como se espera, más bien empieza a tomar decisiones que no son más que producto del agotamiento. Por tanto, tómese un tiempo para descansar, salga de paseo con su familia, procure relajarse y renueve sus fuerzas.

Descuido de la intimidad con Dios: el Señor fue enfático al decir: «Separados de mí nada podéis hacer» (Juan 15.5). Servir en la obra de Dios, lejos de las directrices que el dueño de la obra tiene para nosotros, es caótico, pues ¡cómo saber el método y las formas de llevar adelante esta labor si no estamos en constante comunicación con el omnisapiente! Es en la presencia de Dios donde encontramos las estrategias y la unción del Espíritu Santo para actuar de manera efectiva. Al estar conectados con el Señor influimos e impactamos positivamente en la vida de otros. ¡Que Dios nos ayude!


Acerca de la autora:

Lucila de Saucedo es panameña y está casada con el Rdo. Johnny Saucedo y es madre de tres hijos. Completó sus estudios teológicos en el Instituto Bíblico de las Asambleas de Dios, donde ahora es profesora. En la actualidad, dirige la Escuela El Buen Pastor Jireh. Además, junto con su esposo pastorea el Centro Misionero Jehová Jireh, y ambos son directores del Programa Nacional de la Familia de las Asambleas de Dios. Es también fundadora y directora del ministerio de mujeres denominado Nacidas para Vencer.

Tomado de Apuntes Mujer Líder, volumen IV, número 3. Todos los derechos reservados.


Problemas de equipo

LIDERAZGO
Problemas de equipo
por Apuntes Pastorales
Los problemas son un factor de toda relación entre personas. La presencia de estos no es nociva para la relación, pero muchas veces la falta de madurez para manejarlos termina dañando seriamente a las personas involucradas

Los conflictos son un factor normal de toda relación entre personas. De hecho, si no se presentan revela que alguna faceta de la relación no está funcionando correctamente, pues es imposible que dos personas crezcan y maduren juntas sin que experimenten algunas tensiones interpersonales. La presencia de estos conflictos no es nociva para la relación, pero muchas veces la falta de madurez para manejarlos termina dañando seriamente a las personas involucradas. Por esto es fundamental manejar con sabiduría las tensiones que van surgiendo en un equipo para que el grupo involucrado siga creciendo hacia su pleno potencial. Algunos asuntos por considerar en cuanto a esto son:

1. Conozca el potencial del conflicto

Según la forma en que se manejen, los conflictos pueden tener resultados muy positivos para los individuos que forman parte de un equipo, ya que siempre obligan a una evaluación personal. Cada una de las personas involucradas puede identificar actitudes y comportamientos que necesitan ser modificados.

El conflicto también estimula al cambio, pero no aquel que resulta de los intentos de castigar a la persona con la cual surge la diferencia, sino de una apreciación honesta de los elementos que han contribuido negativamente al problema. Las situaciones de conflicto también proveen de oportunidades para manifestar correctamente emociones que podrían ser dañinas. A la vez, fomentan la honestidad en las relaciones interpersonales al abrir camino para un diálogo más íntimo y franco con el resto de los integrantes del equipo. Muchas veces es solamente en situaciones de conflicto que surgen actitudes y convicciones que estaban escondidas hasta el momento.

2. Conozca las alternativas para resolver conflictos

Existen diferentes maneras de manejar el conflicto, cada una de ellas adecuada para determinadas situaciones. La clave para la resolución de dificultades interpersonales es poseer un alto grado de flexibilidad, porque las situaciones varían y demandan diferentes enfoques.

Hay cinco caminos que pueden tomarse para resolver las contrariedades:

  • Evitar
    Algunos temas son sumamente escabrosos y han generado polémicas a lo largo de siglos. Frente a esta realidad resulta sabio, muchas veces, ni siquiera mencionar ciertos, pues lo único que se logra con la discusión es enredar a los miembros del equipo en un verdadero laberinto de argumentos y posiciones del cual difícilmente se podrá salir.
  • Ceder
    En algunas situaciones no vale la pena insistir en una postura, porque los temas son de poca relevancia para el avance del ministerio. Si se está eligiendo el color de la pintura para el baño del edificio, por ejemplo, no tiene sentido una discusión encarnizada sobre el asunto. En algunas situaciones lo más sabio es darle el gusto a otros, para avanzar hacia temas de mayor peso.
  • Competir
    En esta postura, las personas involucradas creen que los temas en juego son de una importancia fundamental para sus vidas y proyectos y ninguno está dispuesto a dar espacio al otro. Es una postura radical que debe ser adoptada solamente en situaciones extremas. El pasar de los años y la experiencia revelarán que es apropiada para muy pocas situaciones.
  • Negociar
    Las personas en este punto buscan encontrarse a mitad de camino, es decir, que cada uno obtenga algunas concesiones pero también ceda en algunas demandas. Empero, aunque este es un proceso trabajoso, realmente resguarda la salud de los integrantes del equipo, pues en esta posición «todos ganan algo».
  • Confrontar con amor
    En ocasiones es apropiado estar de acuerdo en ¡no estar de acuerdo! Hay temas que son importantes pero no esenciales para el buen funcionamiento de un equipo, y los integrantes maduros no tendrán problemas de trabajar con un grupo de personas donde otros piensan diferente. Es precisamente en esta característica que se define la verdadera riqueza de un equipo de trabajo, pues las personas escogen amar y respetar a quienes no comparten sus opiniones.

3. Conozca las reglas para «pelear limpio»

Como se mencionó al principio de esta página, lo que más daña las relaciones no son los conflictos, sino la forma en que son manejados. Es importante, entonces, que en un equipo se establezcan reglas claras para la resolución de conflictos y se ayude a que no se trasladen al plano de lo personal. Algunas de las más importantes son:

Sea dueño de sus emociones

En situaciones de conflictos resulta común atribuir a los demás los estados de alteración que cada quien experimenta. Cuando se dice por ejemplo: «me haces enojar» o «me pones triste» en realidad afirmamos que nosotros no somos responsables de nuestros propios sentimientos. Sin embargo, la verdad es que cada uno de nosotros es dueño de las maneras en que reacciona y es más constructivo, por lo tanto, decir «me siento enojado» que intentar atribuir a otros mis propios estados de ánimo.

Trate un tema a la vez

Con frecuencia se aprovecha una situación de conflicto para mencionar todos los asuntos del pasado que no se conversaron en el momento oportuno. Esto por lo general, incluye una larga lista de supuestas ofensas a manos de la otra persona o personas y casi siempre logra «embarrar la cancha», pues el grupo termina concentrado en temas que no tienen ninguna relación con el asunto por tratar. Por eso es bueno que todos los miembros de un equipo hagan un esfuerzo por mantener la conversación enfocada en un solo asunto por vez.

Evite las acusaciones

Dios no nos da licencia para acusar a nuestros hermanos de nada, aun cuando existan actitudes incorrectas en la otra persona. En ninguna forma se contribuye a la resolución del conflicto cuando se acusa a los demás; resulta más productivo compartir las percepciones como observaciones personales que no tienen peso de verdad absoluta. Por ejemplo, frente a una actitud deshonesta, usted podría decir: «yo siento que lo que ocurrió no fue del todo honesto». Esto es muy diferente que afirmar: «usted es un hipócrita».

