Mostrando entradas con la etiqueta ORACIÓN. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ORACIÓN. Mostrar todas las entradas

viernes, 22 de mayo de 2009

Oraciones que no son

Oraciones que no son
Siempre existe el peligro de que nuestras oraciones las desenfoquemos de Dios y las dirijamos a nosotros

Texto Bíblico base: Lucas 18.11-12

Nuestra primera reacción a esta escena es fácilmente previsible. Sentimos inmediata indignación por la hipocresía del fariseo. ¿Cómo es posible que un hombre —nos preguntamos— sea tan ciego y orgulloso que se haya atrevido a elevar a Dios semejante monumento a la vanidad? Seguros de que nunca hemos elevado a los cielos una oración tan grosera como la del fariseo, desecharlo no demanda de nosotros más que unos instantes de reflexión. Avanzamos en nuestra lectura y nos encontramos con el publicano. El contraste es demasiado abrumador que la conclusión no es más que un trámite. ¿Quién de nosotros no sabe que la del publicano es la postura aceptable delante de Dios?

Un momento. ¡No avance usted tan rápido! Pasó por alto un frase que es profundamente inquietante, el evangelista dice que el líder religioso, poniéndose en pie, «oraba consigo mismo». La Nueva Versión Internacional traduce este versículo así: «El fariseo se puso a orar consigo mismo.»

Olvídese por un instante de lo obviamente egocéntrico que son las frases de este hombre, y medite en esta realidad: hay oraciones que no están dirigidas a Dios, sino a uno mismo. ¿No le hace temblar? Sabiendo que nuestro corazón nos engaña permanentemente, no podemos descartar con facilidad que este sea nuestro caso.

El ejercicio de la oración padece de una característica que la hace propensa a esta debilidad. Cuando oramos, nuestro diálogo con él no contiene Su voz audible que nos corrige y encamina nuestras oraciones hacia cosas más espirituales. Solamente nosotros nos oímos. Por eso debemos prestar atención al susurro del Espíritu que le da testimonio a nuestro espíritu acerca de lo acertado o no de nuestra espiritualidad. No obstante, ¡qué fácil es errar el camino!

Esta cuestión no es de fácil resolución, de modo que hacemos bien al estar en permanente guardia contra este peligro. Permanecer conscientes de que muchas de nuestras oraciones puden estar dirigidas más hacia nosotros mismos que a Dios, ya es un avance importante. Como mínimo, debemos proceder con mucha cautela.

Quisiera agregar dos observaciones más. En primer lugar, hay mucho peligro en el exceso de palabras. El autor de Eclesiastés nos recomienda: «Cuando fueres a la casa de Dios, guarda tu pie; y acércate más para oír que para ofrecer el sacrificio de los necios; porque no saben que hacen mal. No te des prisa con tu boca, ni tu corazón se apresure a proferir palabra delante de Dios.» (5.1 y 2) Y en segundo lugar, es muy fácil que nuestras oraciones estén enteramente ocupadas con nosotros mismos: mis deseos, mis pedidos, mis necesidades, mis planes, mis confesiones. Cuando usted ve que la palabra «yo» o la palabra «mi» pasa con mucha frecuencia por sus labios, empiece a preocuparse.

Para pensar:
¿Alguna vez se ha dado a la tarea de analizar sus oraciones? ¿Qué tan genuinas son? ¿Cuánta palabrería innecesaria las acompañan? ¿Dónde necesita hacer modificaciones para que no acabe «orando consigo mismo»?

Autor: Christopher Shaw. Producido y editado por Desarrollo Cristiano Internacional para DesarrolloCristiano.com. Copyright ©2003-2009 por Desarrollo Cristiano, todos los derechos reservados.


domingo, 17 de mayo de 2009

El Perdón y la Oración


El Perdón y la Oración

La oración eficaz de un creyente proviene de una vida entregada a la voluntad y el amor de Dios.

La oración eficaz de un creyente proviene de una vida entregada a la voluntad y el amor de Dios. No conforme a lo que nos esforcemos por hacer cuando estamos orando, sino onforme a lo que hacemos y somos cuando no estamos orando.

Después que Jesús llamó a sus discípulos, les dio su primera enseñanza pública en el Sermón del Monte. Allí les expuso el reino de Dios, sus leyes y su vida. En este reino, Dios no solo es Rey, sino también es Padre. Y la primera cosa que el Señor enseña a sus discípulos es que tienen que tener un lugar secreto para la oración; cada uno tiene que tener algún lugar solitario donde pueda estar a solas con su Dios. La completa separación de todo lo que nos rodea nos ayudará a que nuestro espíritu llegue a ponerse en contacto con el Invisible...Y así somos enseñados en la oración eficaz.

Marcos 11:24-25 “Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá. Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas”.

