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miércoles, 2 de septiembre de 2009

Como piedras vivas

Nuestro modelo de piedra viva es Jesucristo, la piedra angular sobre la cual todo el edificio es edificado. El está vivo con la vida de Dios y es nuestra fuente de vida «porque en Él habita toda la plenitud de la divinidad» (Col 2.9)

La sola idea de piedra viva es una contradicción porque sencillamente no hay nada más muerto que una piedra. No se mueve, no respira, está fría. Pero esto no debe sorprendernos. El evangelio está lleno de nociones que contradicen a los conceptos del mundo, pues Jesús mismo fue puesto por «señal que será contradicha» (Lc 2.34). Por ello, la vida del cristiano está llena de lo que para el mundo son contradicciones, según dice Pablo: «como engañadores, pero veraces; como desconocidos, pero bien conocidos; como moribundos, mas he aquí vivimos; como castigados, mas no muertos; como entristecidos, mas siempre gozosos; como pobres, mas enriqueciendo a muchos; como no teniendo nada, mas poseyéndolo todo» (2 Co 6.8-10).

Nuestro modelo de piedra viva es Jesucristo, la piedra angular sobre la cual todo el edificio es edificado, (Is 28.16; 1 Pe 2.6). Está vivo con la vida de Dios y es nuestra fuente de vida «porque en Él habita toda la plenitud de la divinidad» (Col 2.9).

La piedra no escoge su lugar sino es colocada por el arquitecto de acuerdo a la ubicación prevista en sus planes. Estamos vivos gracias a la vida que recibimos de Él cuando nacimos de lo alto. Como la vid transmite su vida a todos los renuevos que brotan en ella, así también nosotros tenemos vida si permanecemos en Él como sarmientos en la cepa (Jn 15.4-5).

Nadie es piedra viva para sí mismo, sino para ser utilizado en la edificación de la casa espiritual que Dios está construyendo para morada suya entre los hombres (Ef 2.22). El modelo de su construcción es el que vio Moisés en el espíritu y que sirvió también para el tabernáculo del desierto (Ex 26.30) y para el templo que edificó Salomón (Hb 8.5), hecho éste de piedras muertas.

Las piedras con que se construye el nuevo templo espiritual han sido sacadas de la cantera situada en el desierto que es el mundo, morada de búhos y chacales (Is 34.14-15). Cristo nos rescató del reino de las tinieblas y nos trajo al reino de su luz admirable (1 Pe 2.9), al valle florido donde se construye su templo.

Pero, antes de ser utilizados en su edificación, tenemos que ser tallados por Él. Primero a golpes potentes de mazo, luego, a medida que vamos tomando la forma que Él requiere, con cinceles cada vez más finos y golpes cada vez más precisos, hasta que por fin estamos listos para ser colocados en el sitio que Él ha previsto. La piedra no escoge su lugar sino es colocada por el arquitecto de acuerdo a la ubicación prevista en sus planes. Si la piedra se pusiera a discutir y se negara a ser colocada en su sitio, correría el peligro de ser descartada.

Una vez puesta en el lugar destinado, la piedra colabora en el equilibrio de las fuerzas dinámicas que rigen la construcción. La piedra soporta la presión de los bloques que están encima y, a su vez, es soportada por los que están debajo y a sus lados. Así, nosotros colaboramos con el sostenimiento del edificio «soportándonos unos a otros y perdonándonos unos a otros» (Col 3.13), y tratando de no ser un peso excesivo para las piedras que, a su vez, también nos soportan. La piedra debe encajar perfectamente en su sitio. Si no encaja bien hace peligrar la estructura del edificio y tendría que ser desechada. Así también, nosotros, lo seremos igualmente si somos tercos y nos rebelamos contra las presiones que nos toca sobrellevar.

La piedra, una vez puesta en la pared, sufre sin quejarse ni protestar los embates del mal tiempo, del viento, la lluvia y la nieve. Está allí precisamente para eso, para guarecer el interior del templo. ¿Qué sería del edificio si las piedras del muro, asustadas por los embates de la tempestad, quisieran retirarse a un sitio más protegido? No obstante, los bloques de piedra pueden resistir porque han sido «fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de su gloria, para toda paciencia y longanimidad» (Col 1.11). Así como el alfarero nunca fabrica dos cántaros iguales, Dios nunca crea dos piedras iguales. La piedra que está en contacto con el mundo es machucada, golpeada, rayada por los transeúntes, pero, llena del amor de Dios «todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta» (1 Co 13.7). En todo edificio bien construido hay piedras de diversas formas. Así como el alfarero nunca fabrica dos cántaros iguales, Dios nunca crea dos piedras iguales.

Las piedras cumplen, asimismo, diversas funciones de acuerdo a sus distintas formas. Si así no fuera, el edificio no sería «funcional», sino una construcción monótona, amorfa e inútil. «Si todo el cuerpo fuese ojo ¿dónde estaría el oído? Si todo fuese oído ¿dónde estaría el olfato?» pregunta Pablo en primera a Corintios (12.17).

Hay piedras que son cimientos: los apóstoles y profetas (Ef 2.20). Hay piedras que son columnas: sostienen las estructuras (Gá 2.9). En la base de las columnas hay piedras cuadradas, sólidas; hay piedras cilíndricas y bien pulidas en la espiga; otras son capiteles, de variadas formas, artísticamente labradas. Ellas alegran y dan vida al conjunto. Hay piedras curvas que forman parte de los arcos, unen una columna con otra, o muro con columna. La esbeltez de los arcos parece desafiar las leyes de la mecánica. El trazo de las uniones requiere osadía y firmeza, pero sin ellas el edificio no podría adquirir altura ni amplitud (Hab 3.19).

En los arcos y en las bóvedas hay piedras claves, colocadas en el medio, sin las cuales unos y otros se derrumbarían. Han sido cinceladas con gran precisión y colocadas con todo cuidado para que encajen perfectamente en el centro, sin inclinarse ni a un lado ni al otro. Son como balanzas fieles. Así hay cristianos que son llamados a juzgar entre hermano y hermano y deben hacerlo sin distinción de personas (St 2.9).

En el edificio hay piedras macizas, otras talladas en filigrana. Hay piedras visibles, admiradas por todos; hay piedras ocultas, cuya existencia nadie conoce, pero son las más necesarias. Son los intercesores que se colocan en la brecha por otros (Ez 22.30).

