Para lograr milagros necesitas conocer, tener fe y poner en práctica la Palabra de Dios. Todos anhelamos milagros pero para lograrlos necesitamos fe. El Señor dice que es más bendición dar que recibir y sólo dando es como recibimos. Cuando un milagro sucede hay alguien que lo recibe y alguien que lo facilita. Como hijos de Dios debemos provocar cosas buenas en otros para convertirnos en candidatos a recibir. La crisis es una realidad mundial que nos afecta a todos. En medio de la recesión económica, violencia y desempleo necesitamos fe y palabras de aliento. Mis empleados por ejemplo tienen suficiente con enfrentarse a los problemas en la calle, así que yo les motivo con palabras optimistas, no soy un jefe de cara amarga porque deseo ser identificado como un cristiano que practica su fe. Hechos 3: 1-7 nos dice: Pedro y Juan subían juntos al templo a la hora novena, la de la oración. Y era traído un hombre cojo de nacimiento, a quien ponían cada día a la puerta del templo que se llama la Hermosa, para que pidiese limosna de los que entraban en el templo. Este, cuando vio a Pedro y a Juan que iban a entrar en el templo, les rogaba que le diesen limosna. Pedro, con Juan, fijando en él los ojos, le dijo: Míranos. Entonces él les estuvo atento, esperando recibir de ellos algo. Mas Pedro dijo: No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda. Y tomándole por la mano derecha le levantó; y al momento se le afirmaron los pies y tobillos; El libro de Hechos en sus dos primeros capítulos relata la situación de los discípulos después de la resurrección de Jesús. Él les había pedido esperar a que el Espíritu Santo los visitara y derramara poder sobre ellos. Durante los 40 días posteriores al milagro de la resurrección les recordó los principios más importantes del Reino. Les dijo que debían imponer manos para sanar enfermos, llevar a las personas al conocimiento de Dios y recordar que la Palabra tiene poder. Finalmente el Espíritu Santo descendió sobre ellos y los llenó de unción. Seguramente fue un escándalo ver y escuchar a esos hombres borrachos en el Señor. Saber para creer Luego de recibir la unción Pedro y Juan se encontraron con el cojo. En ese momento Pedro recuerda las palabras de Jesús y confiando en ellas decidió sanarlo. No le dio limosna sino que cambió su vida para gloria del Señor. Pedro comprendió las promesas que conocía. Esa es la primera fase de la fe que produce milagros. Tú debes estar seguro de los que sabes acerca de las promesas de Dios y decidirte a actuar, así como Pedro lo hizo. El discípulo tomó lo que sabía y creyó. Ese es el proceso: escuchar y comprender la Palabra para luego ponerla en práctica. Creer para hacer El momento de la decisión es pasar del “saber” al “creer” porque puedes saber mucho pero no creer nada. Nota que aunque Pedro no sabía exactamente que había sucedido en su vida, estaba seguro que ya no era el mismo y compartió lo que tenía. Definitivamente sabía mucha Palabra al igual que los demás discípulos pero fue el primero en obrar un milagro porque se animó a creer. Muchas veces no trascendemos a una vida de milagros porque dudamos y estamos pendientes de lo que dirán los demás. Cuando no estás seguro de las promesas, prefieres no creer y evitar la vergüenza. Ahora piensa en el cojo, él no era cristiano, seguramente sabía algunas cosas sobre Jesús pero realmente no era un creyente. Muchas veces sucede así. Hay personas que tienen su vida comprometida con Dios pero no logran alcanzar sus milagros, por el contrario hay algunas personas que sin estar muy cerca del Señor reciben su milagro inmediatamente. Esto sucede porque creer puede más que saber, pero la fe con conocimiento es más poderosa. Fe para actuar Hechos 3:16-17 relata: Y por la fe en su nombre, a éste, que vosotros veis y conocéis, le ha confirmado su nombre; y la fe que es por él ha dado a éste esta completa sanidad en presencia de todos vosotros. Mas ahora, hermanos, sé que por ignorancia lo habéis hecho, como también vuestros gobernantes. Pedro hablaba de su propia fe y de cómo ésta era la llave para obrar milagros. Luego habló de la fe del cojo porque es necesario que ambos crean para recibir. Seguro Pedro también tuvo dudas frente a las personas que le veían pero las superó. En ese momento actuó en base a lo que sabía y creía. Esa es una gran lección para todos. Las cuestiones de la fe son así, debes estar convencido y actuar creyendo en las promesas. Obra según te corresponde y deja que Dios haga su parte. Si nos piden orar por un enfermo, debemos hacerlo con la fe de tener la Palabra y la decisión de hacerlo. Sin importar si el milagro de sanidad se hace evidente, debes darle gloria a Dios. No temas ni te avergüences porque la obra es de Él. Si el Señor ya te dio la Palabra, créele y confía. Él necesita esa plataforma de confianza para bendecirte. Imita a Pedro que decidió actuar, toma de la mano al cojo y ordénale que camine, entonces el milagro se producirá. Dios cumple lo que promete. La fe que produce milagros está basada en el conocimiento del Señor, tu carácter decidido y capacidad de actuar. Personalmente no quiero que me reprenda por haber desperdiciado todas Sus promesas. Quiero tomar la decisión sin miedo porque tengo la seguridad que de Su parte todo está listo para bendecirme. Actúa, no esperes más. Tenemos al Espíritu Santo que nos llena de poder. La unción es más que sentirte gozoso por un momento. Ser lleno del Espíritu es dejar que realmente te transforme en una mejor persona. No desperdicies la unción y actúes como un pato que al salir de agua está tal como antes.
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viernes, 19 de junio de 2009
lunes, 8 de junio de 2009
Cuatro preguntas II
Todos somos diferentes, tenemos un llamado y unción especial. Para lograr la unidad del cuerpo de Cristo debemos respetarnos e integrarnos como hijos del mismo Padre.
Gracias a Dios somos distintos y en esa diversidad podemos construir la unidad. Al respecto hay cuatro preguntas sobre cómo buscar la integración: ¿cuándo entenderemos que somos distintos?, ¿cuándo entenderemos que tenemos distintas capacidades?, ¿cuándo entenderemos que nuestra congregación es sólo una parte de todo lo que Dios está haciendo? Recuerda que Su iglesia es universal, regional, local y personal. Él está edificando y somos parte de ese crecimiento. Entendamos que otras congregaciones también están siendo utilizadas.
