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lunes, 19 de enero de 2009

Atendiendo a tu Señor



Atendiendo a tu Señor

Servir con excelencia implica esfuerzo y dedicación. Aprende a ser un siervo útil y obediente que haga más de lo que se le pide.

Cultura de servicio

Todos hemos escuchado la frase: “El cliente siempre tiene la razón”. El significado real es “el cliente merece la atención”. En una empresa siempre buscamos atender bien a nuestros “clientes externos”. Los médicos atienden bien a sus pacientes, en los hoteles se consciente a los huéspedes, los bancos se esmeran con sus cuentahabientes. Esta cultura de servicio es excelente y debe ampliarse a quienes, en las ciencias de la administración, se les llama “clientes internos”. Los Gerentes, administradores y todo el personal deben verse como clientes bien tratados. Por ejemplo, un famoso médico llamado “Patch” Adams revolucionó la atención a los pacientes. Los trataba con calidez, por nombre propio, no por número de cama. Dejó de lado la distancia profesional y logró mejorar la salud de las personas. Debemos aplicar la cultura de servicio con quienes nos rodean.

Útil y obediente

En Lucas 17:7-10 leemos: ¿Quién de vosotros, teniendo un siervo que ara o apacienta ganado, al volver él del campo, luego le dice: Pasa, siéntate a la mesa? ¿No le dice más bien: Prepárame la cena, cíñete, y sírveme hasta que haya comido y bebido; y después de esto, come y bebe tú? ¿Acaso da gracias al siervo porque hizo lo que se le había mandado? Pienso que no. Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos.

Este pasaje de la Biblia es fuerte porque cuestiona nuestra eficiencia como trabajadores y nos ofrece una nueva perspectiva del servicio. Imagina tu trabajo, piensa por un momento cómo te comportas. ¿Esperas siempre recibir las gracias por lo que haces? Cuídate de no ser una persona frustrada por no recibir reconocimiento. Al contrario, agradece siempre lo que recibes, aún cuando nadie te agradezca lo que haces. El salario que recibes es la justa retribución por tu trabajo. Evita ser el conflicto y el problema. Donde estés debes ser bendición, más que bendecido.

El Señor dice que es inútil aquel que hace solamente lo que se le ordena. Es duro, pero así está escrito. No lo dice el ministro de trabajo, ni tu jefe, lo dice Jesucristo, el Señor de Señores. Por lo visto, el Código de Trabajo bíblico es más exigente que cualquier otro del mundo. Si haces solamente lo que te piden eres inútil. Según la Palabra, serás útil cuando hagas más de lo que esperan de ti.

La Biblia habla de 6 días laborales de 12 horas cada uno. Así que no te quejes por las 40 horas que trabajas, porque son menos que las 72 indicadas en la Palabra. Si te contratan, no preguntes por los días libres o los horarios, al contrario, evidencia cada vez que puedas tu disposición a dar más de lo que te piden.

Jesús también nos habla de obediencia. Saúl fue quitado del trono por desobediente. Al darse cuenta de su error intentó ofrendar, pero Dios le dijo que la obediencia era mejor que cualquier ofrenda. Entonces el Señor encontró a David, varón conforme el deseo de su corazón, no porque le cantaría con júbilo y alegría, sino porque haría todo lo que Él le mandara.

Todos quieren hacer lo que “les nace” y no lo que se les ordena, entonces los jefes acceden pero toman nota de esa resistencia a la autoridad. Si quieres avanzar en tu trabajo, haz puntualmente lo que te piden. Puedes mejorarlo pero nunca lo cambies según tu gusto o parecer. Aprende a ser obediente. Esto no significa que no puedas aportar tus opiniones. Por el contrario, significa que debes esforzarte y cumplir con excelencia lo que te piden. Piensa que para un ascenso escogerán a alguien en quien puedan confiar. La obediencia te convierte en persona de bendición.

Jesús enseñó obediencia a sus discípulos. Los preparó para que fueran obedientes aún cuando ya no pudieran verlo. Solamente así, recibieron al Espíritu Santo que no veían. Enseña obediencia a tus hijos, porque aún cuando ya no estés, serán capaces de recordar y poner en práctica todos los valores que les compartiste.