Hay piedras donde resuena la alabanza: son los músicos y cantores (Sal 95.1-3; Sal 150). Hay piedras en los vitrales, por donde entra la luz que ilumina a otros: son los maestros (2 Ti 2.2). Hay piedras en las puertas, por donde entran los convidados a la boda: son los evangelistas (2 Ti 4.5).

Hay piedras en las bóvedas que coronan el edificio, exaltadas (Jb 36.7). Hay piedras humildes, colocadas en el piso, por donde la congregación camina y que todos pisan. En el último día serán las más apreciadas (Lc 13.30).

Pero todas juntas forman el templo que Dios construye para morada suya. Como sus piedras son vivas y no muertas tienen una propiedad maravillosa: no sólo han sido edificadas como casa espiritual, sino también como «sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios» (1 Pe 2.5). Jesucristo es la piedra angular «en quien todo el edificio bien coordinado va creciendo»«fruto de labios que confiesan su nombre» (Hb 13.15). Además, en el sitio que Dios les tiene asignado, ofrecen sacrificios de ayuda mutua, de los que Dios se agrada (Hb 13.16).Jesucristo es la piedra angular «en quien todo el edificio bien coordinado va creciendo» (Ef 2.21). Si el edificio no crece en Cristo, tiene que ser desechado. Si se pone otro fundamento, es un templo falso. Hay tantos de estos templos falsos en el mundo que atraen a la gente, que han sido construidos sobre fundamentos engañosos. Sus piedras se creen vivas pero están muertas.

Nosotros queremos sacarlas de su engaño, limpiarlas de sus ídolos y traerlas a nuestro templo. Tenemos el mandato de Cristo para hacerlo y podemos lograrlo porque nuestro templo es un templo vivo, del que brotan aguas «debajo del umbral de la casa» (Ez 47.1), de la roca misma, que es Cristo (1 Co 10.4). Además, esta agua fluye hacia los campos resecos del mundo, primero como un riachuelo que poco a poco se va anchando, pero que luego aumenta hasta convertirse en un río de agua viva, en cuyas riberas «crece toda clase de árboles frutales, cuyas hojas nunca caen, ni falta su fruto» (Ez 47.12). Y toda alma que nade en esas aguas y beba de ellas vivirá eternamente.

José Belaunde nació en los Estados Unidos pero creció y se educó en el Perú donde ha vivido prácticamente toda su vida. Participa activamente en programas evangelísticos radiales, es maestro de cursos bíblicos es su iglesia en Perú y escribe en un semanario local abordando temas societarios desde un punto de vista cristiano. Desde 1999 publica el boletín semanal "La Vida y la Palabra", el cual es distribuido a miles de personas de forma gratuita en las iglesias de su país. Si desea recibir estos artículos por correo electrónico solicítelos a: jbelaun@lavidaylapalabra.com o a jbelaun@terra.com.pe. Página web: www.lavidaylapalabra.com.

¿Cómo ayudamos a las jóvenes?

Una de las maravillosas herencias que nuestro Padre celestial nos ha dado es la identidad, la posibilidad de ser nosotras mismas. Esto lo descubrimos cuando nos acercamos a Dios y tenemos un encuentro con él, no de acuerdo a nuestras propias concepciones, que aunque bien intencionadas probablemente están equivocadas...

Hace poco leí una entrevista a una afamada actriz que con mucha honestidad confesaba la realidad que la abrumaba día a día. La llamaba falta de confianza en sí misma y decía lo siguiente: «Siempre salgo de casa dudando de cada uno de mis actos... es un hábito muy enfermizo» y también añadía: «Admiro a las personas que dicen: «sé quién soy y de lo que soy capaz».

Tal vez la confesión de esta actriz no esté muy alejada de la realidad que viven miles de jovencitas, mujeres adultas, e incluso líderes. Estamos inmersas en un mundo de cambios extremadamente acelerados. Si alguien sale fuera de su país natal y pasa más de dos años en el exterior, debe estar preparada para el impacto emocional que puede causar el ver que lo que antes estaba en ese lugar, una antigua casa, por ejemplo, ya no está, y en su reemplazo ahora hay una inmensa carretera. Hoy se puede demoler un edificio en tan sólo horas y en pocos meses levantar otro, cuya estructura y tamaño dista mucho del anterior. En cuestión de segundos uno puede comunicarse con cualquier parte del mundo y cada evento o noticia se puede conocer en forma instantánea y hasta simultánea. Existe a nuestro alrededor un mundo que ofrece muchísimo, pero también demanda otro tanto con intereses.

Para muchas personas estos cambios y avances vertiginosos son fascinantes, pero para otras son una amenaza y pueden causarles una gran inseguridad. Hace algunos días alguien me preguntó: «¿Cómo ayudamos a las adolescentes?» Si lográramos que cada adolescente y cada mujer pudieran decir: «Sé quién soy», creo que estaríamos acercándonos a una respuesta. Una jovencita amiga me envió ayer unas fotos de muchachas, aparentemente modelos, que simbolizan precisamente nuestro contradictorio mundo moderno: jóvenes de sociedades desarrolladas que han elegido una apariencia de desnutrición extrema donde el alimento abunda, tal vez como una protesta pasiva ante las exigencias que el mundo de la moda ocasiona a sus protagonistas. Es increíble observar mujeres bien vestidas con cuerpos como los de niños o personas en países de extrema pobreza, sus huesos asomándose entre las telas que las cubren. El problema es que esta imposición ya ha entrado en muchos hogares, en los que los hijos, en especial las hijas adolescentes, deciden dejar de comer para lucir a la moda. Si lográramos que cada adolescente y cada mujer pudieran decir: «Sé quién soy», creo que estaríamos acercándonos a una respuesta.

Una de las maravillosas herencias que nuestro Padre celestial nos ha dado es la identidad, la posibilidad de ser nosotras mismas. Esto lo descubrimos cuando nos acercamos a Dios y tenemos un encuentro con él, no de acuerdo a nuestras propias concepciones, que aunque bien intencionadas probablemente están equivocadas, sino de acuerdo a la forma en que él mismo se reveló a los seres humanos, creados a su imagen y semejanza. Dios nos muestra quién es a través de su Hijo Jesucristo y de su mensaje escrito en la Biblia.

Me inspira profundamente la genialidad de nuestro Dios. En el relato cuando se le aparece a Moisés desde un arbusto que no dejaba de arder, Dios le pide que vaya a hablar al pueblo de Israel y lo lidere en su liberación. Moisés estaba preocupado por hacer saber al pueblo quién le había enviado y necesitaba una evidencia. Era esencial comenzar, entonces, preguntando el nombre. Evidentemente Moisés no conocía a Dios, no en forma personal.