La cuarta pregunta es muy importante: ¿cuándo tendremos la seguridad personal para saber quienes somos y dejar de compararnos el uno con el otro? El Espíritu Santo debe darnos la gracia de descubrir y comprender nuestra propia identidad. Un líder inseguro de su identidad es peligroso. Puede ser un dictador o un insípido que nunca confronta a nadie. La única forma de lograr balance es saber quién eres. Si tienes que reclamar tu autoridad es porque ya la perdiste.
2da. Carta a los Corintios dice: “Porque no nos atrevemos a contarnos ni a compararnos, con algunos que se alaban a sí mismos, pero ellos, midiéndose a sí mismos por sí mismos y comparándose consigo mismos, no son juiciosos”.
Es falta de sabiduría compararnos entre nosotros. Cuando Dios te ilumine con la verdad de quién eres predicarás tan bien como sabes hacerlo. Ese día será de libertad y gloria.Dios no ha hecho distintos y debes comprenderlo. La multiforme gracia nos usa de forma muy particular. Se tú mismo, deja de intentar ser otro.
El Señor no quiere que seamos uniformes, quiere que tengamos unidad y debemos luchar por ella aunque cuesta sudor, lágrimas y humillaciones. Para promover la convivencia en unidad podemos practicar seis principios básicos:
Primero: respeta el hecho de que somos diferentes. Es necesaria la tolerancias a las diversas formas de vivir en Cristo. Efesios lo dice: “soportándoos los unos a los otros”. Es fácil amar a las personas agradables, pero es difícil amar a las personas difíciles. Si abrazas un espíritu de respeto lo lograrás. Benito Juárez dijo “El respeto al derechos ajeno es la paz”. Trata a todos por igual, con simpatía y deferencia.
Segundo: evita el juicio y señalamiento. No sembremos algo que no queremos cosechar. Si no te parece que Dios use a una persona ten por seguro que hay alguien que no le agrada que te use a ti. El que murmura de su hermano juzga la ley y nadie tiene derecho a hacerlo. No somos nadie para emitir juicios.
Tercero: bendice con tu boca y con tus acciones. Quien ofrece bendición nunca pierde, siempre gana. Defínete como instrumento de vida, consuelo y misericordia. Que ninguna palabra corrupta salga de tu boca.
Cuarto: no reciba el mal reporte y el chisme. Sin tanta habladuría y murmuraciones habría más unidad en el cuerpo de Cristo.
Quinto: alégrate cuando la gente conoce a Cristo sin importar dónde lo conocieron. Busca avivamiento aunque no sea a través de tu iglesia. Lo grande es que las almas sean ganadas para el Señor. Cuando una vida se entrega al Dios debe haber fiesta en el cielo y en tu corazón.
Sexto: conózcanse como amigos. Romanos 12: 10 dice: Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros. Genuinamente puedes tener la gracia de amar a tu hermano aunque sea de otra congregación. El amor fraternal debe prevalecer entre los cristianos.
A través de nuestras acciones estropeamos el trabajo del Espíritu Santo. Él quiere que el mundo crea y conozca al Señor pero con nuestras actitudes, juicios y murmuraciones lo complicamos todo. Ama a tus hermanos, promueve e invierte en la unidad del cuerpo de Cristo porque formas parte de Él.
sábado, 6 de junio de 2009
Esperanza en tiempo de crisis
La gloria de Dios se manifiesta en tiempos difíciles. Búscale en intimidad para que tu vida se llene de Sus milagros.
Eclesiastés 3:1-5 dice: Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora. Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado; tiempo de matar, y tiempo de curar; tiempo de destruir, y tiempo de edificar; tiempo de llorar, y tiempo de reír; tiempo de endechar, y tiempo de bailar; tiempo de esparcir piedras, y tiempo de juntar piedras; tiempo de abrazar.
La ansiedad, inseguridad e inestabilidad reinan hoy. Hay un tiempo para todo y el éxito depende de hacer lo correcto en el tiempo correcto. Para responder a los retos debes reconocerlos. La palabra crisis en japonés significa oportunidad. El Señor usa a los líderes para ofrecer guía y respuestas a Su pueblo.
No olvides que Dios trae esperanza en medio de las situaciones adversas que escapan a nuestro control. Él mismo las provoca para hablarte y hacerte ver la necesidad que tienes de Su presencia. Siempre hay un mensaje para ti en medio de la crisis.
En Hebreos 12:26 leemos: La voz del cual conmovió entonces la tierra, pero ahora ha prometido, diciendo: Aún una vez, y conmoveré no solamente la tierra, sino también el cielo.
Cuando tiembla sentimos miedo y nos invade la depresión. Dios sacude la tierra como consecuencia de la violencia, pecado y corrupción.
Hageo 2:6-9 nos recuerda: Porque así dice Jehová de los ejércitos: De aquí a poco yo haré temblar los cielos y la tierra, el mar y la tierra seca; y haré temblar a todas las naciones, y vendrá el Deseado de todas las naciones; y llenaré de gloria esta casa, ha dicho Jehová de los ejércitos. Mía es la plata, y mío es el oro, dice Jehová de los ejércitos. La gloria postrera de esta casa será mayor que la primera, ha dicho Jehová de los ejércitos; y daré paz en este lugar, dice Jehová de los ejércitos.
Luego de una tormenta financiera, espiritual, matrimonial o de cualquier tipo, el Señor derrama Su gloria. Una crisis es anuncio de algo grande y maravilloso. Recuerda que gloria significa majestad, esplendor y honra perceptible por los cinco sentidos. Además de ser la manifestación visible y tangible de Su presencia.
La gloria tiene que ver con prosperidad y riqueza. En medio de esta crisis Dios levantará millonarios y prosperará a Su pueblo. El problema que afrontas es temporal. Ha llegado el tiempo para comprobar que la gloria postrera es mayor que la primera porque Él te enseñará a depender de su misericordia y no de los falsos dioses terrenales.
Así como sucede en Israel durante el invierno, seremos testigos de la lluvia tardía que reverdece toda la región. Hasta ahora se han experimentado avivamientos en diversos países pero este es el momento de testificar el milagro de la gloria del Señor cubriendo toda la tierra. Esa lluvia tardía te bañará si buscas al Espíritu Santo.
Habacuc 2:14 Porque la tierra será llena del conocimiento de la gloria de Jehová, como las aguas cubren el mar.
Solamente podrás ver Su manifestación visible cuando encuentres el conocimiento que significa intimidad. No hablamos de conocimiento intelectual sino de revelación de Dios que nos hará luz en medio de la oscuridad. Si no hay conocimiento no hay manifestación divina.
Ten hambre por la gloria del Señor porque hay una aceleración increíble de la forma milagrosa como se manifestará. Adórale y exáltale, bendícelo para ver Su gloria en una poderosa dimensión.