Recuerda que útil es quien ofrece más de lo que le piden y obediente es quien tiene la capacidad de hacer lo que le ordenan. Jesús busca personas útiles y obedientes.

Respetuoso y servicial

Había una época cuando honrábamos a nuestros mayores y líderes. Antes era bien visto llevarle un regalo a la maestra de la escuela. Los alumnos le compartían algo de su comida, una manzana, mandarina o lo que fuera, pero se tenía ese detalle amable. Ahora a quien lo haga se le critica como interesado y manipulador. También era común que los alumnos respetuosamente se pusieran de pie y saludaran cuando alguien entraba al salón de clases. Ahora ni siquiera se voltean a ver hacia la puerta.

Las tareas del siervo que la Biblia nos presenta eran labrar y pastorear, sin embargo se le pedían otras obligaciones a las que no debía negarse. Nadie quiere hacer más de lo que le corresponde. Probablemente esta falta de compromiso es lo que nos ha llevado a la actual crisis económica y de valores.

En estos tiempos es difícil encontrar una secretaria atenta y detallista. Gracias a Dios yo tengo una asistente eficiente que todavía me pregunta si puede retirarse, aún cuando ya ha pasado su hora de salida. También puedo pedirle que me prepare un café aunque no esté anotado en el contrato de trabajo como una de sus obligaciones. Esta debe ser la actitud correcta. Demuestra ser una persona servicial que no mide su esfuerzo.

Para servir y atender hay que establecer prioridades. Cuando en las Cruzadas no se abren las puertas en el momento indicado, me molesto y reacciono como chichicúa bautizada en jugo de limón. Es importante atender y servir a las personas, sobre todo cumplir con lo que se ofrece. Además es indispensable atender a quienes te dan trabajo. Primero atiende a tu familia y luego a tus amigos. Antes de tus compañeros de trabajo están tus jefes. Regresemos a la cultura de respeto a los mayores y a los líderes.


Ceñirse para recibir bendición

En la parábola, al final del día el amo no le pregunta al siervo si está cansado, le pide que prepare la cena, se ciña y le sirva. Luego podrá comer de esa misma comida. Esta es una gran promesa. Si el siervo se retira al final de la jornada a la casa con los demás siervos, comería con ellos de la comida para jornaleros. Pero al ir a la casa del amo, prepararle la cena y servirlo, tiene la oportunidad de comer de su mesa. El siervo que obedece y atiende a su señor al final del día, recibe un mejor alimento y mayor bendición. Esto implica un esfuerzo extra porque exige hacer algo que no le corresponde. Entonces la clave está en ceñirse, que significa sujetarse.

Aquellos que deben levantar un peso muy grande, utilizan un cinturón que sirve de soporte para la cintura y protege su columna vertebral. Justamente eso es lo que debemos hacer. Para poder hacer un mayor esfuerzo, cíñete y sirve, porque siempre habrá una recompensa para aquel que lo haga.

La palabra fresca y revelación con la que Dios me bendice no la saco de cuidar ovejas, sino de ceñirme cuando ya no tengo fuerzas y servirle la cena a mi Señor. Levanto mis manos y le digo: “aquí estoy para atenderte, qué más quieres”.

Al final del día, luego del discipulado, la célula y el servicio en la iglesia, preséntate frente a tu Señor, sírvele la cena y pregúntale qué más puedes hacer por Él. Ten por seguro que su respuesta será: “quédate conmigo, come junto a mi y conversemos”.

Un hacendado le dijo a un siervo que durante su ausencia le construyera una casa. Al siervo le pareció injusto y obedeció de mala gana. Utilizó materiales de poca calidad, no se preocupó por los acabados e intentó disfrazar la mediocridad de la obra. Al volver el amo, le entregó las llaves y le mostró la casa. Entonces éste le preguntó si le gustaba, a lo que el siervo respondió afirmativamente. Así que el patrón le dijo: “toma las llaves, la casa es tuya, te la regalo porque sé que anhelabas una, pedí que las construyeras para ti”. Imagina la reacción del siervo. Tuvo la paga justa a su mala actitud. Procura que esto no te suceda. Da siempre tu mejor esfuerzo.