El mismo Jesús enseñó: "y cuando estuviereis orando, perdonad…”, estas palabras siguen inmediatamente después de la gran promesa con respecto a la oración en el versículo 24: "Y todo lo que pidiereis orando creed que lo recibiréis, y os vendrá" y las palabras que preceden a esta promesa son: "tened fe en Dios…" esto nos enseña que en la oración todo depende de que nuestra relación con Dios sea una relación auténtica, estas palabras que le siguen nos recuerdan que nuestra relación con nuestros semejantes tiene que ser auténtica también.

El amor a Dios y el amor a nuestro prójimo, son inseparables, la oración que se levanta de un corazón que, no bien no está bien con Dios por una parte, o con los hombres por la otra, carece de poder. La desobediencia a la ley del amor a los hombres, puede ser el gran pecado aún en la gente de oración, y la gran causa de la debilidad de su oración.

Y esto, no es solamente cuando sabes que hay algo que está mal entre tu prójimo y tu mismo, sino también por la costumbre que tenemos de pensar mal y juzgar a los demás; pensamientos y palabras sin amor que permitimos que pasen sin darles importancia. Todo esto influye negativamente en la eficacia de nuestra oración.

LA ORACIÒN EFICAZ DE UN CREYENTE PROVIENE DE UNA VIDA ENTREGADA A LA VOLUNTAD Y EL AMOR DE DIOS. NO CONFORME A LO QUE NOS ESFORCEMOS POR HACER CUANDO ESTAMOS ORANDO, SINO CONFORME A LO QUE HACEMOS Y SOMOS CUANDO NO ESTAMOS ORANDO.

Es un todo: nuestra comunión con Dios, la promesa y sus condiciones son inseparables. Si nosotros cumplimos las condiciones, El cumple la promesa. “Si permaneciereis en mí y mis palabras permanecieren en vosotros, pediréis todo lo que quisiereis, y os será hecho.” (Juan 15:7) En oración nosotros pedimos todo lo que queremos pero esto tiene una simple condición: " Si permaneciereis en Mi…"“Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor.” (Juan 15:10) ¿Por qué esta condición? Porque con el hecho de permanecer en El no solo hacemos Su voluntad, sino que guiados por su Santo Espíritu también pedimos de acuerdo a Su voluntad lo cual nos puede garantizar una respuesta afirmativa a nuestra oración.


De esta manera si tú has pedido, tienes fe y vives de acuerdo a Su voluntad, ten la certeza de que la respuesta vendrá en su momento justo, ya que como también sabemos, que con fe y paciencia se esperan las promesas.

miércoles, 22 de abril de 2009

Las 3 llaves del Reino


Pastor Hugo López
Las 3 llaves del Reino

Dar, orar y ayunar son instrumentos poderosos para recibir bendición. Las recompensas vienen cuando utilizas estas llaves para abrir las puertas de los cielos.

Galardones y recompensas

Hebreos 11:6 dice: Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.

Dios tiene galardones para los hombres y mujeres de fe capaces de agradarle con su vida. Un galardón es una recompensa o premio especial y los tuyos dan testimonio de cuánto buscas al Señor. Buscar a Dios no significa venir dos horas a la iglesia cada domingo, es reconocer la necesidad que tienen de Él, no sólo cuando las cosas van mal, sino en cualquier momento.

Dios tuvo que poner galardones para que le busques. Nos sucede igual con nuestros hijos. Los premiamos para educarlos. Tengo un hermano a quien mis papás le pagaban para que hiciera sus deberes. De igual forma, el Señor busca motivarnos. Pero debes saber que ese es solamente el comienzo de la relación, no debemos esperar siempre algo para buscarle. Anhela al Señor por lo quien es, no por lo que pueda darte y cuando obtengas lo que necesitas búscale aún más.

Llaves de bendición

Todos tenemos llaves que utilizamos para abrir puertas y activar infinidad de mecanismos útiles. Imagina lo inútil que sería la llave de tu carro si no pudieras encenderlo con ella. Lo mismo pasa con la Palabra que recibes. De nada sirve que tengas la llave si no logras hacer que funcione. Si piensas que Dios no escucha tu voz porque tus necesidades continúan angustiándote, seguramente no has utilizado bien las llaves que te dio. Hay tres tipos de llaves.

La llave de dar generosamente

Mateo 6:1-4 no relata: Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos de ellos; de otra manera no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos. Cuando, pues, des limosna, no hagas tocar trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser alabados por los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. Más cuando tú des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha, para que sea tu limosna en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.

La Palabra nos habla de recompensas que podemos alcanzar de acuerdo a la motivación con que compartamos lo que tenemos. Si das esperando recibir no obtendrás galardones. Dios siempre observa lo que hacemos y debes comprender la diferencia entre diezmar u ofrendar y dar limosna. Cuando diezmas no das lo que te sobra a alguien que tiene necesidad, sino que siembras en el Reino que te pertenece.