Clama, busca y anhela la presencia de Dios. Con fe pídele te muestre Su gloria en este tiempo de oscuridad.
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Cuatro preguntas
Todos formamos parte del cuerpo de Cristo y debemos luchar por la unidad de la iglesia.
Nuestra iglesia latinoamericana está dividida. La fragmentación es un cáncer que nos inunda. Cada uno de nosotros funcionamos en forma única y el esfuerzo comunitario es importante para alcanzar las naciones para Cristo.
Juan 17: 20-23 dice: Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado.
El mundo no cree porque hablamos de unidad, perdón y amor pero no lo vivimos. El evangelio debe predicarse y vivirse diariamente. Dios no pide que seamos iguales, pide que tengamos unidad. Para descubrir las dificultades que implica hagámonos cuatro preguntas:
¿Cuándo entenderemos que somos distintos?
1ra. de Pedro 4:10 habla: Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios.
El plan divino es que tengamos diferentes formas de ser, trabajar, pensar y expresarnos. El mismo Creador nos hizo a todos, tanto a los altos y delgados como a los gordos y bajitos. Nuestro Señor es un Dios de variedad, multiforme en su gracia y hay que celebrarlo. Ni siquiera adoramos de la misma forma. Unos se postran y gritan, otros no. Evita juzgar a las personas diferentes. Somos como una orquesta sinfónica donde cientos de músicos con diferentes instrumentos se unen para interpretar la misma melodía. Tanto los violines como las trompetas son necesarios. Levantemos un sonido sinfónico para adorar.
¿Cuándo entenderemos que tenemos distintas capacidades?
1ra. de Corintios 12:5-6 nos comparte: Hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo.
Tenemos dones diversos. Puedo hacer cosas que otros. Oremos porque el Señor nos de la honestidad de encontrar el método que será efectivo para llevar nuestra comunidad a Sus pies. Por mucho que quiera, no predico como el pastor Cash Luna porque soy único.
1ra. de Corintios 12: 15-16 dice: Si dijere el pie: Porque no soy mano, no soy del cuerpo, ¿por eso no será del cuerpo? Y si dijere la oreja: Porque no soy ojo, no soy del cuerpo, ¿por eso no será del cuerpo?
Encuentra tu lugar. Tus dones son diferentes a los de otros, no son mejores ni peores, son complementarios así que gózate de ellos. Hay muchos métodos para llevar las almas a Cristo y al final todas funcionan. Es como comer con cuchara o tenedor, se logra lo mismo pero de forma diferente. Tus capacidades te equipan para cumplir tu llamado personal.
¿Cuándo entenderemos que nuestra congregación es sólo una parte de lo que Dios está haciendo?
En 1ra. de Pedro 2:5 leemos: Vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo.
Hay cuatro iglesias: la universal a la que todos pertenecemos, La regional como esta latinoamericana donde tenemos grandes desafíos. La local que está en cada congregación y es donde se identifican más problemas de unidad porque no es fácil dar gloria a Dios por lo que sucede en otras iglesias dentro de nuestra misma ciudad. La cuarta iglesia es la personal. Dios la edifica porque todos somos pastores y profetas que Él debe usar. Es arrogancia decir que mi iglesia es la única porque Él se sirve de todas en diferentes formas. A tu alrededor hay preciosos miembros del cuerpo de Cristo que debes valorar y bendecir. Es necesario que nos esforcemos para que el mundo crea que Jesús es la única respuesta. Pídele que te ayude a trabajar en favor de la unidad, como Él y el Padre son uno.
Administrar el poder del Señor
Si quieres unción debes demostrar que eres responsable para administrar el poder que Dios pueda darte.
Estábamos en México y fuimos testigos de un milagro impresionante. Una niña llamada Magali tenía una insuficiencia renal tan fuerte que su piel hedía porque supuraba pus. No podía caminar y luego de ser restaurada fue capaz de correr seis kilómetros diarios. Ahora son evidentes sus deseos de vivir. A donde voy cuento testimonios fuertes para identificar a los escépticos y los creyentes porque nunca falta quien cuestione lo que ve y esa actitud negativa dificulta la obra del Señor.
Mi encuentro personal con la unción del Espíritu Santo fue muy particular. Pasaron muchos servicios en la iglesia a la que asistía antes que me embriagara. Yo sentía envidia de mi esposa Sonia y de todos aquellos que eran llenos del Espíritu de inmediato. Todos se caían menos yo. Llegó un momento cuando preferí tirarme. Anhelaba la unción con todas mis fuerzas.
Cuando le pregunté al Señor porqué no me tocaba, su respuesta fue: “el problema es tu fe. Mírate, tienes dinero en tu cuenta y no eres capaz de comprarte un par de zapatos con tranquilidad, parece que no confías”. Allí comenzó el avivamiento en mi vida. Le creí al Señor como San Agustín quien en el seminario donde estudiaba para cura le pidieron que fuera a ver a unas vacas volando. Él salió a la ventana y el monje que lo había enviado le preguntó porqué era tan ingenuo y el respondió: “prefiero ser ingenuo y no pensar que los monjes mientan”. Con esa misma fe, al día siguiente de que el Señor me cuestionara fui a comprarme ropa y zapatos. Esa noche, en nuestra habitación, el poder de Dios vino sobre mi esposa y sobre mí con tal fuerza que sentimos cómo se hundía la cama. Fue sobrenatural.
Muchas veces antes de la unción hay frustración. Antes de ser usados por Dios el vacío de su presencia es tangible y deprimente. Si tienes hambre del Señor persiste en tu fe y Él te llenará. Si yo perseguí a Sonia para que fuera mi novia y se casara conmigo, ¿cómo no iba a perseguir al Espíritu Santo hasta atraparlo?
Cuando finalmente la unción te llena debes aprender a administrarla. Jesús administraba la unción cuando obraba todos los milagros que realizó. Lo primero que debes demostrar es tu generosidad. No puedes ser un hombre ungido y avaro. Dios no confiará su poder a una persona incapaz de compartir lo que tiene.
Integridad para recibir unción
Hechos 5: 1-10 dice: Pero cierto hombre llamado Ananías, con Safira su mujer, vendió una heredad, y sustrajo del precio, sabiéndolo también su mujer; y trayendo sólo una parte, la puso a los pies de los apóstoles. Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad? Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? y vendida, ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios. Al oír Ananías estas palabras, cayó y expiró. Y vino un gran temor sobre todos los que lo oyeron. Y levantándose los jóvenes, lo envolvieron, y sacándolo, lo sepultaron. Pasado un lapso como de tres horas, sucedió que entró su mujer, no sabiendo lo que había acontecido. Entonces Pedro le dijo: Dime, ¿vendisteis en tanto la heredad? Y ella dijo: Sí, en tanto. Y Pedro le dijo: ¿Por qué convinisteis en tentar al Espíritu del Señor? He aquí a la puerta los pies de los que han sepultado a tu marido, y te sacarán a ti. Al instante ella cayó a los pies de él, y expiró; y cuando entraron los jóvenes, la hallaron muerta; y la sacaron, y la sepultaron junto a su marido.