También muchas de nosotras al hablar con otros casi automáticamente, agregando un poco de cordialidad, decimos: «¿Con quién tuve el gusto?» Nuestra intención es simplemente grabar el nombre de nuestro contacto como garantía de que efectivamente lo contactamos. Pero a Moisés se le olvidó ser un buen político y decirle a Dios: «Perdón, ¿con quién tuve el gusto?» Sin embargo, Dios no se inmutó por la pregunta ingenua y le respondió: «Yo soy el que soy… Y esto es lo que tienes que decirles a los israelitas: "Yo soy me ha enviado a ustedes."» (Ex 3.14) Seguramente Moisés pensó: «Bueno, esta respuesta no me ayuda mucho». «Entonces Moisés volvió a preguntar: ¿Y qué hago si no me creen ni me hacen caso?» (Ex 4.1a) Pero al final del capítulo leemos lo siguiente: «…el pueblo creyó. Y al oír que el Señor había estado pendiente de ellos y había visto su aflicción, los israelitas se inclinaron y adoraron al Señor» (Ex 4.31)

Mi vida cambió radicalmente cuando una amiga me habló de un Dios real que deseaba ser mi amigo, mi padre, y estar cerca de mí siempre.

Nuestro Padre celestial está profundamente interesado en que los seres humanos vivan en relación con él, su creador. No hay otro que pueda inspirarnos mayor seguridad. Al inicio de mi adolescencia yo no era una persona segura. Creo que las palabras de la actriz, con las que comencé el artículo, eran un reflejo de mi vida en esa época. Si mis amigas decían: «esto es bueno», yo lo hacía; si decían: «hay que vestirse así», yo era la primera. No me sentía bien conmigo misma pues realmente yo no existía, era apenas un reflejo de lo que ellas decían. Lo peor es que a ellas les pasaba exactamente lo mismo.

Eran los años convulsionados de la época hippie en mi país natal, Puerto Rico. Sin embargo, mi vida cambió radicalmente cuando una amiga me habló de un Dios real que deseaba ser mi amigo, y estar cerca de mí. Una de las primeras consecuencias de conocerlo fue que empecé a encontrarme a mí misma. De pronto, podía tomar decisiones y descubrir quién era yo y de qué era capaz.

Amiga, usted podrá no sólo ayudarse a sí misma sino también a muchas otras adolescentes si tiene un encuentro con Dios. Él quiere que sus hijas sean personas seguras y les ha dado innumerable cantidad de dones, no para que tengan temor y los escondan, sino para que los muestren al mundo y alumbren a ¡toda la humanidad! Recuerde que el mundo no tiene ningún derecho de gobernar su vida; Dios le ha dado la capacidad de tomar sus propias decisiones, cimentada en Él.

Ciertamente la adolescencia es una preciosa etapa en la vida, con un impacto muy grande en nuestros hijos e hijas. Esa independencia ilusoria, que abruptamente se convierte en el mayor de los tesoros, le ha costado a muchos sus sueños o ha truncado en forma permanente sus vidas a causa de malas decisiones. Si lográramos que nuestras adolescentes se amaran y respetaran a sí mismas, se plantaran ante el mundo entero y dijeran: «Aquí estoy, sé quién soy y adónde voy. Soy amada por Dios» ... les daríamos el mayor de los legados que Dios nos da: una identidad, un propósito real y permanente. Asimismo, prevendríamos muchas situaciones de riesgo a las que la inseguridad las lanza día a día.

Aquí y ahora las invito a ser diferentes, a descubrirse a sí mismas en Dios, a marcar una diferencia y dejar huella en este mundo. ¡Atrévanse!… porque el Dios eterno está siempre con ustedes y las ha hecho capaces.

martes, 7 de julio de 2009

Mímalos antes de nacer
por Elena Calderón Zúñiga
¡Un nuevo hijo! Con esa noticia, también llega una nueva responsabilidad. Su responsabilidad inicia antes de que él nazca.

Los adelantos que la medicina y otras áreas del quehacer humano han experimentando durante los últimos años le han otorgado a las incipientes generaciones un lugar de privilegio en la historia. Desde el descubrimiento de la penicilina hasta el desciframiento del majestuoso genoma humano, cada paso constituye un logro sin precedentes.

Sin duda alguna, si aplicamos los avances científicos a la exploración del fascinante mundo de la vida intrauterina, es imposible dejar de maravillarse. Por ejemplo, de acuerdo con el pediatra Martínez Matos, en su artículo «Aprendizaje prenatal», ya se ha comprobado que el feto puede moverse, sentir, oler, saborear y ver; un conocimiento que se contrapone al viejo concepto de un desarrollo prenatal inactivo. Partiendo de este maravilloso hallazgo, surge cada vez con mayor ímpetu el interés de muchos profesionales y padres de familia en conocer, con detalle, cómo pueden enriquecer los vínculos afectivos y estimular la capacidad receptiva de la nueva criatura.

Mímelos desde el vientre

La noticia de un embarazo puede resultar una verdadera sorpresa para algunos y un sueño hecho realidad para otros. Empero, la vida en gestación es digna de ser mimada y los padres podemos contribuir con el desarrollo de su potencial y de su crecimiento.

Durante el primer trimestre de vida, es importante estrechar los vínculos afectivos entre padres e hijos. Conversaciones amorosas con el bebé en formación pueden contribuir con un desarrollo emocional adecuado a la postre, pues a través de ellas se transmiten los sentimientos de aceptación y cariño.

Los investigadores han encontrado que durante el segundo trimestre de gestación, un mayor desarrollo sensorial le permite al bebé dar significado y posteriormente identificar, estímulos externos como la voz de la madre y del padre. Frases cariñosas como «buenos días bebé, soy mamá», «soy papá y te amo mucho», «eres muy importante para nosotros», son excelentes herramientas para incentivar su capacidad receptiva a través de mensajes cargados de afectividad. En el caso de que papá sea el que converse con el bebé, se recomienda que se acerque al abdomen de la madre de una manera sutil mientras está hablando.

Además, numerosos artículos mencionan que al parecer los bebés responden agradablemente a las canciones de cuna y particularmente a la música clásica. Durante los dos últimos meses de gestación, se pueden utilizar audífonos. Estos se deben colocar en la parte baja de cada lado del abdomen, en dirección a la línea del bikini.