Mantenga la separación entre persona y tema

A muchas personas les cuesta separar a la persona de las opiniones que posee. No obstante, debe recordarse que son dos asuntos muy diferentes. La clase de amistad entre personas que sostienen opiniones opuestas no es posible si usted cree que las diferencias lo invitan a rechazar también a la persona que las expresa. Es posible que alguien difiera con usted, pero no por esto lo está descalificando. ¡Simplemente está expresando una opinión diferente! Si para cultivar amistades necesitáramos que todos pensaran igual que nosotros, ¡tendríamos muy pocos amigos!

Evite exageraciones

A veces deseamos darle más peso a nuestros argumentos. Para lograrlo, echamos mano de la exageración diciendo, por ejemplo: «todo el mundo está enojado con la decisión» o «siempre reaccionas de la misma manera». Si hiciéramos una evaluación honesta de la situación, encontraríamos que «todo el mundo» es, en realidad, el que habla y ¡dos personas más! Trate de quitar de su lenguaje estas cuatro palabras que indican exageración: Todo, nunca, nada y siempre.

Afirme su amor por la otra persona

No importa cómo termina la discusión de las diferencias con otros integrantes del grupo, no se vaya sin afirmar el valor de ser parte del equipo con ellos. Esta es una manera práctica y constructiva de poner por obra la exhortación del apóstol Pablo, que dice: «Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo» (Ef 4.26—27). Muchos equipos no logran superar los conflictos porque los resentimientos continúan vivos durante mucho tiempo.

Resista esta tendencia demostrando su cariño y compromiso con los de su equipo, aun cuando estos pueden haberle fastidiado. Este es el camino que mostró Cristo para con sus discípulos. Cuando lo haga descubrirá cómo la preciosa gracia de Dios une su corazón a la de sus hermanos en un espíritu de amor que es a prueba de toda tribulación.

Apuntes Pastorales, Volumen XXII – Número 4. Todos los derechos reservados.


Entre pecadores

LIDERAZGO
Entre pecadores
por Apuntes Pastorales
Debemos trabajar sin descanso para que cada uno tenga la misma pasión y vocación de servicio que Cristo formó en los primeros discípulos. Cuando la Iglesia completa se ponga en pie, ¡se habrá despertado un verdadero gigante!

Jesús amó a los pecadores

No hay forma de que podamos escapar de esta realidad: Él pasó mucho tiempo en compañía de pecadores. En una escena, seguramente representativa de otras tantas, lo observamos sentado a la mesa, rodeado de recaudadores de impuestos y pecadores (Mt 9). Los fariseos se escandalizaron por la aparente frivolidad de esta costumbre, y lo descalificaron como «un hombre glotón y bebedor de vino, amigo de recaudadores de impuestos y de pecadores» (Mt 11.19). No obstante, él insistió que no había venido a llamar a los justos, sino a los pecadores, porque «los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los que están enfermos» (2.17). Los pecadores representaban la esencia de su misión.

Su firmeza en este punto nos incomoda un poco en el contexto de la Iglesia que conocemos hoy, porque la maldad que vemos en el mundo nos ha llevado a refugiarnos en nuestras reuniones y relacionarnos solamente con aquellos que tienen los mismos valores que nosotros. Frente a las manifestaciones más groseras de pecados sentimos desesperación, como si fuera razonable esperar que un mundo en tinieblas fuera mejor de lo que realmente es. Nuestra desilusión nos aparta de aquellos que pretendemos socorrer. Cuando solamente esperemos del pecador una conducta pecaminosa, sus acciones no despertarán en nosotros rechazo. Sospecho que Jesús vivía rodeado de pecadores porque ellos sabían que él, sin avalar el estilo de vida que llevaban, no los condenaba como personas porque solamente se conducían tanto como su naturaleza se los permitía.

Jesús se movió entre los pecadores

Jesús llevaba a cabo su vida y ministerio en los lugares donde estaba la gente. No encontramos una sola instancia en los evangelios en que los discípulos salieran a invitar a personas a una reunión con Cristo. Más bien él se encontraba con multitudes de necesitados a medida que transitaba por los mismos caminos y frecuentaba las mismas reuniones que ellos. La calle proveía el marco ideal para que el evangelio llegara a quienes nunca asistirían a una sinagoga o se sentían excluidos del severo sistema religioso de los fariseos.

Hoy, 90% de las actividades de la Iglesia tienen como objetivo la atención de los justos, no de los enfermos. Ocasionalmente invitamos a los pecadores a que se acerquen a nosotros para que puedan disfrutar de alguna bendición espiritual. La mayoría, sin embargo, no participará nunca en una reunión evangélica. Nosotros deberemos ir a los lugares donde ellos están. De hecho, todos los días estamos en los mismos lugares, pero nuestra tendencia a creer que solamente en las «reuniones eclesiásticas» se desarrollan actividades espirituales nos ha llevado a descartar las mejores oportunidades para ministrarlos. Necesitamos que el Señor vuelva a abrir nuestros ojos a la vida que transcurre a nuestro alrededor para que, en el momento oportuno, podamos realizar nuestro aporte, en el nombre de Jesús.

Jesús no excluyó a nadie

¡La lista de la clase de personas que se acercaron a Cristo es extraordinaria! En ella encontramos a un jefe de recaudación de impuestos muy odiado por el pueblo, a una mujer que ya iba por su sexto marido, a un desagradable leproso, a una mujer de mala vida, a un representante del enemigo y hasta a una cananea que, sin modales algunos, lo siguió a gritos hasta que consiguió lo que le pedía. Los improbables beneficiarios de la bondad de Dios, en las parábolas que contaba, son personas tales como un despreciable samaritano, unos holgazanes que trabajaron apenas una hora junto a otros que habían sudado el día entero, o un hijo que malgastó la fortuna que su padre, con tanto sacrificio, había juntado a lo largo de toda una vida de trabajo.

No cabe duda de que cierta clase de persona hoy en día, como los homosexuales, las prostitutas, los enfermos de SIDA o los transexuales, representan los estilos de vida más alejados de la realidad que atesoran los que son de la casa de Dios. No obstante, ellos también son bienvenidos en la familia del Señor. Nunca lo sabrán, sin embargo, hasta que nosotros se lo mostremos. Lejos de pasar «al otro lado de la calle» cuando se cruzan en nuestro camino, el Señor nos llama a extenderles la misericordia y compasión que nunca han recibido de nadie.

Jesús estuvo dispuesto a que lo usaran

Pedro, testificando de Cristo a Cornelio, afirmó que «Dios ungió a Jesús de Nazaret con el Espíritu Santo y con poder, el cual anduvo haciendo bien y sanando a todos los oprimidos por el diablo; porque Dios estaba con El» (Hch 10.38 LBLA). La frase «hacer bien» capta la esencia del corazón del Padre el cual, según Lucas, «es bondadoso para con los ingratos y perversos» (6.35). Los diez leprosos resumen lo que fue la experiencia de Jesús a la largo de tres años de ministerio: solamente uno de ellos respondió adecuadamente al regalo que había recibido del Señor. Muchos le seguían solamente por el beneficio que podían obtener. No obstante esto, Jesús ministró con la misma generosidad y bondad a cada uno de ellos, sin poner condiciones para la recepción de estos regalos.

Nuestras incursiones entre los perdidos muchas veces duran solamente el tiempo necesario para establecer si se van a «convertir» o van a comenzar a «asistir» a nuestras reuniones. No debe sorprendernos su falta de respuesta, pues ellos perciben que tenemos intereses escondidos. La vocación de ser sal y luz en la tierra implica el deseo de hacer bien a todos según uno pueda, sin importar la respuesta que nuestros esfuerzos reciban. Podemos ser generosos con otros, porque, en nuestras propias vidas, hemos recibido los beneficios de la misma bondad inmerecida.