En este momento es cuando los apóstoles empezaban a recibir cien veces más de lo que habían dado. Pedro sólo hizo una pequeña pregunta para probar la integridad de estas dos personas. Estaba aprendiendo a administrar la unción que recibió.
El poder de Dios sobre la vida de un necio no conviene, más bien debe estar en manos de un sabio, de aquel que no busque la unción, sino al dador de esta. Alguien que no busca ser usado para sanar, sino al sanador. El Señor busca corazones íntegros y honestos que puede usar con confianza. Ahora hay mucho exhibicionismo. Algunos buscan el glamour que acompañan los estadios llenos y la fama. El poder de Dios debe ser utilizado para bendecir a los demás, jamás para buscar protagonismo.
Yo lo tengo claro, en uno de los congresos en el extranjero celebraron mi cumpleaños con muchos regalos y fiestas y ni me conocían. Yo les dije: “Ustedes no aman a Cash Luna sino al que le acompaña. Pero si Él no estuviera conmigo, no me darían nada. Yo lo entiendo, tengo los pies sobre la tierra”. Sé de qué se trata todo esto. Con mi esposa Sonia jamás buscamos la unción para tener una iglesia grande. La buscamos porque tenemos hambre de Dios, todo lo demás viene porque Él se quiere derramar. Temo que algunos de ustedes busquen al Señor por la razón equivocada pero tengo fe en que el Espíritu Santo cambiará esas razones erróneas.
Pastores y evangelistas, prediquen para satisfacer la necesidad de la gente de aprender, jamás lo hagan por satisfacer su necesidad de enseñar. No usen su imaginación para verse predicando en un estadio, úsenla para ver milagros en aquellos a quienes ministran.
La verdadera motivación
Hechos 8:19-23 relata: diciendo: Dadme también a mí este poder, para que cualquiera a quien yo impusiere las manos reciba el Espíritu Santo. Entonces Pedro le dijo: Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero. No tienes tú parte ni suerte en este asunto, porque tu corazón no es recto delante de Dios. Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad, y ruega a Dios, si quizá te sea perdonado el pensamiento de tu corazón; porque en hiel de amargura y en prisión de maldad veo que estás.
Simón el mago estaba amargado porque ya no era el grande en su pueblo, entonces quería la unción para recuperar su protagonismo. Deja de buscar a Dios para ser grande, sólo Él es grande. No lo busques por el motivo equivocado. No te engañes. Nos morimos sin él. Siento un pánico de muerte tan solo con imaginar mi vida lejos de Dios.
En Lucas 5: 17 leemos: Aconteció un día, que él estaba enseñando, y estaban sentados los fariseos y doctores de la ley, los cuales habían venido de todas las aldeas de Galilea, y de Judea y Jerusalén; y el poder del Señor estaba con él para sanar.
En ese momento Jesús tenía el poder pero no lo estaba utilizando. Cuando estás enseñando tienes el poder aunque no lo utilices. Es importante que como administrador te asegures de la fe de tu audiencia. A las cruzadas o iglesias a donde vamos, suelen invitarme varias veces antes de que acepte porque tengo que asegurarme que en esos lugares hay fe, de lo contrario mi presencia no tiene sentido.
La responsabilidad de ser un administrador
1ra. de Pedro 4:10-11 lo dice claramente: Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios. Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén.
Administrar es la clave. Todos quieren unción pero para recibirla tienes que demostrar ser buen administrador de tus finanzas, familia, tiempo y salud. No le dará Su poder capaz de resucitar a los muertos a alguien que lleva una vida desordenada. Los administradores tenemos que ser hallado fieles.
La unción es la manifestación tangible del poder de Dios. Dársela a un irresponsable es como darle a nitroglicerina a alguien que tiene mal de parkinson. Me esmero en administrar bien todo para dar seguridad de que soy capaz de administrar Su poder. La unción trae todos los recursos que se necesiten para la visión. Es hora de que tengamos gente ungida responsable. Es tiempo de buenos administradores de Su palabra y su poder.
Confía en Dios. Él hace más donde encuentra confianza que donde encuentra toda una teología. Entrégale tu anhelo de servirle desinteresadamente. Pídele que te use y que además te enseñe el poder de sembrar, cosechar y administrar todo cuanto te provea.