Durante el tercer trimestre se le puede enseñar que sus movimientos pueden estimular una respuesta. Cuando se percibe un movimiento, podemos anunciarle «el bebé está pateando» mientras frotamos suavemente el abdomen. Cada movimiento se convierte en una oportunidad para fortalecer el vínculo afectivo con el bebé en gestación.

Los cuidados de la madre son esenciales

Los cuidados que la madre debe seguir durante el embarazo son esenciales para el desarrollo idóneo del bebé. Los consejos sobre lo que la madre debe o no hacer durante el embarazo son incontables. Por esa razón es importante que la nueva mamá se informe sobre las variadas maneras en que puede cuidar su salud y la de su bebé.

El doctor Francisco Rodríguez Varela, ginecólogo y profesor universitario, considera que un control prenatal temprano y frecuente, puede favorecer la detección de complicaciones, que podrían arriesgar la vida del bebé. Chinearlos también es parte de cuidar su salud.

Tome en cuenta:

  • Mantenga una alimentación nutritiva.
  • Persevere en la ingesta abundante de líquido.
  • Sométase a una actividad física moderada (debe ser supervisada por su médico)
  • Disfrute hablar con su bebé mientras acaricia su abdomen.
  • Sienta sus movimientos y sonría, a pesar de las posibles incomodidades por los cambios físicos.
  • Cántenle a coro en familia y recuérdele a cada momento cuánto lo aman, es el mejor chineo que él, ella o ellos pueden recibir.

La autora es psicopedagoga Enfoque a la Familia, Costa Rica. www.enfoquealafamilia.com.


jueves, 2 de julio de 2009


¿Qué es ser una mujer confiable?

Para ser confiable, en cada papel que desempeñas en tu vida hay cualidades de mayor importancia dependiendo de la relación y deben estar presentes todas para que alguien pueda confiar en ti.

Cuando alguien deposita en ti una posesión, un secreto, el cuidado de un ser querido, o cualquier otra cosa, sin más garantía que su buena fe y la buena opinión que pueda tener de ti, significa que tu eres una mujer confiable para esa persona.

Además de ser una persona temerosa de Dios, hay otras cualidades que intervienen para poder describir a una persona como alguien confiable, siendo estas: la prudencia, responsabilidad, honestidad, sabiduría y fidelidad.

Confiable es alguien en quien se pueda confiar, y según el diccionario, confiar significa: encargar, o poner al cuidado algún negocio o alguna persona.

Para ser confiable, en cada papel que desempeñas en tu vida hay cualidades, de las anteriormente mencionadas, de mayor importancia dependiendo de la relación, pero eso no significa que no deban estar presentes todas para que alguien pueda confiar en ti.

Como esposa
Proverbios 31:11 “Su esposo confía plenamente en ella y no necesita de ganancias mal adquiridas.31:12 Ella le es fuente de bien, no de mal, todos los días de su vida. 31:15 Se levanta de madrugada, da de comer a su familia y asigna tareas a sus criadas”.

El esposo que ha encontrado a la mujer descrita en este versículo sabe que es capaz de administrar correctamente la casa, que sabe actuar con sabiduría, honestidad y prudencia, que cuida y educa sus hijos en el temor de Dios y que procura lo mejor para su hogar. Además, la mujer confiable siempre será fiel a su esposo y le honrará “todos los días de su vida”. Así, ella estará satisfaciendo los requerimientos primarios de su esposo para ser una mujer confiable.

Como madre
Para ser una madre confiable, sobre todo cuando los hijos están pequeños, es imprescindible que sepan que su madre cumple su palabra; si ofrece algo, ya sea un premio o un castigo, ella hará todo lo posible por cumplir lo ofrecido. Para ellos siempre va a ser importante saber que pueden contar contigo y que reciben tus enseñanzas y cuidados.

Como amiga
Para una amiga es de suma importancia saber que puede contar contigo como confidente teniendo la seguridad de que no comentarás con nadie lo que ella te haya confiado, además de poder recibir de ti un consejo sabio y desinteresado.

En tu trabajo
La honestidad y la responsabilidad, cumpliendo con tu trabajo de acuerdo a tus obligaciones y compromisos adquiridos con integridad y prudencia (sin chismes ni murmuraciones) te harán una mujer confiable en tu desempeño profesional.

En todas las áreas de tu vida deben de encontrarte como una mujer confiable, en cuanto a la prudencia ya que también es importante que tu esposo sepa que puede confiarte un comentario, o tus hijos alguna intimidad, o tus amigos de trabajo puedan desahogarse contigo sin que tú cometas una indiscreción y destruyas su imagen o sus sentimientos comentándolo con otras personas. Debes de ser integra en todo lo que hagas y digas, que quienes te rodean sepan “tu si es si y tu no es no”.

En Proverbios 31:26-29 “Abre su boca con sabiduría, Y la ley de clemencia está en su lengua. Considera los caminos de su casa, Y no come pan de balde. Se levantan sus hijos y la llaman bienaventurada; y su marido también la alaba (diciendo): «Muchas mujeres han realizado proezas, pero tú las superas a todas.»

La mujer que vive según los principios de Dios y tiene comunión con El, será una mujer confiable, sabia, prudente, y aún más. Pero no te sientas frustrada si en estos momentos piensas que no tienes todas estas virtudes. Recuerda que mientras más te mires a ti misma, más verás tus debilidades y más difícil te parecerá, pero si pones tu vista en el Señor y te esfuerzas en mejorar día a día tu relación con El, ésta será la clave para llegar a ser la mujer que Dios quiere que seas.

Empieza hoy a cambiar tu vida y a tener cuidado de las personas que tienes cerca, procurando guardarlos y ser confiable para con ellos. Se una mujer que cumple sus promesas, que enseña con la verdad, que tiene un buen testimonio y vive en integridad moral.


miércoles, 3 de junio de 2009

La influencia de las acciones

MUJER LÍDER
La influencia de las acciones
por Lucila de Saucedo
Trabajar en algún ministerio es un gran privilegio dado por Dios; es también una posición de honra que está reservada sólo para los que son llamados a ocuparla, y por tanto, como es un regalo de la misericordia del Señor, aunque no deseemos que las personan nos miren o admiren, esto siempre se dará.
¿Alguna vez se ha detenido a pensar en el grado de influencia que ejercen sus acciones sobre aquellos que le rodean? Trabajar en algún ministerio es un gran privilegio dado por Dios; es también una posición de honra que está reservada sólo para los que son llamados a ocuparla, y por tanto, como es un regalo de la misericordia del Señor, aunque no deseemos que las personan nos miren o admiren, esto siempre se dará.