Ofrece siempre la mejor cena al Señor porque seguramente de ella comerás. Dale la mejor adoración porque Él te honrará de la misma forma. Este año puedes declarar prosperidad en medio de la crisis, salud y todo lo que quieras, pero especialmente decláralo como el año para adorar a Dios y atenderlo como nunca antes lo has hecho. Cíñete y atiende a tu Señor.

Ten presente que además, debes ceñirte para atender a tus jefes terrenales. En la empresa donde trabajas no debe existir alguien más obediente que tú.

No seas siervo inútil. Si estás cansado, busca un cinturón para sujetarte, saca fuerzas de donde puedas y siempre da más de lo que te pidan. Atiende a quien te da órdenes, que no te importe lo que piensen o digan los demás. Apóyate con la Palabra, recítales Lucas 17:7. Ser buen cristiano significa ser un trabajador que se esfuerza y destaca. Sin importar a lo que te dediques, siempre demuestra tu compromiso y sé útil. Y lo más importante, atiende a tu Señor, nunca te acuestes sin servirle la cena y compartir con Él.

jueves, 15 de enero de 2009

DIOS PLANTO UN HUERTO DE BENDICIÓN PARA TI


DIOS PLANTO UN HUERTO DE BENDICIÓN PARA TI
Por Pastor César Castellanos D.

Dios mismo plantó el huerto del Edén y puso allí al ser humano. El inmenso jardín ya contaba con plantas y árboles que poseían toda clase de frutos. Lo único que el hombre tenía que hacer era extender su mano y tomar lo que quisiera. Así son las bendiciones de Dios, están sembradas por Él desde la eternidad y para cada uno de nosotros.

Tome papel y lápiz y haga una lista, anote allí de qué cosas carece, cuáles son los suministros que le hacen falta, qué es lo que está precisando. Posiblemente su necesidad sea de índole financiera. Quiero anticiparme a decirle que Dios ya plantó una gran bendición económica para usted. Él la separó para que usted no pase ningún tipo de necesidad, para que usted pueda alegrarse en su provisión. Dios preparó un buen vehículo para que usted pueda movilizarse por la ciudad, Él dispuso de un lugar donde usted pueda vivir, eso significa que Dios tiene una casa muy cómoda y confortable para usted. ¡Dios ya tiene todas esas prosperidades para su vida!

¿Qué otra bendición Dios tiene para usted? La bendición en el ministerio, la de los discípulos que usted va a formar. La bendición ya está, el Señor la sembró para usted. Él le dio un gran ministerio, pero el tamaño del mismo depende del tamaño de su fe. Y algunos nunca ven las bendiciones de Dios, cuando ciertamente ellas están allí, están cerca. Les falta fe.

Un entomólogo francés se puso hacer un experimento con unas orugas conocidas con el nombre de "procesionarias". Se denominan así porque una va marchando detrás de la otra. Un día, este científico puso una buena cantidad de plantas en el centro del sitio donde estaban marchando esas orugas. No había alimento en el camino por donde transitaban pero, si lo deseaban, tan solo debían girar hacia el centro y ahí lo encontrarían. Las orugas estuvieron marchando por un día, dos días, seis días, y al séptimo, una a una fueron cayendo muertas. ¿Por qué murieron? Porque a ninguna se le ocurrió levantar la cabeza y mirar al centro, que era donde se encontraba la provisión de alimento. Algunos cristianos son como esas orugas procesionarias, están como programados, esquematizados, y no salen de ese encuadre. Su mente desarrolló cierta forma de comportarse, y no se salen de ella. Piensan que las bendiciones de Dios están muy lejos, cuando en realidad las bendiciones están en el centro. Y van siguiendo a otros, van detrás de la corriente sin voltear a mirar cuán cerca están los favores del Señor.