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lunes, 1 de junio de 2009
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por Apuntes Pastorales
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Los conflictos son un factor normal de toda relación entre personas. De hecho, si no se presentan revela que alguna faceta de la relación no está funcionando correctamente, pues es imposible que dos personas crezcan y maduren juntas sin que experimenten algunas tensiones interpersonales. La presencia de estos conflictos no es nociva para la relación, pero muchas veces la falta de madurez para manejarlos termina dañando seriamente a las personas involucradas. Por esto es fundamental manejar con sabiduría las tensiones que van surgiendo en un equipo para que el grupo involucrado siga creciendo hacia su pleno potencial. Algunos asuntos por considerar en cuanto a esto son: 1. Conozca el potencial del conflicto Según la forma en que se manejen, los conflictos pueden tener resultados muy positivos para los individuos que forman parte de un equipo, ya que siempre obligan a una evaluación personal. Cada una de las personas involucradas puede identificar actitudes y comportamientos que necesitan ser modificados. El conflicto también estimula al cambio, pero no aquel que resulta de los intentos de castigar a la persona con la cual surge la diferencia, sino de una apreciación honesta de los elementos que han contribuido negativamente al problema. Las situaciones de conflicto también proveen de oportunidades para manifestar correctamente emociones que podrían ser dañinas. A la vez, fomentan la honestidad en las relaciones interpersonales al abrir camino para un diálogo más íntimo y franco con el resto de los integrantes del equipo. Muchas veces es solamente en situaciones de conflicto que surgen actitudes y convicciones que estaban escondidas hasta el momento. 2. Conozca las alternativas para resolver conflictos Existen diferentes maneras de manejar el conflicto, cada una de ellas adecuada para determinadas situaciones. La clave para la resolución de dificultades interpersonales es poseer un alto grado de flexibilidad, porque las situaciones varían y demandan diferentes enfoques. Hay cinco caminos que pueden tomarse para resolver las contrariedades:
3. Conozca las reglas para «pelear limpio» Como se mencionó al principio de esta página, lo que más daña las relaciones no son los conflictos, sino la forma en que son manejados. Es importante, entonces, que en un equipo se establezcan reglas claras para la resolución de conflictos y se ayude a que no se trasladen al plano de lo personal. Algunas de las más importantes son: Sea dueño de sus emociones En situaciones de conflictos resulta común atribuir a los demás los estados de alteración que cada quien experimenta. Cuando se dice por ejemplo: «me haces enojar» o «me pones triste» en realidad afirmamos que nosotros no somos responsables de nuestros propios sentimientos. Sin embargo, la verdad es que cada uno de nosotros es dueño de las maneras en que reacciona y es más constructivo, por lo tanto, decir «me siento enojado» que intentar atribuir a otros mis propios estados de ánimo. Trate un tema a la vez Con frecuencia se aprovecha una situación de conflicto para mencionar todos los asuntos del pasado que no se conversaron en el momento oportuno. Esto por lo general, incluye una larga lista de supuestas ofensas a manos de la otra persona o personas y casi siempre logra «embarrar la cancha», pues el grupo termina concentrado en temas que no tienen ninguna relación con el asunto por tratar. Por eso es bueno que todos los miembros de un equipo hagan un esfuerzo por mantener la conversación enfocada en un solo asunto por vez. Evite las acusaciones Dios no nos da licencia para acusar a nuestros hermanos de nada, aun cuando existan actitudes incorrectas en la otra persona. En ninguna forma se contribuye a la resolución del conflicto cuando se acusa a los demás; resulta más productivo compartir las percepciones como observaciones personales que no tienen peso de verdad absoluta. Por ejemplo, frente a una actitud deshonesta, usted podría decir: «yo siento que lo que ocurrió no fue del todo honesto». Esto es muy diferente que afirmar: «usted es un hipócrita». Mantenga la separación entre persona y tema A muchas personas les cuesta separar a la persona de las opiniones que posee. No obstante, debe recordarse que son dos asuntos muy diferentes. La clase de amistad entre personas que sostienen opiniones opuestas no es posible si usted cree que las diferencias lo invitan a rechazar también a la persona que las expresa. Es posible que alguien difiera con usted, pero no por esto lo está descalificando. ¡Simplemente está expresando una opinión diferente! Si para cultivar amistades necesitáramos que todos pensaran igual que nosotros, ¡tendríamos muy pocos amigos! Evite exageraciones A veces deseamos darle más peso a nuestros argumentos. Para lograrlo, echamos mano de la exageración diciendo, por ejemplo: «todo el mundo está enojado con la decisión» o «siempre reaccionas de la misma manera». Si hiciéramos una evaluación honesta de la situación, encontraríamos que «todo el mundo» es, en realidad, el que habla y ¡dos personas más! Trate de quitar de su lenguaje estas cuatro palabras que indican exageración: Todo, nunca, nada y siempre. Afirme su amor por la otra persona No importa cómo termina la discusión de las diferencias con otros integrantes del grupo, no se vaya sin afirmar el valor de ser parte del equipo con ellos. Esta es una manera práctica y constructiva de poner por obra la exhortación del apóstol Pablo, que dice: «Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo» (Ef 4.26—27). Muchos equipos no logran superar los conflictos porque los resentimientos continúan vivos durante mucho tiempo. Resista esta tendencia demostrando su cariño y compromiso con los de su equipo, aun cuando estos pueden haberle fastidiado. Este es el camino que mostró Cristo para con sus discípulos. Cuando lo haga descubrirá cómo la preciosa gracia de Dios une su corazón a la de sus hermanos en un espíritu de amor que es a prueba de toda tribulación. Apuntes Pastorales, Volumen XXII – Número 4. Todos los derechos reservados. |
| Apelando al amor |
| Como líderes, siempre debemos apelar al amor, porque cuando el amor nos motiva produce poderosa obra de transformación |