¿Cuál será nuestro grado de influencia en otros? Cuando somos llamados al liderazgo, son muchas las personas que dependen de nuestras acciones y por ese motivo, de allí se define si impactamos positiva o negativamente sus vidas. El libro de Eclesiastés 10:1 declara lo siguiente: «Las moscas muertas hacen heder y dar mal olor al perfume del perfumista; así una pequeña locura, al que es estimado como sabio y honorable» (VRV -1960).

No podemos ignorar que existe un sinnúmero de personas a nuestro alrededor buscando si tenemos huesos, porque es tal el grado de excelencia con la que vivimos la vida cristiana y con la que servimos al Señor que hay quienes dicen: «este (o esta) tiene que ser de carne y hueso, aunque demuestre lo contrario». Algunos están al acecho, pero no debe olvidarse que muchos serían gravemente afectados por un desliz nuestro, sólo porque consideran que somos personas dignas de admirar.

Cuando se comete una locura, no importa la conducta previa; es como si apareciera un enorme borrador que elimina lo bueno que se haya hecho, no importa el tiempo, y deja ver sólo el error cometido. Esto ocurre porque se pierde el buen nombre, el buen testimonio que nos fue entregado por el Señor, e incluso el nivel de confianza que muchos habían depositado en nosotros.

Empero, es preciso tener claro que ningún ser humano está exento de cometer errores, no importa si es siervo de Dios, si lleva un buen testimonio o si ha sido una excelente persona. Las locuras siempre andarán rondando para atraparnos y por eso que debemos cuidarnos de ellas; pensar en las consecuencias que traerían nuestras acciones, nos ayudará a evitar grandes faltas que muchas veces se convierten en un estilo de vida.

Como ministros, llamados y apartados para una labor especial, debemos tener presente que una vez escogidos por Dios, pasamos del anonimato a tener una vida pública, una identidad; son muchos los que nos conocen, aunque no siempre conocemos a los que nos miran.

¿Cuáles son entonces las moscas muertas de las que debemos cuidarnos? Aquellos errores que a nuestro parecer no tendrán mayor repercusión, pero que a la larga hacen mucho daño. Solamente mencionaremos algunos de ellos, a fin de que usted tome las precauciones necesarias:

La infidelidad: es una de las armas más poderosas en la destrucción de familias y ministerios. Debe recordarse que nadie es infiel de la noche a la mañana, sino que son las pequeñas zorras las que poco a poco van minando la relación matrimonial hasta hacerla caer. Cuando un esposo le dice a otra mujer cosas agradables que no le dice a su esposa, se enciende inmediatamente la luz intermitente anunciando ¡PELIGRO! Echar por la borda una relación matrimonial de muchos años y faltar al pacto de fidelidad sólo por un momento de placer, o cambiar a los hijos para criar aquellos que ni siquiera se engendraron, no es más que una locura.

Malos manejos: hay quienes pretenden desarrollar su ministerio ofreciendo solo buenas predicaciones, pero la labor implica más ofrecer solamente mensajes bíblicos. Se trata de administrar, organizar y evaluar, cada cierto tiempo, el buen funcionamiento de todo el sistema empleado. Siempre es saludable trabajar con un equipo responsable de rendirnos cuentas en cuanto a lo financiero, pues ser juez y parte en los manejos económicos nunca será beneficioso, por eso se requieren personas a quienes tengamos que rendirles también nos den cuentas. No es saludable tomar decisiones sin buscar asesoría, sin consultar y sin meditar. Analizar antes de actuar redundará en grandes bendiciones para la obra del Señor.

Abuso de autoridad: las personas que tenemos a nuestro cargo son colaboradores en la gran viña de nuestro Dios, no son empleados de nuestra hacienda o finca. Cuando entendemos que Cristo pagó el precio por cada una de esas personas, tendremos presente siempre que nuestro deber es guiar a las personas por la senda correcta y no enseñorearnos de ellas como si hubiésemos pagado el precio por sus almas.

Rebeldía: reconocer que somos personas con autoridad nos debe llevar a tener claro que también estamos bajo autoridad, y por ello, «todo lo que el hombre siembre eso también segará» (Gálatas 6.7). Esto indica que si deseo ser respetado por aquellos bajo mi liderazgo, debo empezar por sembrar obediencia y respetar a quienes están sobre mí como guía y apoyo. Es menester tener cuidado con desconocer la autoridad, pues eso mismo se cosechará.

Resentimiento: muchos ministros se encuentran resentidos con su organización o denominación pues no comparten la forma en que se dirige la obra o por alguna actitud de los líderes que los presiden. Son muchos también los que optan por cambiar de organización o independizarse, porque recibieron, según ellos, una buena propuesta de otro grupo. Como esposa de pastor he visto a muchos ministros resentidos tomar decisiones sin pensar, basados en promesas de otros que les presentaron cuán fácil era afiliarse a su denominación, pero tristemente sus iglesias han ido menguando hasta quedar en su mínima expresión. Al regresar, han tenido que empezar de cero. Entonces, procure sanar su corazón en el lugar donde fue herido; una vez sano, tendrá una visión más clara para tomar la decisión que Dios ponga en su corazón.

Deudas no pagadas: Si hay algo que daña la imagen de un siervo o sierva de Dios es su mal crédito. Si nadie quiere prestarle dinero a un ministro, hay que revisar la causa de esta decisión. Cuántos realizan viajes o ejecutan diversos proyectos y luego se olvidan de que todo lo hicieron gracias a un préstamo (¡creen que fue un regalo!). No se acuerdan de que firmaron un documento o llegaron a un acuerdo de pago. Cuando la Biblia dice “no debáis a nadie nada” (Romanos 13.8) significa precisamente eso: nada. Las deudas no pagadas después de cierto tiempo son una gran complicación.

Cansancio extremo: el camino a la excelencia nos lleva muchas veces a pensar que una labor resultará bien solo si la efectuamos nosotros mismos. Ese perfeccionismo además, hace creer que somos infalibles y por ello no delegamos funciones. Cuando se actúa así, no se deja a otros trabajar con libertad y como resultado, entra en escena el cansancio extremo.

Por otro lado, ninguna persona cansada rinde como se espera, más bien empieza a tomar decisiones que no son más que producto del agotamiento. Por tanto, tómese un tiempo para descansar, salga de paseo con su familia, procure relajarse y renueve sus fuerzas.