Jesús impulsó a los discípulos hacia un compromiso con otros

Cuando los Doce lo animaron a que despidiera a la multitud para que fuera en busca de su propio alimento Jesús los exhortó: «denles ustedes de comer» (Mt 14.16). A pesar de que aún quedaba mucho camino por recorrer en el proceso de formación de ellos, reunió primero a los Doce y luego a los setenta y los animó a hacer por otros lo mismo que él estaba haciendo: los envió a proclamar la llegada del reino, a expulsar demonios y a sanar enfermos (Mt 9 y 10). Poco antes de partir se presentó entre los discípulos, ya resucitado, y les declaró: «como el Padre me ha enviado, así también yo los envío» (Jn 20.21). En todo, Jesús buscó la forma de combatir la tendencia natural en los hombres a pensar siempre en sus propias necesidades.

El concepto de que los pastores y líderes son los que tienen un «llamado» al ministerio está tan fuertemente arraigado entre nosotros hoy que la congregación de los santos se ha vuelto pasiva, espectadora del trabajo de unos pocos. La responsabilidad de ministrar en un mundo necesitado, sin embargo, ha sido entregada a todos aquellos que son parte de un «reino de sacerdotes» (1Pe 2.9–10). Debemos trabajar sin descanso para que cada uno tenga la misma pasión y vocación de servicio que Cristo formó en los primeros discípulos. Cuando la Iglesia completa se ponga en pie, ¡se habrá despertado un verdadero gigante!

Apuntes Pastorales, Volumen XXIV – Número 1. Todos los derechos reservados


lunes, 1 de junio de 2009

Problemas de equipo
por Apuntes Pastorales
Los problemas son un factor de toda relación entre personas. La presencia de estos no es nociva para la relación, pero muchas veces la falta de madurez para manejarlos termina dañando seriamente a las personas involucradas

Los conflictos son un factor normal de toda relación entre personas. De hecho, si no se presentan revela que alguna faceta de la relación no está funcionando correctamente, pues es imposible que dos personas crezcan y maduren juntas sin que experimenten algunas tensiones interpersonales. La presencia de estos conflictos no es nociva para la relación, pero muchas veces la falta de madurez para manejarlos termina dañando seriamente a las personas involucradas. Por esto es fundamental manejar con sabiduría las tensiones que van surgiendo en un equipo para que el grupo involucrado siga creciendo hacia su pleno potencial. Algunos asuntos por considerar en cuanto a esto son:

1. Conozca el potencial del conflicto

Según la forma en que se manejen, los conflictos pueden tener resultados muy positivos para los individuos que forman parte de un equipo, ya que siempre obligan a una evaluación personal. Cada una de las personas involucradas puede identificar actitudes y comportamientos que necesitan ser modificados.

El conflicto también estimula al cambio, pero no aquel que resulta de los intentos de castigar a la persona con la cual surge la diferencia, sino de una apreciación honesta de los elementos que han contribuido negativamente al problema. Las situaciones de conflicto también proveen de oportunidades para manifestar correctamente emociones que podrían ser dañinas. A la vez, fomentan la honestidad en las relaciones interpersonales al abrir camino para un diálogo más íntimo y franco con el resto de los integrantes del equipo. Muchas veces es solamente en situaciones de conflicto que surgen actitudes y convicciones que estaban escondidas hasta el momento.

2. Conozca las alternativas para resolver conflictos

Existen diferentes maneras de manejar el conflicto, cada una de ellas adecuada para determinadas situaciones. La clave para la resolución de dificultades interpersonales es poseer un alto grado de flexibilidad, porque las situaciones varían y demandan diferentes enfoques.

Hay cinco caminos que pueden tomarse para resolver las contrariedades:

  • Evitar
    Algunos temas son sumamente escabrosos y han generado polémicas a lo largo de siglos. Frente a esta realidad resulta sabio, muchas veces, ni siquiera mencionar ciertos, pues lo único que se logra con la discusión es enredar a los miembros del equipo en un verdadero laberinto de argumentos y posiciones del cual difícilmente se podrá salir.
  • Ceder
    En algunas situaciones no vale la pena insistir en una postura, porque los temas son de poca relevancia para el avance del ministerio. Si se está eligiendo el color de la pintura para el baño del edificio, por ejemplo, no tiene sentido una discusión encarnizada sobre el asunto. En algunas situaciones lo más sabio es darle el gusto a otros, para avanzar hacia temas de mayor peso.
  • Competir
    En esta postura, las personas involucradas creen que los temas en juego son de una importancia fundamental para sus vidas y proyectos y ninguno está dispuesto a dar espacio al otro. Es una postura radical que debe ser adoptada solamente en situaciones extremas. El pasar de los años y la experiencia revelarán que es apropiada para muy pocas situaciones.
  • Negociar
    Las personas en este punto buscan encontrarse a mitad de camino, es decir, que cada uno obtenga algunas concesiones pero también ceda en algunas demandas. Empero, aunque este es un proceso trabajoso, realmente resguarda la salud de los integrantes del equipo, pues en esta posición «todos ganan algo».
  • Confrontar con amor
    En ocasiones es apropiado estar de acuerdo en ¡no estar de acuerdo! Hay temas que son importantes pero no esenciales para el buen funcionamiento de un equipo, y los integrantes maduros no tendrán problemas de trabajar con un grupo de personas donde otros piensan diferente. Es precisamente en esta característica que se define la verdadera riqueza de un equipo de trabajo, pues las personas escogen amar y respetar a quienes no comparten sus opiniones.

3. Conozca las reglas para «pelear limpio»

Como se mencionó al principio de esta página, lo que más daña las relaciones no son los conflictos, sino la forma en que son manejados. Es importante, entonces, que en un equipo se establezcan reglas claras para la resolución de conflictos y se ayude a que no se trasladen al plano de lo personal. Algunas de las más importantes son:

Sea dueño de sus emociones

En situaciones de conflictos resulta común atribuir a los demás los estados de alteración que cada quien experimenta. Cuando se dice por ejemplo: «me haces enojar» o «me pones triste» en realidad afirmamos que nosotros no somos responsables de nuestros propios sentimientos. Sin embargo, la verdad es que cada uno de nosotros es dueño de las maneras en que reacciona y es más constructivo, por lo tanto, decir «me siento enojado» que intentar atribuir a otros mis propios estados de ánimo.

Trate un tema a la vez

Con frecuencia se aprovecha una situación de conflicto para mencionar todos los asuntos del pasado que no se conversaron en el momento oportuno. Esto por lo general, incluye una larga lista de supuestas ofensas a manos de la otra persona o personas y casi siempre logra «embarrar la cancha», pues el grupo termina concentrado en temas que no tienen ninguna relación con el asunto por tratar. Por eso es bueno que todos los miembros de un equipo hagan un esfuerzo por mantener la conversación enfocada en un solo asunto por vez.

Evite las acusaciones

Dios no nos da licencia para acusar a nuestros hermanos de nada, aun cuando existan actitudes incorrectas en la otra persona. En ninguna forma se contribuye a la resolución del conflicto cuando se acusa a los demás; resulta más productivo compartir las percepciones como observaciones personales que no tienen peso de verdad absoluta. Por ejemplo, frente a una actitud deshonesta, usted podría decir: «yo siento que lo que ocurrió no fue del todo honesto». Esto es muy diferente que afirmar: «usted es un hipócrita».