Texto Bíblico base: Filemon 8 y 9 Esta es una de esas situaciones que, desde la perspectiva de nuestra sociedad, libre del comercio de esclavos, parece presentar la más clara y sencilla resolución. Como cristianos, creemos que la esclavitud es inaceptable en cualquiera de sus manifestaciones, sea laboral, económica o racial. Nuestra seguridad, no obstante, tiene mucho que ver con la ausencia visible de esclavitud a nuestro alrededor. En otros temas tales como el divorcio, el vivir de préstamos o el materialismo desenfrenado, nuestras convicciones tambalean, pues son temas que forman parte integral de nuestra cultura. La esclavitud en el siglo primero también era parte de una realidad cotidiana. Las persona que poseían aun modestos medios económicos eran dueños de al menos un esclavo. Es importante tomar conciencia de esto, porque nos ayudará a entender lo radical del gesto del apóstol Pablo. Defender a un esclavo que había escapado de la casa de su amo, una ofensa penada con la muerte, era una postura que resultaría incomprensible a la mayoría de las personas. Produciría una reacción similar a la que un cristiano, hoy, podría despertar al afirmar que el divorcio es una opción inaceptable para los que están en Cristo. No obstante, el apóstol, movido por una ley mucho más fuerte que la ley romana, apela a Filemón a que despliegue una actitud de gracia y perdón hacia el esclavo que había perdido. La intención de este devocional es reflexionar sobre la forma en que el apóstol realizó esta petición a Filemón. No sabemos con certeza el momento en que Filemón conoció a Pablo, pero parece muy probable que el apóstol haya sido una pieza clave en su conversión. La inversión de Pablo en su vida debe haber sido intensa y, quizás, prolongada. El apóstol le escribe, a manera de recordatorio «por no decirte que aun tú mismo te me debes también.» Es a este punto que Pablo se refiere en el versículo de hoy. La posición de autoridad espiritual que tenía con respecto a la vida de Filemón le daba derecho a Pablo, en Cristo, de ordenarle que hiciese tal como le estaba indicando. El apóstol no solamente creía que le pertenecía esta facultad, sino que confiaba que, de usarla, Filemón le obedecería. Pablo optó, sin embargo, por no recorrer este camino. En lugar de esto, efectuó su petición usando como argumento solamente el amor que unía la vida de ambos hombres. Nos deja una importante lección sobre la manera en que un líder insta a los suyos a la obediencia. Las órdenes impuestas tienen que ser siempre el último recurso que usa un pastor. Tienden a producir resentimiento y a levantar resistencia porque, entre adultos, se entiende que el diálogo es siempre la mejor opción. Pablo quería evitar que un posible resentimiento se canalizara luego hacia la vida de Onésimo. Apeló al amor, porque cuando el amor nos motiva produce poderosa obra de transformación en nuestras vidas. Es, siempre, el camino más excelente. Para pensar: Autor: Christopher Shaw. Producido y editado por Desarrollo Cristiano Internacional para DesarrolloCristiano.com. Copyright ©2009 por Desarrollo Cristiano, todos los derechos reservados. |
Dios de Elías
A D
declaran palabra de Dios
A E F#m
Y días también de Moisés tu siervo
A D
justicia reinando otra vez
A E F#m
y aunque libremos batallas
C#m D
hambruna carencia y dolor
A E
aun se oye voz que el desierto
A D
clama prepare el camino al señor
A E A
//////// CORO ////////
A E A
He aquí Yeshua viene ya
A D
brillando como el sol
A
en el cielo lo veras
E
declaran hoy
A
el año del señor de Sion llego
D A
la salvación
E
ESTROFA (2)
Días de Ezequiel también llegan
los huesos se llenan de piel
Y días de David tu siervo
tu pueblo te alaba por doquier
son días de gran cosecha
los campos ya listos están
somos obreros de tu viña
declaramos hoy tu verdad
| LIDERAZGO | ||
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por John R. Stott
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El estancamiento es hoy uno de los problemas más comunes del liderazgo cristiano, aún más grave que el desánimo. Cuando perdemos la frescura espiritual, nuestra visión empieza a desvanecerse y hasta puede disminuir nuestra fe; la gloria del evangelio puede empañarse al grado de que ya no nos emocione, no haya brillo en nuestros ojos, ni entusiasmo en nuestra acción. Entonces, empezamos a parecer agua estancada en lugar de riachuelos. ¿Cómo podemos, en medio de todas estas presiones que nos acosan, sobreponernos al desánimo, y también mantener la frescura espiritual? Personalmente, estoy convencido de que la raíz del estancamiento es, con frecuencia, la falta de autodisciplina. Quiero señalar tres tipos de disciplina: la primera es la disciplina del descanso y la relajación; la segunda es de administración del tiempo, y la tercera está relacionada con la vida devocional. En este número de Apuntes Pastorales publicamos la primera de las disciplinas. La disciplina del descanso y la relajación Los seres humanos somos criaturas extremadamente psicosomáticas. De hecho, somos criaturas pneumato-psico-somáticas, porque somos cuerpo, mente y espíritu. No es fácil entender la interrelación entre estas áreas, pero sabemos que la condición de una incumbe a las otras. La condición del cuerpo afecta de manera particular nuestra vida espiritual. A veces, cuando me consultan por un problema espiritual, advierto que la solución para esa persona es tomarse una semana de vacaciones. Cuando estamos con ganas de predicar acerca de Jesucristo, y además nos sentimos bien físicamente, las cosas resultan más fáciles. Por eso es necesaria la disciplina del descanso. En primer lugar, es necesario tomarse un poco de tiempo para uno mismo. Algunos líderes cristianos son trabajadores compulsivos: piensan que si no trabajan mañana, tarde y noche, no son buenos siervos de Dios. Ponen a Jesús como modelo, diciendo que Jesús siempre estuvo disponible a todas horas. Pero al afirmar esto, muestran que su conocimiento de la Biblia deja mucho que desear, porque Jesús no estaba disponible a todas horas. Quisiera darles a los trabajadores compulsivos el mensaje de Marcos 6.45: «En seguida hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir adelante de él a Betsaida, en la otra ribera, entre tanto que él despedía a la multitud». Despidió a la multitud, para poder descansar y orar. Por lo tanto, no debemos sentirnos culpables de tomar algunos periodos de descanso. Por mi parte, estoy muy agradecido por la siesta, jamás no podría levantarme temprano si no tomara una siesta por la tarde. Recuerdo muy bien cuando visité por primera vez América Latina. Había estado viajando por el continente, y en ese momento me encontraba en Argentina. Durante la última presentación pública en Buenos Aires, alguien me preguntó si había aprendido algo en América Latina. Rápidamente contesté que había adquirido tres valiosas lecciones: la primera era el gran beneficio de la siesta; la segunda era que estaba arrepentido del vicio inglés de la puntualidad, y en tercer lugar, me gustaba el gesto cálido de besar al saludar. Agregué que al regresar a Londres, tendría que olvidarme de dos de ellas… pero he mantenido la costumbre de la siesta. Aunque nuestras necesidades varían de acuerdo con nuestros temperamentos, todos precisamos un tiempo adecuado para dormir y descansar. También deberíamos tomarnos un día de descanso a la semana; me temo que yo mismo a veces no lo hago, pero creo que debemos obedecer con más fidelidad el cuarto mandamiento; si no lo hacemos, estamos afirmando tener mayor sabiduría que Dios, ya que él nos hizo de manera que necesitamos el ritmo de un día de descanso cada siete. Durante la Revolución Francesa, el ser humano trató cambiar esto, y lo intentó nuevamente en 1917, después de la revolución rusa, pero el experimento de hacer semanas de nueve o diez días fracasó. Dios sabía lo que hacía cuando nos dio un día de descanso cada siete, y no debemos pretender que tenemos mayor sabiduría que él. En segundo lugar, quiero referirme a las actividades recreativas, y a los pasatiempos. Probablemente cada uno de nosotros guste de practicar algún deporte, y eso es excelente, ya que nos da la oportunidad de hacer actividad física con nuestros amigos. Pero también es