Descuido de la intimidad con Dios: el Señor fue enfático al decir: «Separados de mí nada podéis hacer» (Juan 15.5). Servir en la obra de Dios, lejos de las directrices que el dueño de la obra tiene para nosotros, es caótico, pues ¡cómo saber el método y las formas de llevar adelante esta labor si no estamos en constante comunicación con el omnisapiente! Es en la presencia de Dios donde encontramos las estrategias y la unción del Espíritu Santo para actuar de manera efectiva. Al estar conectados con el Señor influimos e impactamos positivamente en la vida de otros. ¡Que Dios nos ayude!


Acerca de la autora:

Lucila de Saucedo es panameña y está casada con el Rdo. Johnny Saucedo y es madre de tres hijos. Completó sus estudios teológicos en el Instituto Bíblico de las Asambleas de Dios, donde ahora es profesora. En la actualidad, dirige la Escuela El Buen Pastor Jireh. Además, junto con su esposo pastorea el Centro Misionero Jehová Jireh, y ambos son directores del Programa Nacional de la Familia de las Asambleas de Dios. Es también fundadora y directora del ministerio de mujeres denominado Nacidas para Vencer.

Tomado de Apuntes Mujer Líder, volumen IV, número 3. Todos los derechos reservados.


lunes, 1 de junio de 2009

MUJER LÍDER
La influencia de las acciones
por Lucila de Saucedo
Trabajar en algún ministerio es un gran privilegio dado por Dios; es también una posición de honra que está reservada sólo para los que son llamados a ocuparla, y por tanto, como es un regalo de la misericordia del Señor, aunque no deseemos que las personan nos miren o admiren, esto siempre se dará.
¿Alguna vez se ha detenido a pensar en el grado de influencia que ejercen sus acciones sobre aquellos que le rodean? Trabajar en algún ministerio es un gran privilegio dado por Dios; es también una posición de honra que está reservada sólo para los que son llamados a ocuparla, y por tanto, como es un regalo de la misericordia del Señor, aunque no deseemos que las personan nos miren o admiren, esto siempre se dará.

¿Cuál será nuestro grado de influencia en otros? Cuando somos llamados al liderazgo, son muchas las personas que dependen de nuestras acciones y por ese motivo, de allí se define si impactamos positiva o negativamente sus vidas. El libro de Eclesiastés 10:1 declara lo siguiente: «Las moscas muertas hacen heder y dar mal olor al perfume del perfumista; así una pequeña locura, al que es estimado como sabio y honorable» (VRV -1960).

No podemos ignorar que existe un sinnúmero de personas a nuestro alrededor buscando si tenemos huesos, porque es tal el grado de excelencia con la que vivimos la vida cristiana y con la que servimos al Señor que hay quienes dicen: «este (o esta) tiene que ser de carne y hueso, aunque demuestre lo contrario». Algunos están al acecho, pero no debe olvidarse que muchos serían gravemente afectados por un desliz nuestro, sólo porque consideran que somos personas dignas de admirar.

Cuando se comete una locura, no importa la conducta previa; es como si apareciera un enorme borrador que elimina lo bueno que se haya hecho, no importa el tiempo, y deja ver sólo el error cometido. Esto ocurre porque se pierde el buen nombre, el buen testimonio que nos fue entregado por el Señor, e incluso el nivel de confianza que muchos habían depositado en nosotros.

Empero, es preciso tener claro que ningún ser humano está exento de cometer errores, no importa si es siervo de Dios, si lleva un buen testimonio o si ha sido una excelente persona. Las locuras siempre andarán rondando para atraparnos y por eso que debemos cuidarnos de ellas; pensar en las consecuencias que traerían nuestras acciones, nos ayudará a evitar grandes faltas que muchas veces se convierten en un estilo de vida.

Como ministros, llamados y apartados para una labor especial, debemos tener presente que una vez escogidos por Dios, pasamos del anonimato a tener una vida pública, una identidad; son muchos los que nos conocen, aunque no siempre conocemos a los que nos miran.

¿Cuáles son entonces las moscas muertas de las que debemos cuidarnos? Aquellos errores que a nuestro parecer no tendrán mayor repercusión, pero que a la larga hacen mucho daño. Solamente mencionaremos algunos de ellos, a fin de que usted tome las precauciones necesarias:

La infidelidad: es una de las armas más poderosas en la destrucción de familias y ministerios. Debe recordarse que nadie es infiel de la noche a la mañana, sino que son las pequeñas zorras las que poco a poco van minando la relación matrimonial hasta hacerla caer. Cuando un esposo le dice a otra mujer cosas agradables que no le dice a su esposa, se enciende inmediatamente la luz intermitente anunciando ¡PELIGRO! Echar por la borda una relación matrimonial de muchos años y faltar al pacto de fidelidad sólo por un momento de placer, o cambiar a los hijos para criar aquellos que ni siquiera se engendraron, no es más que una locura.

Malos manejos: hay quienes pretenden desarrollar su ministerio ofreciendo solo buenas predicaciones, pero la labor implica más ofrecer solamente mensajes bíblicos. Se trata de administrar, organizar y evaluar, cada cierto tiempo, el buen funcionamiento de todo el sistema empleado. Siempre es saludable trabajar con un equipo responsable de rendirnos cuentas en cuanto a lo financiero, pues ser juez y parte en los manejos económicos nunca será beneficioso, por eso se requieren personas a quienes tengamos que rendirles también nos den cuentas. No es saludable tomar decisiones sin buscar asesoría, sin consultar y sin meditar. Analizar antes de actuar redundará en grandes bendiciones para la obra del Señor.

Abuso de autoridad: las personas que tenemos a nuestro cargo son colaboradores en la gran viña de nuestro Dios, no son empleados de nuestra hacienda o finca. Cuando entendemos que Cristo pagó el precio por cada una de esas personas, tendremos presente siempre que nuestro deber es guiar a las personas por la senda correcta y no enseñorearnos de ellas como si hubiésemos pagado el precio por sus almas.

Rebeldía: reconocer que somos personas con autoridad nos debe llevar a tener claro que también estamos bajo autoridad, y por ello, «todo lo que el hombre siembre eso también segará» (Gálatas 6.7). Esto indica que si deseo ser respetado por aquellos bajo mi liderazgo, debo empezar por sembrar obediencia y respetar a quienes están sobre mí como guía y apoyo. Es menester tener cuidado con desconocer la autoridad, pues eso mismo se cosechará.