Mantenga la separación entre persona y tema

A muchas personas les cuesta separar a la persona de las opiniones que posee. No obstante, debe recordarse que son dos asuntos muy diferentes. La clase de amistad entre personas que sostienen opiniones opuestas no es posible si usted cree que las diferencias lo invitan a rechazar también a la persona que las expresa. Es posible que alguien difiera con usted, pero no por esto lo está descalificando. ¡Simplemente está expresando una opinión diferente! Si para cultivar amistades necesitáramos que todos pensaran igual que nosotros, ¡tendríamos muy pocos amigos!

Evite exageraciones

A veces deseamos darle más peso a nuestros argumentos. Para lograrlo, echamos mano de la exageración diciendo, por ejemplo: «todo el mundo está enojado con la decisión» o «siempre reaccionas de la misma manera». Si hiciéramos una evaluación honesta de la situación, encontraríamos que «todo el mundo» es, en realidad, el que habla y ¡dos personas más! Trate de quitar de su lenguaje estas cuatro palabras que indican exageración: Todo, nunca, nada y siempre.

Afirme su amor por la otra persona

No importa cómo termina la discusión de las diferencias con otros integrantes del grupo, no se vaya sin afirmar el valor de ser parte del equipo con ellos. Esta es una manera práctica y constructiva de poner por obra la exhortación del apóstol Pablo, que dice: «Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo» (Ef 4.26—27). Muchos equipos no logran superar los conflictos porque los resentimientos continúan vivos durante mucho tiempo.

Resista esta tendencia demostrando su cariño y compromiso con los de su equipo, aun cuando estos pueden haberle fastidiado. Este es el camino que mostró Cristo para con sus discípulos. Cuando lo haga descubrirá cómo la preciosa gracia de Dios une su corazón a la de sus hermanos en un espíritu de amor que es a prueba de toda tribulación.

Apuntes Pastorales, Volumen XXII – Número 4. Todos los derechos reservados.


Apelando al amor
Como líderes, siempre debemos apelar al amor, porque cuando el amor nos motiva produce poderosa obra de transformación

Texto Bíblico base: Filemon 8 y 9

Esta es una de esas situaciones que, desde la perspectiva de nuestra sociedad, libre del comercio de esclavos, parece presentar la más clara y sencilla resolución. Como cristianos, creemos que la esclavitud es inaceptable en cualquiera de sus manifestaciones, sea laboral, económica o racial. Nuestra seguridad, no obstante, tiene mucho que ver con la ausencia visible de esclavitud a nuestro alrededor. En otros temas tales como el divorcio, el vivir de préstamos o el materialismo desenfrenado, nuestras convicciones tambalean, pues son temas que forman parte integral de nuestra cultura.

La esclavitud en el siglo primero también era parte de una realidad cotidiana. Las persona que poseían aun modestos medios económicos eran dueños de al menos un esclavo. Es importante tomar conciencia de esto, porque nos ayudará a entender lo radical del gesto del apóstol Pablo. Defender a un esclavo que había escapado de la casa de su amo, una ofensa penada con la muerte, era una postura que resultaría incomprensible a la mayoría de las personas. Produciría una reacción similar a la que un cristiano, hoy, podría despertar al afirmar que el divorcio es una opción inaceptable para los que están en Cristo. No obstante, el apóstol, movido por una ley mucho más fuerte que la ley romana, apela a Filemón a que despliegue una actitud de gracia y perdón hacia el esclavo que había perdido.

La intención de este devocional es reflexionar sobre la forma en que el apóstol realizó esta petición a Filemón. No sabemos con certeza el momento en que Filemón conoció a Pablo, pero parece muy probable que el apóstol haya sido una pieza clave en su conversión. La inversión de Pablo en su vida debe haber sido intensa y, quizás, prolongada. El apóstol le escribe, a manera de recordatorio «por no decirte que aun tú mismo te me debes también.» Es a este punto que Pablo se refiere en el versículo de hoy. La posición de autoridad espiritual que tenía con respecto a la vida de Filemón le daba derecho a Pablo, en Cristo, de ordenarle que hiciese tal como le estaba indicando. El apóstol no solamente creía que le pertenecía esta facultad, sino que confiaba que, de usarla, Filemón le obedecería.

Pablo optó, sin embargo, por no recorrer este camino. En lugar de esto, efectuó su petición usando como argumento solamente el amor que unía la vida de ambos hombres. Nos deja una importante lección sobre la manera en que un líder insta a los suyos a la obediencia. Las órdenes impuestas tienen que ser siempre el último recurso que usa un pastor. Tienden a producir resentimiento y a levantar resistencia porque, entre adultos, se entiende que el diálogo es siempre la mejor opción. Pablo quería evitar que un posible resentimiento se canalizara luego hacia la vida de Onésimo. Apeló al amor, porque cuando el amor nos motiva produce poderosa obra de transformación en nuestras vidas. Es, siempre, el camino más excelente.

Para pensar:
Apelar al amor presupone una relación entre líder y seguidor. Ninguna apelación tendrá resultado si esta relación no existe. La prioridad del líder debe ser cultivar esta relación. Es una inversión que en el futuro dará su buen retorno.

Autor: Christopher Shaw. Producido y editado por Desarrollo Cristiano Internacional para DesarrolloCristiano.com. Copyright ©2009 por Desarrollo Cristiano, todos los derechos reservados.


LIDERAZGO
Descanso útil
por John R. Stott
¿Cómo podemos, en medio de todas estas presiones que nos acosan, sobreponernos al desánimo, y también mantener la frescura espiritual? Personalmente, estoy convencido de que la raíz del estancamiento es, con frecuencia, la falta de autodisciplina.

El estancamiento es hoy uno de los problemas más comunes del liderazgo cristiano, aún más grave que el desánimo. Cuando perdemos la frescura espiritual, nuestra visión empieza a desvanecerse y hasta puede disminuir nuestra fe; la gloria del evangelio puede empañarse al grado de que ya no nos emocione, no haya brillo en nuestros ojos, ni entusiasmo en nuestra acción. Entonces, empezamos a parecer agua estancada en lugar de riachuelos. ¿Cómo podemos, en medio de todas estas presiones que nos acosan, sobreponernos al desánimo, y también mantener la frescura espiritual? Personalmente, estoy convencido de que la raíz del estancamiento es, con frecuencia, la falta de autodisciplina.

Quiero señalar tres tipos de disciplina: la primera es la disciplina del descanso y la relajación; la segunda es de administración del tiempo, y la tercera está relacionada con la vida devocional. En este número de Apuntes Pastorales publicamos la primera de las disciplinas.

La disciplina del descanso y la relajación

Los seres humanos somos criaturas extremadamente psicosomáticas. De hecho, somos criaturas pneumato-psico-somáticas, porque somos cuerpo, mente y espíritu. No es fácil entender la interrelación entre estas áreas, pero sabemos que la condición de una incumbe a las otras. La condición del cuerpo afecta de manera particular nuestra vida espiritual. A veces, cuando me consultan por un problema espiritual, advierto que la solución para esa persona es tomarse una semana de vacaciones. Cuando estamos con ganas de predicar acerca de Jesucristo, y además nos sentimos bien físicamente, las cosas resultan más fáciles. Por eso es necesaria la disciplina del descanso.

En primer lugar, es necesario tomarse un poco de tiempo para uno mismo. Algunos líderes cristianos son trabajadores compulsivos: piensan que si no trabajan mañana, tarde y noche, no son buenos siervos de Dios. Ponen a Jesús como modelo, diciendo que Jesús siempre estuvo disponible a todas horas. Pero al afirmar esto, muestran que su conocimiento de la Biblia deja mucho que desear, porque Jesús no estaba disponible a todas horas.