Dios le dijo a Abraham: "Levanta tus ojos y mira; alza tus mirada y observa toda esta tierra que tengo para ti". Y Dios le dice a usted también hoy: "Deja de marchar de acuerdo a tu pensamiento. Levanta tus ojos y mira todas las bendiciones que te he preparado. Tengo para ti riquezas espirituales, físicas, emocionales, financieras. Tengo más para darte de lo que tú tienes para pedirme. Yo ya he preparado en el reino de los cielos todas las bendiciones para ti, para tus hijos, para tu descendencia, porque no quiero que pases por ninguna necesidad ni dificultad económica en esta tierra. Pero tienes que levantar la cabeza y mirar las bendiciones que guardo para ti".

Usted debe creerlo. De lo contrario, le sucederá como a muchos, que van pasando los años y van muriendo en la pobreza, en la miseria, en la esterilidad ministerial, sin poder ver nunca la misericordia del Señor colmando sus vidas. Dios repite una y otra vez: "Alza tus ojos".

¿Qué enseñó el apóstol San Pablo?. "Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido al pensamiento del hombre, son las que Dios tiene preparadas para los que le aman". Mas para alcanzar esta promesa, usted tiene que levantar sus ojos y ver que Dios ya plantó un huerto de bendición para usted. Todo lo que necesita está en ese lugar: armonía familiar, prosperidad, alegría, trabajo, salud. Entonces, extienda su mano y tome lo que Dios ya aprovisionó para usted.

lunes, 5 de enero de 2009

Hay momentos... y momentos


Todo lo que viviste en el 2008 ya pasó. Ahora debes ver con optimismo el 2009 que inicia, y aprender a vivir el tiempo que corresponde.


Danilo Montero, un amigo y compositor de música cristiana, escribió una canción que dice: “hay momentos que no deberían terminar, hay segundos que tendrían que ser eternidad”. Todos hemos vivido momento agradables que quisiéramos perpetuar. Yo desearía vivir de nuevo el nacimiento mis hijos. A pesar que el parto de la pequeña fue difícil, nada se compara con la dicha de tomar y abrazar a un hijo recién nacido. Seguramente cada uno podría enumerar bellos momentos de su vida. Sin embargo, no todos son agradables. Recibir a mi hija fue hermoso, aunque el proceso no tanto. Sonia sufrió mucho, tuvieron que operarla de emergencia porque Gabriela venía con el cordón umbilical enrollado en el cuello y ambas podían morir.

Todos los casados somos viudos y viudas en potencia. Es agradable recordar el día que nos enamoramos, el primer beso y la luna de miel. Pero nadie quiere pensar en la separación y la muerte. Hay momentos de tristeza, enfermedad y malas noticias que no podemos evadir. Entonces, lo recomendable es aprender a vivirlos y superarlos con la ayuda y fortaleza que Dios nos da.

Vive el momento

Eclesiastés 3:1-8 nos dice: Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora. Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado; tiempo de matar, y tiempo de curar; tiempo de destruir, y tiempo de edificar; tiempo de llorar, y tiempo de reír; tiempo de endechar, y tiempo de bailar; tiempo de esparcir piedras, y tiempo de juntar piedras; tiempo de abrazar, y tiempo de abstenerse de abrazar; tiempo de buscar, y tiempo de perder; tiempo de guardar, y tiempo de desechar; tiempo de romper, y tiempo de coser; tiempo de callar, y tiempo de hablar; tiempo de amar, y tiempo de aborrecer; tiempo de guerra, y tiempo de paz.

Esto es una gran verdad. Todo tiene su tiempo. Si no vivimos lo que nos toca en determinado momento, sea bueno o malo, no logramos avanzar. La Palabra lo dice claramente. Queremos vivir tiempos de paz, pero también hay tiempos de guerra. Pidamos al Señor porque los tiempos difíciles pasen pronto para poder disfrutar de los buenos momentos. Aprende a vivir tu tiempo. No importa si el momento es de risa o llanto, hay que vivirlo intensamente.

Nos pasa con la muerte. Evitamos enfrentarla porque no la vemos como parte de la vida. Hay un momento para dar la bienvenida a un nuevo ser, y también hay un momento para despedir a una persona amada, porque estamos seguros que también tendremos un momento para reencontrarnos en la vida eterna.