Resentimiento: muchos ministros se encuentran resentidos con su organización o denominación pues no comparten la forma en que se dirige la obra o por alguna actitud de los líderes que los presiden. Son muchos también los que optan por cambiar de organización o independizarse, porque recibieron, según ellos, una buena propuesta de otro grupo. Como esposa de pastor he visto a muchos ministros resentidos tomar decisiones sin pensar, basados en promesas de otros que les presentaron cuán fácil era afiliarse a su denominación, pero tristemente sus iglesias han ido menguando hasta quedar en su mínima expresión. Al regresar, han tenido que empezar de cero. Entonces, procure sanar su corazón en el lugar donde fue herido; una vez sano, tendrá una visión más clara para tomar la decisión que Dios ponga en su corazón.

Deudas no pagadas: Si hay algo que daña la imagen de un siervo o sierva de Dios es su mal crédito. Si nadie quiere prestarle dinero a un ministro, hay que revisar la causa de esta decisión. Cuántos realizan viajes o ejecutan diversos proyectos y luego se olvidan de que todo lo hicieron gracias a un préstamo (¡creen que fue un regalo!). No se acuerdan de que firmaron un documento o llegaron a un acuerdo de pago. Cuando la Biblia dice “no debáis a nadie nada” (Romanos 13.8) significa precisamente eso: nada. Las deudas no pagadas después de cierto tiempo son una gran complicación.

Cansancio extremo: el camino a la excelencia nos lleva muchas veces a pensar que una labor resultará bien solo si la efectuamos nosotros mismos. Ese perfeccionismo además, hace creer que somos infalibles y por ello no delegamos funciones. Cuando se actúa así, no se deja a otros trabajar con libertad y como resultado, entra en escena el cansancio extremo.

Por otro lado, ninguna persona cansada rinde como se espera, más bien empieza a tomar decisiones que no son más que producto del agotamiento. Por tanto, tómese un tiempo para descansar, salga de paseo con su familia, procure relajarse y renueve sus fuerzas.

Descuido de la intimidad con Dios: el Señor fue enfático al decir: «Separados de mí nada podéis hacer» (Juan 15.5). Servir en la obra de Dios, lejos de las directrices que el dueño de la obra tiene para nosotros, es caótico, pues ¡cómo saber el método y las formas de llevar adelante esta labor si no estamos en constante comunicación con el omnisapiente! Es en la presencia de Dios donde encontramos las estrategias y la unción del Espíritu Santo para actuar de manera efectiva. Al estar conectados con el Señor influimos e impactamos positivamente en la vida de otros. ¡Que Dios nos ayude!


Acerca de la autora:

Lucila de Saucedo es panameña y está casada con el Rdo. Johnny Saucedo y es madre de tres hijos. Completó sus estudios teológicos en el Instituto Bíblico de las Asambleas de Dios, donde ahora es profesora. En la actualidad, dirige la Escuela El Buen Pastor Jireh. Además, junto con su esposo pastorea el Centro Misionero Jehová Jireh, y ambos son directores del Programa Nacional de la Familia de las Asambleas de Dios. Es también fundadora y directora del ministerio de mujeres denominado Nacidas para Vencer.

Tomado de Apuntes Mujer Líder, volumen IV, número 3. Todos los derechos reservados.


miércoles, 22 de abril de 2009

Mujer es tu Turno de Brillar


Sin duda alguna hemos podido presenciar un mover sobrenatural de parte del Espíritu Santo en estos tiempos, y es por esto que Dios está levantando una nueva generación de mujeres visionarias y con un gran potencial. Sabemos que en el corazón de la mujer está el anhelo de poder entrar en la dimensión de la fe y de la conquista, lo que implica tener un cambio de naturaleza; es decir, permitir que nuestro código genético sea reemplazado por el de Jesús. Fue así que con su venida se estableció un nuevo camino de redención y de victoria. Estamos seguros que en esta convención veremos la gloria de Dios.

Durante esta convención trataremos los siguientes temas:
  • La mujer en el pastorado
  • La mujer como empresaria
  • Como ser una mujer de influencia
  • Tips de belleza para la mujer
  • II Entrega Premios SARA 2009





Para mayor información :



Pagina Oficial de la Convencion

martes, 2 de diciembre de 2008

¿Cómo administrar mi tiempo? 

¿Cómo administrar mi tiempo? 



Las horas y los minutos no dependen de nosotros para seguir avanzando, solo podemos administranos a nosotras mismas para aprovecharlo mejor 


¿Cómo Administrar el Tiempo en Medio de Tantas Responsabilidades del Hogar y de la Iglesia?

El tiempo en sí no podemos administrarlo, las horas y los minutos no dependen de nosotros para seguir avanzando, solo podemos administranos a nosotras mismas para aprovecharlo mejor y eso requiere una gran disciplina

 

Siempre debemos recordar que la familia es nuestro primer ministerio. Esta enseñanza bíblica debe estar siempre presente en nuestro corazón y en nuestra mente. Incluso podríamos agregar que la familia es más que un ministerio, es una tarea que Dios no le ha encargado a nadie más que a nosotras. Sabiendo que ante nuestra primera prioridad de nutrir nuestra vida espiritual con la Palabra y la oración, a la par tenemos, la administración de nuestro matrimonio, de nuestra familia y de nuestro hogar. Que al igual que la mujer de Proverbios 31, podamos siempre considerar bien los caminos de nuestra casa tal como dice en el versículo 27: “Está atenta a la marcha de su hogar, y el pan que come no es fruto del ocio.” 

 

Entre el hogar y el ministerio, ¿cómo nos preparamos para lograr realizar fielmente (con pasión y propósito) todo lo que Dios pide y espera de nosotras? El manual de Dios nos da la respuesta en el capítulo 5 de la carta de Pablo a los Efesios en donde nos dice que debemos aprovechar el tiempo. 

 

Efesios 5:15 “Mirad, pues CON DILIGENCIA cómo andéis, no como necios sino como sabios, 5:16 APROVECHANDO BIEN EL TIEMPO, porque los días son malos. 5:17 Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor.”

 

Aprovechar el tiempo significa: hacer rendir, fructificar, producir, hacer valer. 

 

Logramos administrarnos a nosotras mismas cuando con diligencia, aprovechamos al máximo cada minuto y cada hora de nuestra vida tan llena de diversas actividades.

 

Aprovechamos el tiempo cuando con determinación y oración le pedimos a Dios que nos dé Su sabiduría para tener idea de como administrarnos para aprovechar mejor cada minuto ,cada hora y cada día de nuestra vida, para con Dios y nuestra familia.