Nunca le cierres tu mano al necesitado. Quien al pobre da, a Jehová presta. Nosotros en Casa de Dios tenemos el banco de alimentos para que todos tengamos la oportunidad de compartir. Puedo dar testimonio de que dar es la mejor forma de recibir. Cierta vez recibí a una pareja que venía del interior de país. Buscaban oración de sanidad para la esposa que estaba muy enferma. Nuestro médico confirmó el diagnóstico de una apendicitis que requería operación de emergencia. La llevamos a un sanatorio y tres personas de la iglesia nos hicimos cargo de los gastos porque ellos no tenían recursos económicos. Lo que yo aporté era el dinero que estaba ahorrando para hacerme un tratamiento dental. Me quedé sin ese dinero pero con la gran satisfacción de haber contribuido a salvar una vida. Además, la sonrisa que tengo ahora demuestra que el Señor recompensó mi capacidad de dar y me retribuyó.

La llave de la oración

Mateo 6:5-6 continúa: Y cuando ores, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.

La segunda recompensa pública tiene que ver con buscar a Dios en la oración. Pero debes orar en forma efectiva y no mecánicamente. Todos doblamos nuestras rodillas en algún momento y si lo haces correctamente, debes ser capaz de encontrar respuestas para tu vida. Debes orar en secreto para que tu recompensa sea evidente y manifiesta.

La oración del Padre Nuestro habla de ocho cosas importantes y seis de ellas hablan de pedir. Recordemos que pedir es necesario para la Gloria de Dios. Para recibir lo que pides debes orar con fe y dar de lo que tienes. La estrategia para recibir en abundancia es compartir.

La llave del ayuno

En Mateo 6:16-18 leemos: Cuando ayunéis, no seáis austeros, como los hipócritas; porque ellos demudan sus rostros para mostrar a los hombres que ayunan; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. Pero tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu rostro, para no mostrar a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.

No creas que eres espiritual si ayunas públicamente. Actuando de esa forma, lo único que recibirás será la admiración de los que te rodean y será imposible que obtengas lo que el Señor quiere darte. No actúes interesadamente.

Cuando ayunes hazlo de corazón. Dios habló de dar, orar y ayunar en un solo mensaje porque son tres llaves que tienen el poder de traer recompensas a nuestra vida. Utilízalas correctamente para agradar al Señor. Las tres son importantes y van de la mano ya que unidas son más efectivas. Quienes las ejercen por separado también tienen su recompensa en el cielo y la vida eterna. Pero si las practicas juntas recibirás las recompensas en la tierra. Dios es galardonador de quienes le buscan.

Ayunar tiene el poder de transformar la fe de las personas. Si renuncias a alimentar tu cuerpo para alimentar tu alma y demuestras dominio propio reflejas tu voluntad para buscar espiritualmente la Palabra y demuestras que eres capaz de recibir.

Las recompensas

Mateo 6:19-20 continúa: No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan.

Esto es confuso, no me explicaba la razón por la cual, luego de hablar de galardones, el Señor nos pide que no intentemos atesorar en la tierra. La clave está en recibir las recompensas y sembrarlas en el Reino. Atesora en el cielo para continuar recibiendo.

Mateo 6:24 nos recuerda: Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.

En este pasaje lo confirmamos, nuestras recompensas públicas no deben ser para atesorarlas en la tierra sino para ponerlas a disposición de la obra de Dios.


tomado de ::: www.cashluna.org



miércoles, 6 de agosto de 2008

El Antídoto más eficaz - La Oración

E-Mail

Image

Después de un día de camino, un pequeño equipo de predicadores del Evangelio llegó a una aldea de Indonesia, conocida por sus prácticas de ocultismo. Se les dio comida, pero cada uno se preguntaba: ¿No estarán envenenados estos alimentos? Mas uno de ellos dijo: –Jesús mandó dar testimonio y comer todo lo que sea ofrecido; confiemos, pues, en él. La comida fue precedida y seguida por varias oraciones. De repente, un aldeano vino a avisarles: –Sus alimentos fueron envenenados por el gran brujo. ¡Antes de que salga el sol, todos ustedes estarán muertos! Estos creyentes se arrodillaron y oraron fervientemente para que Dios interviniera y hablara a ese pueblo atado por el miedo y la esclavitud de Satanás.

Hacia las cuatro de la mañana, un hombre completamente desesperado surgió de la sombra. Presa de una extrema angustia, se echó a los pies de los misioneros, rogándoles: –¡Sálvenme! ¡Sálvenme! Soy el brujo y sé que si ustedes no están muertos cuando salga el sol, soy yo el que va a morir. La mala suerte se volverá contra mí. ¡Tengan piedad! Díganme, ¿qué debo hacer para ser salvo?