Quisiera darles a los trabajadores compulsivos el mensaje de Marcos 6.45: «En seguida hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir adelante de él a Betsaida, en la otra ribera, entre tanto que él despedía a la multitud». Despidió a la multitud, para poder descansar y orar. Por lo tanto, no debemos sentirnos culpables de tomar algunos periodos de descanso.

Por mi parte, estoy muy agradecido por la siesta, jamás no podría levantarme temprano si no tomara una siesta por la tarde. Recuerdo muy bien cuando visité por primera vez América Latina. Había estado viajando por el continente, y en ese momento me encontraba en Argentina. Durante la última presentación pública en Buenos Aires, alguien me preguntó si había aprendido algo en América Latina. Rápidamente contesté que había adquirido tres valiosas lecciones: la primera era el gran beneficio de la siesta; la segunda era que estaba arrepentido del vicio inglés de la puntualidad, y en tercer lugar, me gustaba el gesto cálido de besar al saludar. Agregué que al regresar a Londres, tendría que olvidarme de dos de ellas… pero he mantenido la costumbre de la siesta. Aunque nuestras necesidades varían de acuerdo con nuestros temperamentos, todos precisamos un tiempo adecuado para dormir y descansar.

También deberíamos tomarnos un día de descanso a la semana; me temo que yo mismo a veces no lo hago, pero creo que debemos obedecer con más fidelidad el cuarto mandamiento; si no lo hacemos, estamos afirmando tener mayor sabiduría que Dios, ya que él nos hizo de manera que necesitamos el ritmo de un día de descanso cada siete. Durante la Revolución Francesa, el ser humano trató cambiar esto, y lo intentó nuevamente en 1917, después de la revolución rusa, pero el experimento de hacer semanas de nueve o diez días fracasó. Dios sabía lo que hacía cuando nos dio un día de descanso cada siete, y no debemos pretender que tenemos mayor sabiduría que él.

En segundo lugar, quiero referirme a las actividades recreativas, y a los pasatiempos. Probablemente cada uno de nosotros guste de practicar algún deporte, y eso es excelente, ya que nos da la oportunidad de hacer actividad física con nuestros amigos. Pero también es importante que tengamos un pasatiempo. Una alternativa podría ser interesarnos por algún aspecto de la naturaleza. Los cristianos evangélicos tenemos una buena doctrina de la redención, pero no de la creación. Me gustaría animarle a observar pájaros, por ejemplo. Quienes practican esta forma de esparcimiento difícilmente sufren colapsos nerviosos, ya que esta práctica permite hacer ejercicio y respirar aire puro. No encuentro palabras para describir la magia de las primeras horas de la mañana, después de la salida del sol, cuando he ido a disfrutar de la vista, los sonidos y los olores de la naturaleza; es una experiencia incomparable, y además mantiene ocupada la mente, alejándola de las presiones del trabajo. También ayuda a meditar acerca de la complejidad y la belleza de la creación de Dios. En cuento sea posible, nuestro pasatiempo debe hacerse al aire libre.

En tercer lugar, pero no menos importante, tenemos la familia y los amigos. Por lo general reconocemos que en nuestro círculo familiar nos aman y nos aceptan, por lo que podemos relajarnos. Los casados nunca deben olvidar que es vital dedicar suficiente tiempo a sus familias
Siempre he admirado a mi sucesor como rector de la iglesia «All Souls», en Londres. Michael Baughn es un padre de familia maravilloso. Él y su esposa son muy felices, tienen tres hijos, que ya son adultos, y resultan un ejemplo de vida familiar cristiana. Michael se propuso estar siempre con su familia durante la cena. Esto lo decidió cuando sus hijos eran pequeños, y seguramente cenaban temprano. No importaba qué estuviera haciendo, él dejaba todo para ir a cenar con su familia.

Todos necesitamos también amigos fuera del círculo familiar, especialmente si somos solteros. Es bueno orar por nuestros «amigos del alma», pues son personas con quienes podemos compartir profundamente nuestras experiencias espirituales. Me pregunto si valoramos suficiente el regalo de Dios de la amistad.

¿Cómo completarían el siguiente versículo, escrito por Pablo?: «Porque de cierto, cuando vinimos a Macedonia, ningún reposo tuvo nuestro cuerpo, sino que en todo fuimos atribulados; de fuera, conflictos; de dentro, temores. Pero Dios, que consuela a los humildes, nos consoló con…» ¿Con qué?, ¿cómo termina el versículo?, ¿cómo consoló Dios a Pablo cuando estaba cerca del colapso? Los cristianos «súper espirituales» probablemente dirían: «Dios los consoló con la presencia de Jesús», pero no es así como continúa Pablo. Él «nos consoló con la venida de Tito», con la llegada de un amigo cercano y las noticias que él traía. Dios utiliza esta necesidad humana de la amistad para consolarnos.

Tenemos otro ejemplo de Pablo, al final de su segunda carta a Timoteo: parece que está en la prisión de Mamertina, en Roma, donde no había ventanas sino solamente unas pequeñas aberturas circulares en el techo, por las que entraba luz y se ventilaba la celda. Pablo saldría de esa prisión solo para su ejecución. Fue entonces cuando confesó: «He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe». Él se encontraba en la plenitud de su madurez, al final de su vida; sin embargo, se sentía solo; era un gran cristiano, maduro, pero solo. Entonces escribió acerca de la presencia de Dios en el capítulo 4 («Pero el Señor estuvo a mi lado, y me dio fuerzas») y acerca de la esperanza de la segunda venida de Jesús, pero ninguna de estas dos verdades teológicas le quitaron el sentimiento de soledad. Después, en el versículo 9, anota «procura venir pronto a verme» y en el versículo 21: «procura venir antes del invierno». Pablo también le pidió al joven discípulo su capa porque tenía frío.

Lo anterior nos hace ver que Pablo era un gran cristiano, pero también era muy humano y no temía admitir su necesidad de la compañía de sus amigos.

En síntesis, necesitamos tomar tiempo de descanso, practicar deportes o pasatiempos y finalmente, requerimos de nuestra familia y amigos. Estas necesidades son humanas y nunca debemos avergonzarnos de admitir que las experimentamos.

Se tomó de Los Problemas del Liderazgo Cristiano. ©1990 Ediciones Certeza ABUA. Se usa con permiso. © Copyright Apuntes Pastorales XXIV-4, todos los derechos reservados.


MUJER LÍDER
La influencia de las acciones
por Lucila de Saucedo
Trabajar en algún ministerio es un gran privilegio dado por Dios; es también una posición de honra que está reservada sólo para los que son llamados a ocuparla, y por tanto, como es un regalo de la misericordia del Señor, aunque no deseemos que las personan nos miren o admiren, esto siempre se dará.
¿Alguna vez se ha detenido a pensar en el grado de influencia que ejercen sus acciones sobre aquellos que le rodean? Trabajar en algún ministerio es un gran privilegio dado por Dios; es también una posición de honra que está reservada sólo para los que son llamados a ocuparla, y por tanto, como es un regalo de la misericordia del Señor, aunque no deseemos que las personan nos miren o admiren, esto siempre se dará.

¿Cuál será nuestro grado de influencia en otros? Cuando somos llamados al liderazgo, son muchas las personas que dependen de nuestras acciones y por ese motivo, de allí se define si impactamos positiva o negativamente sus vidas. El libro de Eclesiastés 10:1 declara lo siguiente: «Las moscas muertas hacen heder y dar mal olor al perfume del perfumista; así una pequeña locura, al que es estimado como sabio y honorable» (VRV -1960).