 

Haz una lista de tus actividades, separa las relevantes de las menos importantes, identifica aquellos momentos ociosos (puede ser una larga siesta. una telenovela o el tiempo del internet), usa el teléfono para acortar distancias no para alargar conversaciones; en una mañana puedes cocinar para tres días, si tienes la facilidad, utiliza los servicios de una ayuda doméstica por lo menos dos veces a la semana. Pon la creatividad e ingenio que Dios te ha dado para lograrlo. Pero sobre todo no dejes de tener tu tiempo con el Señor quien en comunión contigo renovará tus fuerzas y pensamientos.

 

La mujer cristiana moderna también está trabajando en la iglesia activamente y me imagino que este es tu caso. No debes comprometerte a más de lo que puedes sobre llevar y cumplir con excelencia. Si eres una pastora o una líder que tiene mucho que hacer en la iglesia, mi consejo, que además es el mandato y ejemplo de Jesucristo, es que puedas formar discípulas a quienes con confianza puedas delegar tareas importantes.

 

Pídele al Señor que te de sabiduría para planear cada día de tu vida, carácter y disciplina para cumplir lo que te propongas, y paz para lo que no puedas cumplir. 

 

Salmo 90:12

“Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría”  

 

jueves, 16 de octubre de 2008

MUJER, EL MINISTERIO ES TU HERENCIA


Por la fe también la misma Sara, siendo estéril, recibió fuerza para concebir; y dio a luz aun fuera del tiempo de la edad, porque creyó que era fiel quien lo había prometido” (Hebreos 11:11).

Este verso es muy importante para mi vida; primero, porque Sara, la esposa de Abraham, ha sido un gran ejemplo para mí; el Espíritu Santo me mostró no sólo como vino la multiplicación a través de Abraham sino también a través de Sara. Eva falló a Dios, pero Sara tomó su lugar y creyó al Señor, no miró las circunstancias, fue una mujer de fe. Cuando comencé a leer la Biblia, algo que me impactó fue la vida de esta mujer y el Espíritu Santo me decía: “Siempre que estés en oración tienes que ir a la tienda de Sara y, cuando entres en oración al lugar donde ella vivía, vas a heredar todo lo que Sara poseía. Porque tú has creído en Jesús y toda esa herencia es para ti también. Te daré esos tesoros para ti, tus hijas, tus discípulas”.

Yo comprendí que es muy importante que uno tenga un profundo deseo de que Dios lo use para bendecir a otros. Usted tiene que sentir el deseo de nacer al ministerio. Hay varios nacimientos; el de padres humanos, el de la vida espiritual cuando se acepta a Jesús y cuando se nace al ministerio, como va a suceder ahora en su vida. En usted debe nacer ese deseo que se convierte en una oración intensa, mañana, tarde y noche, una oración que trae agonía, una oración como la de Sara, pues muchas veces antes de nacer al ministerio hay esterilidad.

Nosotras las mujeres nacemos con ese deseo de dar vida; por eso, cuando somos madres es una gran felicidad la que nos llena, por eso el Señor nos dijo que seremos madres de multitudes. En usted hay una nación. Créalo.

Sara vivió un tiempo de vergüenza, pero luego recibió la fuerza para concebir, y usted debe orar por recibir esa misma fuerza; que la sombra del Omnipotente esté con usted como lo hizo con Sara y con María. Para ello, primero, debe entrar al cuarto de la oración y derramar lágrimas, y el Espíritu Santo la escuchará. Al recibir Su fuerza va a concebir en su espíritu. Lo segundo es que usted tiene que ver, si no ve no posee, y debe hacerlo con los ojos de la fe. Mirar sus discípulas, su familia sacerdotal, su nación rendida completamente para Dios.

En tercer lugar tiene que confesar, dar un nombre nuevo a su vida, a su hogar y a su ministerio. El nombre va unido a la naturaleza; por eso el Señor cambió el nombre a Sarai, princesa triste por Sara, princesa de multitudes (Génesis 17:15). Hoy el Señor va a cambiarle el nombre. Dios cambió mi nombre, porque yo era princesa triste pero, cuando entré a la tienda de Sara, vino la gran bendición y la multiplicación.

El Espíritu Santo es el administrador de las riquezas del Padre y del Hijo, y Él me dio esa bendición; todas las mañanas entro a esa tienda y Su Espíritu me da fuerza. He tenido muchos desafíos en mi vida y, antes de cualquier responsabilidad, siento que necesito la fuerza de Dios con Su Palabra. “Mi presencia irá contigo y te dará descanso” (Éxodo 33:14). Entrar en intimidad con Dios nos rejuvenece; donde está la unción, la vejez no puede estar. Entonces, si quiere rejuvenecer, entre al ministerio y vendrá la unción. Cada día es nuevo y por eso el Señor nos cambia el nombre; esto es lo que el Espíritu Santo quiere hacer en su vida.

Mujer, usted tiene una herencia pero no la ha poseído; este es el tiempo en que el Señor revindica el ministerio de la mujer. Él quiere que las mujeres prediquen el Evangelio y les habla a los Pastores para que le den la oportunidad a sus esposas de llevar Su Palabra a las mujeres. Las mujeres necesitan pastoras ungidas, y ésa es usted. El Señor no le abandonará, la unción de Él estará sobre su vida; entre en pacto con Dios y dígale que le servirá a Él con todo el corazón, Dios le protegerá y le dará la sabiduría. En la iglesia, el Espíritu Santo quiere mostrar la genuina pureza y belleza que fluyen del espíritu de la mujer; este es el tiempo de la mujer. El Espíritu Santo nos lleva a tomar estadios de multitudes para las mujeres.

Hoy el Espíritu Santo le cambia el nombre, la hace madre de multitudes. Hoy puede entrar a esa tienda como la de Sara donde ve y posee. Cuando yo lo hice mi vida cambió. Cuando usted entra la tienda de Sara, hereda lo que ella poseía: una gran fe, un esposo que la amaba, rico en bienes, una belleza especial. A través de nuestra confesión, viene la prosperidad a nuestros esposos. Sara cambió la naturaleza de su descendencia; lo que usted diga que serán sus hijos, así crecerán. Esta es su herencia, lo único que quiere el Espíritu Santo es que abra su mano y la tome tal como lo hizo Sara, tome la bendición para su hogar, su matrimonio, su ministerio; desde hoy se verá como pastora de multitudes. El Señor le dará además sanidad. Acepte usted toda esta maravillosa herencia, pues hoy se desata el poder de Dios y la fuerza del Espíritu Santo viene sobre su vida.

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