importante que tengamos un pasatiempo. Una alternativa podría ser interesarnos por algún aspecto de la naturaleza. Los cristianos evangélicos tenemos una buena doctrina de la redención, pero no de la creación. Me gustaría animarle a observar pájaros, por ejemplo. Quienes practican esta forma de esparcimiento difícilmente sufren colapsos nerviosos, ya que esta práctica permite hacer ejercicio y respirar aire puro. No encuentro palabras para describir la magia de las primeras horas de la mañana, después de la salida del sol, cuando he ido a disfrutar de la vista, los sonidos y los olores de la naturaleza; es una experiencia incomparable, y además mantiene ocupada la mente, alejándola de las presiones del trabajo. También ayuda a meditar acerca de la complejidad y la belleza de la creación de Dios. En cuento sea posible, nuestro pasatiempo debe hacerse al aire libre. En tercer lugar, pero no menos importante, tenemos la familia y los amigos. Por lo general reconocemos que en nuestro círculo familiar nos aman y nos aceptan, por lo que podemos relajarnos. Los casados nunca deben olvidar que es vital dedicar suficiente tiempo a sus familias Todos necesitamos también amigos fuera del círculo familiar, especialmente si somos solteros. Es bueno orar por nuestros «amigos del alma», pues son personas con quienes podemos compartir profundamente nuestras experiencias espirituales. Me pregunto si valoramos suficiente el regalo de Dios de la amistad. ¿Cómo completarían el siguiente versículo, escrito por Pablo?: «Porque de cierto, cuando vinimos a Macedonia, ningún reposo tuvo nuestro cuerpo, sino que en todo fuimos atribulados; de fuera, conflictos; de dentro, temores. Pero Dios, que consuela a los humildes, nos consoló con…» ¿Con qué?, ¿cómo termina el versículo?, ¿cómo consoló Dios a Pablo cuando estaba cerca del colapso? Los cristianos «súper espirituales» probablemente dirían: «Dios los consoló con la presencia de Jesús», pero no es así como continúa Pablo. Él «nos consoló con la venida de Tito», con la llegada de un amigo cercano y las noticias que él traía. Dios utiliza esta necesidad humana de la amistad para consolarnos. Tenemos otro ejemplo de Pablo, al final de su segunda carta a Timoteo: parece que está en la prisión de Mamertina, en Roma, donde no había ventanas sino solamente unas pequeñas aberturas circulares en el techo, por las que entraba luz y se ventilaba la celda. Pablo saldría de esa prisión solo para su ejecución. Fue entonces cuando confesó: «He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe». Él se encontraba en la plenitud de su madurez, al final de su vida; sin embargo, se sentía solo; era un gran cristiano, maduro, pero solo. Entonces escribió acerca de la presencia de Dios en el capítulo 4 («Pero el Señor estuvo a mi lado, y me dio fuerzas») y acerca de la esperanza de la segunda venida de Jesús, pero ninguna de estas dos verdades teológicas le quitaron el sentimiento de soledad. Después, en el versículo 9, anota «procura venir pronto a verme» y en el versículo 21: «procura venir antes del invierno». Pablo también le pidió al joven discípulo su capa porque tenía frío. Lo anterior nos hace ver que Pablo era un gran cristiano, pero también era muy humano y no temía admitir su necesidad de la compañía de sus amigos. En síntesis, necesitamos tomar tiempo de descanso, practicar deportes o pasatiempos y finalmente, requerimos de nuestra familia y amigos. Estas necesidades son humanas y nunca debemos avergonzarnos de admitir que las experimentamos. Se tomó de Los Problemas del Liderazgo Cristiano. ©1990 Ediciones Certeza ABUA. Se usa con permiso. © Copyright Apuntes Pastorales XXIV-4, todos los derechos reservados. |
| MUJER LÍDER | ||
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por Lucila de Saucedo
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¿Cuál será nuestro grado de influencia en otros? Cuando somos llamados al liderazgo, son muchas las personas que dependen de nuestras acciones y por ese motivo, de allí se define si impactamos positiva o negativamente sus vidas. El libro de Eclesiastés 10:1 declara lo siguiente: «Las moscas muertas hacen heder y dar mal olor al perfume del perfumista; así una pequeña locura, al que es estimado como sabio y honorable» (VRV -1960). No podemos ignorar que existe un sinnúmero de personas a nuestro alrededor buscando si tenemos huesos, porque es tal el grado de excelencia con la que vivimos la vida cristiana y con la que servimos al Señor que hay quienes dicen: «este (o esta) tiene que ser de carne y hueso, aunque demuestre lo contrario». Algunos están al acecho, pero no debe olvidarse que muchos serían gravemente afectados por un desliz nuestro, sólo porque consideran que somos personas dignas de admirar. Cuando se comete una locura, no importa la conducta previa; es como si apareciera un enorme borrador que elimina lo bueno que se haya hecho, no importa el tiempo, y deja ver sólo el error cometido. Esto ocurre porque se pierde el buen nombre, el buen testimonio que nos fue entregado por el Señor, e incluso el nivel de confianza que muchos habían depositado en nosotros. Empero, es preciso tener claro que ningún ser humano está exento de cometer errores, no importa si es siervo de Dios, si lleva un buen testimonio o si ha sido una excelente persona. Las locuras siempre andarán rondando para atraparnos y por eso que debemos cuidarnos de ellas; pensar en las consecuencias que traerían nuestras acciones, nos ayudará a evitar grandes faltas que muchas veces se convierten en un estilo de vida. Como ministros, llamados y apartados para una labor especial, debemos tener presente que una vez escogidos por Dios, pasamos del anonimato a tener una vida pública, una identidad; son muchos los que nos conocen, aunque no siempre conocemos a los que nos miran. ¿Cuáles son entonces las moscas muertas de las que debemos cuidarnos? Aquellos errores que a nuestro parecer no tendrán mayor repercusión, pero que a la larga hacen mucho daño. Solamente mencionaremos algunos de ellos, a fin de que usted tome las precauciones necesarias: La infidelidad: es una de las armas más poderosas en la destrucción de familias y ministerios. Debe recordarse que nadie es infiel de la noche a la mañana, sino que son las pequeñas zorras las que poco a poco van minando la relación matrimonial hasta hacerla caer. Cuando un esposo le dice a otra mujer cosas agradables que no le dice a su esposa, se enciende inmediatamente la luz intermitente anunciando ¡PELIGRO! Echar por la borda una relación matrimonial de muchos años y faltar al pacto de fidelidad sólo por un momento de placer, o cambiar a los hijos para criar aquellos que ni siquiera se engendraron, no es más que una locura. Malos manejos: hay quienes pretenden desarrollar su ministerio ofreciendo solo buenas predicaciones, pero la labor implica más ofrecer solamente mensajes bíblicos. Se trata de administrar, organizar y evaluar, cada cierto tiempo, el buen funcionamiento de todo el sistema empleado. Siempre es saludable trabajar con un equipo responsable de rendirnos cuentas en cuanto a lo financiero, pues ser juez y parte en los manejos económicos nunca será beneficioso, por eso se requieren personas a quienes tengamos que rendirles también nos den cuentas. No es saludable tomar decisiones sin buscar