No podemos ignorar que existe un sinnúmero de personas a nuestro alrededor buscando si tenemos huesos, porque es tal el grado de excelencia con la que vivimos la vida cristiana y con la que servimos al Señor que hay quienes dicen: «este (o esta) tiene que ser de carne y hueso, aunque demuestre lo contrario». Algunos están al acecho, pero no debe olvidarse que muchos serían gravemente afectados por un desliz nuestro, sólo porque consideran que somos personas dignas de admirar.

Cuando se comete una locura, no importa la conducta previa; es como si apareciera un enorme borrador que elimina lo bueno que se haya hecho, no importa el tiempo, y deja ver sólo el error cometido. Esto ocurre porque se pierde el buen nombre, el buen testimonio que nos fue entregado por el Señor, e incluso el nivel de confianza que muchos habían depositado en nosotros.

Empero, es preciso tener claro que ningún ser humano está exento de cometer errores, no importa si es siervo de Dios, si lleva un buen testimonio o si ha sido una excelente persona. Las locuras siempre andarán rondando para atraparnos y por eso que debemos cuidarnos de ellas; pensar en las consecuencias que traerían nuestras acciones, nos ayudará a evitar grandes faltas que muchas veces se convierten en un estilo de vida.

Como ministros, llamados y apartados para una labor especial, debemos tener presente que una vez escogidos por Dios, pasamos del anonimato a tener una vida pública, una identidad; son muchos los que nos conocen, aunque no siempre conocemos a los que nos miran.

¿Cuáles son entonces las moscas muertas de las que debemos cuidarnos? Aquellos errores que a nuestro parecer no tendrán mayor repercusión, pero que a la larga hacen mucho daño. Solamente mencionaremos algunos de ellos, a fin de que usted tome las precauciones necesarias:

La infidelidad: es una de las armas más poderosas en la destrucción de familias y ministerios. Debe recordarse que nadie es infiel de la noche a la mañana, sino que son las pequeñas zorras las que poco a poco van minando la relación matrimonial hasta hacerla caer. Cuando un esposo le dice a otra mujer cosas agradables que no le dice a su esposa, se enciende inmediatamente la luz intermitente anunciando ¡PELIGRO! Echar por la borda una relación matrimonial de muchos años y faltar al pacto de fidelidad sólo por un momento de placer, o cambiar a los hijos para criar aquellos que ni siquiera se engendraron, no es más que una locura.

Malos manejos: hay quienes pretenden desarrollar su ministerio ofreciendo solo buenas predicaciones, pero la labor implica más ofrecer solamente mensajes bíblicos. Se trata de administrar, organizar y evaluar, cada cierto tiempo, el buen funcionamiento de todo el sistema empleado. Siempre es saludable trabajar con un equipo responsable de rendirnos cuentas en cuanto a lo financiero, pues ser juez y parte en los manejos económicos nunca será beneficioso, por eso se requieren personas a quienes tengamos que rendirles también nos den cuentas. No es saludable tomar decisiones sin buscar asesoría, sin consultar y sin meditar. Analizar antes de actuar redundará en grandes bendiciones para la obra del Señor.

Abuso de autoridad: las personas que tenemos a nuestro cargo son colaboradores en la gran viña de nuestro Dios, no son empleados de nuestra hacienda o finca. Cuando entendemos que Cristo pagó el precio por cada una de esas personas, tendremos presente siempre que nuestro deber es guiar a las personas por la senda correcta y no enseñorearnos de ellas como si hubiésemos pagado el precio por sus almas.

Rebeldía: reconocer que somos personas con autoridad nos debe llevar a tener claro que también estamos bajo autoridad, y por ello, «todo lo que el hombre siembre eso también segará» (Gálatas 6.7). Esto indica que si deseo ser respetado por aquellos bajo mi liderazgo, debo empezar por sembrar obediencia y respetar a quienes están sobre mí como guía y apoyo. Es menester tener cuidado con desconocer la autoridad, pues eso mismo se cosechará.

Resentimiento: muchos ministros se encuentran resentidos con su organización o denominación pues no comparten la forma en que se dirige la obra o por alguna actitud de los líderes que los presiden. Son muchos también los que optan por cambiar de organización o independizarse, porque recibieron, según ellos, una buena propuesta de otro grupo. Como esposa de pastor he visto a muchos ministros resentidos tomar decisiones sin pensar, basados en promesas de otros que les presentaron cuán fácil era afiliarse a su denominación, pero tristemente sus iglesias han ido menguando hasta quedar en su mínima expresión. Al regresar, han tenido que empezar de cero. Entonces, procure sanar su corazón en el lugar donde fue herido; una vez sano, tendrá una visión más clara para tomar la decisión que Dios ponga en su corazón.

Deudas no pagadas: Si hay algo que daña la imagen de un siervo o sierva de Dios es su mal crédito. Si nadie quiere prestarle dinero a un ministro, hay que revisar la causa de esta decisión. Cuántos realizan viajes o ejecutan diversos proyectos y luego se olvidan de que todo lo hicieron gracias a un préstamo (¡creen que fue un regalo!). No se acuerdan de que firmaron un documento o llegaron a un acuerdo de pago. Cuando la Biblia dice “no debáis a nadie nada” (Romanos 13.8) significa precisamente eso: nada. Las deudas no pagadas después de cierto tiempo son una gran complicación.

Cansancio extremo: el camino a la excelencia nos lleva muchas veces a pensar que una labor resultará bien solo si la efectuamos nosotros mismos. Ese perfeccionismo además, hace creer que somos infalibles y por ello no delegamos funciones. Cuando se actúa así, no se deja a otros trabajar con libertad y como resultado, entra en escena el cansancio extremo.

Por otro lado, ninguna persona cansada rinde como se espera, más bien empieza a tomar decisiones que no son más que producto del agotamiento. Por tanto, tómese un tiempo para descansar, salga de paseo con su familia, procure relajarse y renueve sus fuerzas.

Descuido de la intimidad con Dios: el Señor fue enfático al decir: «Separados de mí nada podéis hacer» (Juan 15.5). Servir en la obra de Dios, lejos de las directrices que el dueño de la obra tiene para nosotros, es caótico, pues ¡cómo saber el método y las formas de llevar adelante esta labor si no estamos en constante comunicación con el omnisapiente! Es en la presencia de Dios donde encontramos las estrategias y la unción del Espíritu Santo para actuar de manera efectiva. Al estar conectados con el Señor influimos e impactamos positivamente en la vida de otros. ¡Que Dios nos ayude!


Acerca de la autora:

Lucila de Saucedo es panameña y está casada con el Rdo. Johnny Saucedo y es madre de tres hijos. Completó sus estudios teológicos en el Instituto Bíblico de las Asambleas de Dios, donde ahora es profesora. En la actualidad, dirige la Escuela El Buen Pastor Jireh. Además, junto con su esposo pastorea el Centro Misionero Jehová Jireh, y ambos son directores del Programa Nacional de la Familia de las Asambleas de Dios. Es también fundadora y directora del ministerio de mujeres denominado Nacidas para Vencer.

Tomado de Apuntes Mujer Líder, volumen IV, número 3. Todos los derechos reservados.


jueves, 28 de mayo de 2009

LIDERAZGO
En busca de un ministerio juvenil eficaz
por Lucas Leys
El ministerio juvenil es un trabajo muy serio, quizás el más serio de todos si se toma en cuenta el tipo de decisiones que tienen que tomar los jóvenes —decisiones que afectarán el resto de su vida—y se considera cuántos de los miembros de nuestras iglesias tomaron sus decisiones espirituales más importantes en la adolescencia.