El brujo obtuvo la misma respuesta dada en Hechos 16:31 por Pablo y Silas al carcelero de Filipos:
Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo. Este versículo produjo el mismo resultado: creyó en Jesús. Actualmente hay muchos cristianos en esta región de Indonesia.

«(El Señor dijo a los setenta a quienes envió:)
En cualquier casa donde entréis…
posad en aquella misma casa,
comiendo y bebiendo lo que os den;
porque el obrero es digno de su salario. » - Lucas 10:5, 7.

jueves, 24 de julio de 2008

Perdonad para que vosotros también seáis perdonados


Marcos 11:25-26 (Reina-Valera 1960)

25 Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro

Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas.

26 Porque si vosotros no perdonáis, tampoco vuestro Padre que está en los cielos os perdonará
vuestras ofensas.

Marcos 11:25 (Nueva Versión Internacional)

25 Y cuando estén orando, si tienen algo contra alguien, perdónenlo, para que también su Padre que está en el cielo les perdone a ustedes sus pecados

miércoles, 9 de julio de 2008

Anécdota en New York

ImageA mediados del siglo XIX una conmoción sobrevino a la ciudad de Nueva York. Miles de comercios quebraron cuando los bancos fallaron, y el ferrocarril fue a la bancarrota. Las fábricas cerraron y un enorme número de personas perdió el empleo. Sólo la ciudad de Nueva York tenía 30.000 desempleados.

El 1 de julio de 1857, un hombre de negocios tranquilo y celoso llamado Jeremiah Lanphier fue nombrado misionero en el centro de la ciudad de Nueva York. Lanphier fue nombrado por la Iglesia del Norte, que pertenecía a la Iglesia Reformada Holandesa. Esta iglesia estaba sufriendo una disminución de la membresía por el traslado de la población del centro a las mejores zonas residenciales, y al nuevo misionero se le encomendó que visitara con diligencia a las personas del vecindario con el fin de aumentar la asistencia a la iglesia de personas de la población flotante de la parte baja de la ciudad.

Con carga por los necesitados, Jeremiah Lanphier decidió invitar a otros a unirse a él en una reunión de oración al mediodía una vez a la semana, los miércoles. Era una invitación dirigida a los hombres de negocio en general. Distribuyó un folleto que decía lo siguiente:

“¿Cada cuánto debemos orar? Siempre que vengan a mi corazón palabras de oración, siempre que vea que necesito ayuda, siempre que sienta el poder de la tentación, siempre que experimente un bajón o que sienta la agresión de un espíritu mundano.
En oración cambiamos el tiempo por la eternidad, y el negocio con los hombres por el negocio con Dios”. El texto mencionaba la hora (12 a 13 hrs.) y el lugar, y agregaba: “Yo estaré una hora; pero está abierta tanto a aquellos que no puedan estar más de cinco minutos como a aquellos que puedan permanecer toda la hora
”.

De acuerdo con esto, a las 12 en punto, el 23 de septiembre de 1857 se abrió la puerta y el fiel Lanphier tomó asiento para esperar la respuesta a su invitación. (...) Pasaron cinco minutos. No apareció nadie: El misionero se paseó preocupado por la habitación luchando entre el temor y la fe. Pasaron diez minutos. Aún no venía nadie. Pasaron quince minutos. Lanphier seguía estando solo. Veinte minutos; veinticinco, treinta, y después, a las 12,30 se escucharon unos pasos en las escaleras y apareció la primera persona; después, otra, otra y otra. Seis personas estaban presentes cuando comenzó la reunión de oración. El miércoles siguiente hubo cuarenta.

Así que la primera semana de octubre de 1857 se decidió tener una reunión diaria en vez de semanal. En seis meses, diez mil hombres de negocios se reunían diariamente para orar en Nueva York, y en dos años se añadieron un millón de convertidos a las iglesias norteamericanas.

Sin duda, el mayor avivamiento en la pintoresca historia de Nueva York estaba sacudiendo la ciudad, y fue de tales dimensiones que toda la nación sintió curiosidad. No hubo fanatismo ni histeria, simplemente un increíble movimiento de personas que oraban.

"Si yo cerrare los cielos, para que no haya lluvia, y si mandare a la langosta que consuma la tierra, o si enviare pestilencia a mi pueblo; Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra. Ahora estarán abiertos mis ojos, y atentos mis oídos, a la oración en este lugar" - (2Cronicas 7:13-15).

Hay Obras que solo Dios Puede hacer, Pero es la oración El primer paso de Fé que debemos dar.

Fuente: Revista Nº 51 Aguas Vivas