asesoría, sin consultar y sin meditar. Analizar antes de actuar redundará en grandes bendiciones para la obra del Señor. Abuso de autoridad: las personas que tenemos a nuestro cargo son colaboradores en la gran viña de nuestro Dios, no son empleados de nuestra hacienda o finca. Cuando entendemos que Cristo pagó el precio por cada una de esas personas, tendremos presente siempre que nuestro deber es guiar a las personas por la senda correcta y no enseñorearnos de ellas como si hubiésemos pagado el precio por sus almas. Rebeldía: reconocer que somos personas con autoridad nos debe llevar a tener claro que también estamos bajo autoridad, y por ello, «todo lo que el hombre siembre eso también segará» (Gálatas 6.7). Esto indica que si deseo ser respetado por aquellos bajo mi liderazgo, debo empezar por sembrar obediencia y respetar a quienes están sobre mí como guía y apoyo. Es menester tener cuidado con desconocer la autoridad, pues eso mismo se cosechará. Resentimiento: muchos ministros se encuentran resentidos con su organización o denominación pues no comparten la forma en que se dirige la obra o por alguna actitud de los líderes que los presiden. Son muchos también los que optan por cambiar de organización o independizarse, porque recibieron, según ellos, una buena propuesta de otro grupo. Como esposa de pastor he visto a muchos ministros resentidos tomar decisiones sin pensar, basados en promesas de otros que les presentaron cuán fácil era afiliarse a su denominación, pero tristemente sus iglesias han ido menguando hasta quedar en su mínima expresión. Al regresar, han tenido que empezar de cero. Entonces, procure sanar su corazón en el lugar donde fue herido; una vez sano, tendrá una visión más clara para tomar la decisión que Dios ponga en su corazón. Deudas no pagadas: Si hay algo que daña la imagen de un siervo o sierva de Dios es su mal crédito. Si nadie quiere prestarle dinero a un ministro, hay que revisar la causa de esta decisión. Cuántos realizan viajes o ejecutan diversos proyectos y luego se olvidan de que todo lo hicieron gracias a un préstamo (¡creen que fue un regalo!). No se acuerdan de que firmaron un documento o llegaron a un acuerdo de pago. Cuando la Biblia dice “no debáis a nadie nada” (Romanos 13.8) significa precisamente eso: nada. Las deudas no pagadas después de cierto tiempo son una gran complicación. Cansancio extremo: el camino a la excelencia nos lleva muchas veces a pensar que una labor resultará bien solo si la efectuamos nosotros mismos. Ese perfeccionismo además, hace creer que somos infalibles y por ello no delegamos funciones. Cuando se actúa así, no se deja a otros trabajar con libertad y como resultado, entra en escena el cansancio extremo. Por otro lado, ninguna persona cansada rinde como se espera, más bien empieza a tomar decisiones que no son más que producto del agotamiento. Por tanto, tómese un tiempo para descansar, salga de paseo con su familia, procure relajarse y renueve sus fuerzas. Descuido de la intimidad con Dios: el Señor fue enfático al decir: «Separados de mí nada podéis hacer» (Juan 15.5). Servir en la obra de Dios, lejos de las directrices que el dueño de la obra tiene para nosotros, es caótico, pues ¡cómo saber el método y las formas de llevar adelante esta labor si no estamos en constante comunicación con el omnisapiente! Es en la presencia de Dios donde encontramos las estrategias y la unción del Espíritu Santo para actuar de manera efectiva. Al estar conectados con el Señor influimos e impactamos positivamente en la vida de otros. ¡Que Dios nos ayude!
Lucila de Saucedo es panameña y está casada con el Rdo. Johnny Saucedo y es madre de tres hijos. Completó sus estudios teológicos en el Instituto Bíblico de las Asambleas de Dios, donde ahora es profesora. En la actualidad, dirige la Escuela El Buen Pastor Jireh. Además, junto con su esposo pastorea el Centro Misionero Jehová Jireh, y ambos son directores del Programa Nacional de la Familia de las Asambleas de Dios. Es también fundadora y directora del ministerio de mujeres denominado Nacidas para Vencer. Tomado de Apuntes Mujer Líder, volumen IV, número 3. Todos los derechos reservados. |
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Texto Bíblico base: Mateo 18.3 Esta declaración de Cristo surgió como respuesta a una pregunta que le hicieron los discípulos: «¿Quién es el mayor en el reino de los cielos?» No fue esta la única vez que tuvo que tratar el tema de grandeza con sus discípulos. En varias oportunidades surgieron disputas entre ellos sobre los lugares y cargos que tendrían cuando Cristo finalmente estableciera su reino. El Maestro bien podría haber dado una detallada descripción de las características deseadas en todos aquellos que le seguían. Mas no lo hizo. Simplemente tomó a uno de los pequeños que invariablemente acompañaban a los adultos y lo colocó en medio de los hombres que eran sus colaboradores. Señalando al pequeño, les dijo: «el que quiere ser grande tiene que ser como este niño.» Inmediatamente se hace evidente una aparente contradicción en las palabras de Jesús. Basta con echarle una mirada a este pequeño para entender que no tiene ninguna grandeza. No lleva sobre sus hombros la responsabilidad por las decisiones de peso que deciden el rumbo de los hombres. No tiene que buscar la manera de sustentar a diario las necesidades de su familia. No participa en los asuntos que conciernen el rumbo de la sociedad. Hasta su estatura puede llevar a que fácilmente pase desapercibido. Cristo, sin embargo, no veía a este niño como lo ven los hombres. El estaba haciendo referencia a aquellas características que los adultos han perdido y que necesitan volver a recuperar. Acompáñeme por un instante, mientras reflexionamos sobre ellas. Lo primero que hacen los niños, cuando despiertan a la mañana, es ponerse a jugar. No se les ve levantarse preocupados, o cansados porque no pudieron dormir durante la noche. Se despiertan y comienzan a disfrutar del día. Los niños tampoco se preocupan acerca de las necesidades del día. No se pasan horas pensando de dónde vendrá la comida para el almuerzo, o quien podrá prepararlo. Juegan tranquilos porque saben que hay otros que velan por su bienestar. En el momento que necesitan algo, se acercan a algún adulto para pedirlo. No andan con rodeos, ni con vueltas. Piden porque confían en que los grandes pueden suplir sus necesidades. Cuando se lastiman, inmediatamente procuran a su madre o padre, para recibir de ellos el consuelo que necesitan. A veces, con un solo beso o una caricia, desaparecen las lágrimas y vuelve la alegría. Tampoco poseen capacidad para recordar las cosas malas que han vivido. No guardan rencores ni buscan vengarse como lo hacen los adultos. Pueden ser disciplinados por sus padres y al rato ya están jugando otra vez. Los niños también poseen una admirable capacidad de soñar, usando su imaginación. ¿Se encontró alguna vez con un niño cuestionador o dado a las dudas? Usted les habla de Papa Noel y ellos creen, a ciegas, en su existencia. Solamente de adultos adquirimos esa tendencia de dudar siempre de todo. Para pensar: Autor: Christopher Shaw. Producido y editado por Desarrollo Cristiano Internacional para DesarrolloCristiano.com. Copyright ©2003-2009 por Desarrollo Cristiano, todos los derechos reservados. |