Alcanzar inteligentemente a la juventud es vital para la iglesia. La mayor parte del liderazgo evangélico coincidirá con esta afirmación. Sin embargo, no muchos saben exactamente cómo hacerlo ni tienen una idea clara acerca de qué es un ministerio juvenil eficaz. Prueba de esto es que históricamente el liderazgo juvenil evangélico latinoamericano se ha desarrollado según el modelo artesanal —el artesano entrena informalmente a un aprendiz sólo mediante el ejemplo. Basta con ver el reducido número de cursos de pastoral juvenil ofrecido por los seminarios y lo limitado del material publicado para líderes juveniles.

Además son pocas las iglesias que sostienen económicamente a sus ministros de jóvenes, y poco el tiempo que la mayoría de los líderes juveniles duran en ese ministerio. Un alto porcentaje cree que el liderazgo juvenil es un escalón para llegar al «ministerio en serio». Tal concepto es un error. El ministerio juvenil es un trabajo muy serio, quizás el más serio de todos si se toma en cuenta el tipo de decisiones que tienen que tomar los jóvenes —decisiones que afectarán el resto de su vida—y se considera cuántos de los miembros de nuestras iglesias tomaron sus decisiones espirituales más importantes en la adolescencia.

Muchas veces es más fácil definir algo por lo que no es que por lo que es. Por eso empiezo nombrando algunos conceptos populares que aunque contienen algo de verdad están equivocados respecto a lo que es un ministerio juvenil eficaz. Hagamos las respectivas aclaraciones:

Lo que el ministerio juvenil eficaz no es

No es una reunión

Algunos creen que el ministerio juvenil se limita a la reunión del fin de semana. Los que piensan así utilizan todas sus energías en arreglar quién predica, quién dirige la alabanza y quién hace alguna que otra cosa diferente, pero no invierten su tiempo en relacionarse con cada uno de los jóvenes que asisten y menos piensan en todos esos adolescentes del barrio que no quieren por nada del mundo pisar el templo de una iglesia. La materia prima de un ministerio juvenil está compuesta por las personas que componen ese ministerio y las personas que se pretende alcanzar por medio de él. La programación de actividades es una excusa o el medio para acercarse a esas personas, pero hacer una reunión a la semana no es el ministerio de nadie.

No es un convento

Según los objetivos eclesiales que nos dejó el mismo Señor Jesús, la iglesia está para ser agente de transformación en la comunidad. Después de amar a Dios, nuestra segunda consigna clara es amar al prójimo. La iglesia no está para alejar a los jóvenes del «cochino y asqueroso» mundo, sino para entrenarlos y entusiasmarlos con el amor de Cristo de tal manera que puedan contagiar a otros jóvenes con la ética y las verdades del Reino. Los ministerios juveniles estilo «convento» se la pasan hablando de lo malo que es el mundo sin dar ninguna alternativa, o peor, sin siquiera hacer contacto con nada de lo que los jóvenes viven en la vida diaria fuera de los templos. Estos ministerios suelen utilizar la Biblia como un texto del pasado sin hacer puentes con el presente. Crean una de dos situaciones: o jóvenes «extraterrestres» que no saben relacionarse con sus compañeros de escuela o barrio que necesitan a Jesucristo, o jóvenes hipócritas que viven una cosa en el templo pero fuera de él piensan y hacen otra.

No es un frigorífico

El propósito del ministerio juvenil no es mantener entretenidos a los jóvenes con actividades sanas mientras lleguen a la adultez. Las iglesias que piensan de esta manera suelen creer que los jóvenes y adolescentes no pueden servir al Señor durante esa edad y que la tarea con ellos consiste sólo en mantenerlos aprendiendo y en librarlos del mal mientras se hagan adultos.

El no tomar en cuenta a los adolescentes es señal de una iglesia local minusválida. El apóstol fue claro al afirmar en 1 Co 12.4–11 que todos los nacidos de nuevo poseen dones, y los adolescentes no son la excepción. Es increíble el potencial que los adolescentes representan para el hoy de cada congregación. En general, ellos tienen más tiempo, más energía y más facilidad para alcanzar a otras familias a través de sus compañeros de estudio. Ellos tienen todas las posibilidades de convertirse en los miembros más activos de cada congregación, y el ministerio juvenil debería ser una punta de lanza para la estrategia evangelizadora de cada iglesia local.

No es una escuela

Gracias a los griegos, en occidente se cree que el sistema de enseñanza es como llenar un vaso de agua. Es desde la antigüedad que se cree que si se tiene la información correcta se funciona correctamente. Pero este concepto es impreciso. Muchos conocemos gente que tiene toda la información bíblica necesaria, y sin embargo, no posee nada del fruto del Espíritu Santo. Los jóvenes no son como un vaso de agua que se llena sino como un fuego que se enciende. Nuestra función no es meramente enseñarles las historias bíblicas y obligarlos a aprender versículos bíblicos. La enseñanza es un componente muy valioso pero hay diversas maneras de propiciar el aprendizaje y sobre todo la madurez de nuestros jóvenes. Si al pensar en el ministerio juvenil la única imagen que viene a la mente de un líder es la de un grupo de jóvenes sentados mirándose la nuca y escuchándolo a él disertar por más de una hora, ese líder está en serios problemas y difícilmente podrá alcanzar lo que Cristo espera de nuestro ministerio.

Lo que un ministerio juvenil eficaz sí es

Trabaja basándose en un propósito definido

Lo primero que hay que definir es el propósito ¿Para qué existe y qué se supone que debe lograr un ministerio juvenil? Pablo hace un excelente resumen del propósito de su ministerio en Colosenses 1.28 «A este Cristo proclamamos, aconsejando y enseñando con toda sabiduría a todos los seres humanos para presentarlos a todos perfectos en él.» O sea que todo lo que Pablo hacía y decía por Cristo era con el objetivo definido de poder acompañar a cada ser humano a un grado mayor de perfección. Esta última palabra siempre me pareció extraña, pero al investigarla me resultó muy clarificador encontrar que en el texto griego la palabra traducida como «perfectos» es teleios que también se puede traducir como «maduros». El propósito del ministerio juvenil es acompañar a la juventud hacia la madurez completa la cual sólo se puede encontrar en Cristo.

Acompaña a los adolescentes en los cinco factores de su desarrollo

La adolescencia es la etapa de transición que va desde la niñez a la adultez. Esta carrera se hace sobre cinco andariveles o carriles que son el físico, emocional, intelectual, social y espiritual. Por cada uno de ellos los jovencitos van tratando de satisfacer sus necesidades esenciales de identidad e independencia en el camino hacia la madurez. Nuestra tarea es facilitarles los recursos necesarios y no dejarlos solos en el proceso.

El ministerio juvenil eficaz presta mucha atención a cada uno de estos andariveles y planea activamente cómo acompañar a los adolescentes en su camino hacia la madurez. Incluye deportes porque estos favorecen el factor físico. Estimula el pensamiento crítico con debates, cuestionarios, y dando libertad para preguntas, porque es necesario para su desarrollo intelectual. Facilita relaciones positivas entre adolescentes homogéneos y heterogéneos para que aprendan a ser individuos que puedan funcionar bien en la sociedad. El liderazgo eficaz ofrece seguridad para los diferentes picos de la montaña rusa de emociones que los adolescentes viven y, sobre todo, modela la madurez espiritual.

Trabaja basándose en relaciones

Un ministerio juvenil eficaz no tiene nada que ver con tamaño, ni horarios, ni reuniones «lindas». Hay ministerios juveniles sanos de todos los tamaños y con todos los estilos así como también los hay enfermos. En los ministerios juveniles sanos la gran clave es la relación de los líderes con los jóvenes y el trabajo cuidadoso, paciente y dedicado para que estos se relacionen cada día más y mejor con Cristo.

Ideas para desarrollar relaciones que produzcan madurez

Propongo algunas ideas para trabajar seriamente esas relaciones. Las siguientes son algunas habilidades de los líderes juveniles más eficaces:

Tener orejas activas:

Somos tan propensos a hablar que nos cuesta demasiado escuchar. Este es uno de los errores más marcados en muchos líderes cristianos. Algunos, aun cuando se encuentran en situaciones en que pueden dar un consejo, no escuchan lo que se les dice porque, mientras la otra persona habla, ellos ya están pensando qué decir después. La que sigue es una frase dura: «Si no podemos escuchar a alguien en necesidad a quien vemos, ¿cómo vamos a escuchar a Dios a quien no vemos?» La mayoría de los adolescentes necesita de alguien que los escuche. El simple hecho de escucharlos es una herramienta muy poderosa para impactarlos sin hablar. Escuchar activamente no se limita sólo a prestar oído a las palabras. También es necesario estar atentos al lenguaje corporal pues muchas personas siempre comunican algo sin necesidad de verbalizarlo. Hacer preguntas abiertas o remarcar emociones con frases de empatía como «eso sí debe haber sido terrible» siempre ayuda.

Recordar nombres:

El nombre es una de las posesiones más importantes de una persona. El no saber el nombre de un joven comunica que ese joven no es lo suficientemente importante para el líder. Por eso, si queremos que nuestros jóvenes sientan que son importantes para nosotros debemos hacer todo lo posible por tener bien presente su nombre. ¿Por qué alguien de quien no recordamos ni el nombre va a querer seguir nuestros consejos? Todavía me parece increíble la cantidad de iglesias dónde la gente se esconde detrás del «hermano/hermana» porque nunca se aprenden el nombre de los demás. Yo no conozco ninguna familia en la cual se traten entre sí de «hermano/hermana» en lugar del nombre. El nombre de uno es muy importante. Quiero compartir algunas claves para recordar nombres:

  1. Repita el nombre tan pronto como pueda después de que le presenten al nuevo joven.
  2. Una vez que ha aprendido un nombre úselo frecuentemente en cada conversación.
  3. Use el nombre antes de hacer una pregunta.
  4. Relacione el nombre con el de alguien a quien ya conoce.
  5. Cuando repita el nombre que está aprendiendo reproduzca mentalmente la imagen de la cara de la persona.
  6. Escriba el nombre en su mano o en un papel cuando le presenten a alguien antes de que empiece una reunión y después menciónelo durante la misma.
  7. Pídale ayuda a Dios para recordar esto que es tan importante.

Estimular con aplausos, porras, palmadas:

Nunca recibimos suficiente estímulo. Todos estamos siempre sedientos de más, y no me da ninguna vergüenza decirlo: me encanta que alguien se dé cuenta cuando he hecho algún esfuerzo. ¿A usted no? A nuestros jóvenes también. La sociedad de hoy está siempre rebajando a nuestros adolescentes. Los medios masivos de comunicación les hacen creer que ellos no son ni tienen lo suficiente hasta que se compren determinado producto o usen determinada moda. Sus compañeros de escuela usan la burla a la primera oportunidad y muchas veces sus padres se encargan de hacerlos sentir mal respecto de sí mismos. Alguien que los haga sentir mejor consigo mismos —que les muestre aprecio y estima— es siempre bienvenido. Hay algunos valores, actitudes y aptitudes que deben constantemente ser aplaudidos y afirmados en nuestros jóvenes. Ofrezco una lista de aquellos que no deben pasar desapercibidos y quedar sin estímulo del líder:

  • sentido del humor
  • fidelidad
  • puntualidad
  • esfuerzo extra
  • voz fuerte
  • sonrisa
  • nuevo peinado
  • modales
  • disponibilidad
  • disposición
  • flexibilidad
  • conocimiento general
  • conocimiento bíblico
  • humildad
  • honestidad
  • habilidad para algún deporte
  • habilidad de hacer que otros se sientan mejor
  • iniciativa de acercarse a alguien nuevo
  • defender a quien recibe burlas
  • buen rendimiento académico

Usted puede añadir su propia lista

Mantener el contacto: teléfono/correo/e-mail:

Cualquier excusa es buena para hacer contacto con los jóvenes fuera del ámbito del templo. Si quiere trabajar en la vida de ellos tiene que hacer contacto en lo cotidiano de su vida. Conéctese con el joven cuando piense en él sin causa aparente. Comuníquese con él cuando tiene cierto tiempo de no verlo. Llámelo cuando haya visto algo sobresaliente en él, ya sea para agradecerle, afirmarlo o animarlo. Búsquelo para continuar alguna conversación.

Preparar frases inteligentes:

Existen algunas frases que deben ser repetidas constantemente a los jóvenes. Notará que algunas se han formulado como preguntas.

  • Tú puedes hacerlo muy bien.
  • No te rindas.
  • ¡Qué buena idea!
  • ¿Qué crees que Dios te está enseñando?
  • Dime más acerca de eso.
  • Gracias por escuchar.
  • Gracias por ayudar.
  • ¿Quieres venir conmigo?
  • ¿Cuáles son las consecuencias potenciales?
  • ¿Qué es lo que te gusta de él/ella?
  • Estoy seguro de que harás una buena elección.
  • ¡Qué lindo verte!
  • ¿Qué piensan tus padres?
  • Me gusta tenerte en la iglesia.
  • Recuérdame tu nombre.

El ministerio juvenil es la preciosa aventura de acompañar a los adolescentes y jóvenes hacia la madurez en Cristo por todos los medios que podamos. Es un ministerio difícil y que demanda sacrificios. Lo resultados son siempre a largo plazo y muchos de ellos no alcanzan a verse porque nuestro trabajo consiste más en prevenir que en curar. Los líderes juveniles están forjando a los portadores de la única esperanza para las familias de la tierra. Están dando forma a la iglesia de Cristo del hoy y del futuro.

El autor es Doctor en Teología de la Misión y es director de Especialidades Juveniles, una organización que genera recursos para el ministerio juvenil. También ha escrito libros, entre ellos Adolescentes, cómo trabajar con ellos , Viene D@vid, y 151 Encuentros con el Rey. www.especialidadesjuveniles.com

Ideas básicas de este artículo

  1. La tarea más importante de los ministerios juveniles eficaces es formar relaciones entre el líder y cada joven a fin de acompañarlo en su proceso hacia la madurez completa la cual sólo se puede encontrar en Cristo.
  2. El líder de un ministerio juvenil debe desarrollar ciertas habilidades para edificar relaciones que produzcan madurez.

Preguntas para pensar y dialogar

  1. En su iglesia, ¿a qué tareas se da mayor énfasis o esfuerzo en el ministerio juvenil? ¿Es la edificación de relaciones una tarea fundamental?
  2. ¿Por qué cree usted que el edificar relaciones es tan fundamental en el liderazgo juveni
  3. Si en su ministerio para jóvenes no se está trabajando en edificar relaciones, ¿qué acciones concretas deberían darse para que el ministerio se enfoque en relaciones?

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