Hay tiempo para ganar y también para perder. En el deporte siempre se vive la victoria y la derrota simultáneamente. Mientras uno recibe el trofeo y las felicitaciones, otro está sufriendo el fracaso. Los momentos malos se sienten eternos, aunque duren menos que los buenos.

Cuando mi esposa me dice que tiene una mala noticia, lo primero que hago es escucharla y sentirla, luego tomo decisiones. La mente se turba con la emoción, por eso hay que vivir el momento para después poder pensar con claridad. De lo contrario, parece que no se encuentran salidas y nos ahogamos en un vaso de agua. Hay una frase muy sabia que dice: “Si de noche lloras por no ver el sol, el llanto te impedirá ver las estrellas”. No lo dudes, también hay noches hermosas que debemos disfrutar.

Declara bendición

En el libro de Rut 1:20-21 leemos: Y ella les respondía: No me llaméis Noemí, sino llamadme Mara; porque en grande amargura me ha puesto el Todopoderoso. Yo me fui llena, pero Jehová me ha vuelto con las manos vacías. ¿Por qué me llamaréis Noemí, ya que Jehová ha dado testimonio contra mí, y el Todopoderoso me ha afligido?

Noemí era una viuda que pasaba por un terrible momento. Tenía dos nueras. Una era Orfa que la abandonó para buscar nuevo esposo. La otra era Rut que decidió quedarse a su lado y apoyarla. Cuando Noemí declaró su situación, lo hizo basándose en lo que sentía. Su aflicción era tan grande que incluso quería cambiarse de nombre. Pedía que le llamaran “amarga” aunque su nombre significaba “placentera”.

Constantemente nos sucede igual. Frente a un mal momento, nos dejamos llevar por la emoción y no pensamos correctamente. Por eso, lo mejor es primero sentir con intensidad para luego, darnos tiempo de meditar y declarar con sabiduría.

Job 1:20-22 relata: Entonces Job se levantó, y rasgó su manto, y rasuró su cabeza, y se postró en tierra y adoró, y dijo: Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito. En todo esto no pecó Job, ni atribuyó a Dios despropósito alguno.

Él también estaba pasando por un mal momento. Se quedó sin nada. Pasó de ser el más rico, a ser el más pobre y enfermo. Sin embargo, no declaró contra el Señor. Observa la diferencia, Noemí se sintió despojada y afligida por Dios; Job, por el contrario, reconoció con humildad su origen desnudo y bendijo a quien le proveía todo lo necesario. Aunque en su buena intención, se equivocó, porque no fue Dios sino el diablo quien le quitó.

No permitas que tus sentimientos te traicionen. Si un mal momento te hace sentir triste, confundido y enojado, vive tus emociones pero no cometas pecado, ni contra Dios, ni contra tus semejantes. Guarda tu boca porque luego tendrás que pedir perdón por las cosas que digas.

Declara lo que sabes: “todo ayuda a bien a quienes aman al Señor”. Afronta los malos momentos con fe, proclama tu nombre sin temor, da gracias por lo que vives y adora al Señor porque todo obra a bien si confías en Él.

Cuando debo enfrentar situaciones difíciles, primero vivo el momento, lloro y me desahogo sin afectar a nadie. Luego medito, busco calma y pido sabiduría para tomar buenas decisiones. Después hago una correcta declaración de fe y finalmente hablo con Dios para escuchar consejo. Acércate al Señor y adórale en todo momento, agradécele por lo que obra en ti.

Decide seguir adelante

Filipenses 3: 13 nos dice: Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante

Recuerda que para abrir un nuevo capítulo debes cerrar primero el anterior. Deja atrás el pasado y muévete hacia adelante. No te detengas, si ya viviste el momento que te tocaba, prepárate para disfrutar de los que aún no has vivido.

En Lucas 15: 17-18 el Señor nos dice: Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti.

Imita la actitud y declaración del hijo pródigo. Levántate y toma dirección hacia tu Padre, porque Él siempre te mostrará caminos de bendición y justicia. Asegúrate que todas tus decisiones te orienten al frente. No retrocedas, recuerda que “para atrás ni para tomar impulso”. Repítelo cuantas veces sea necesario: “Me levantaré e iré a mi padre, me levantaré e iré hacia adelante”.

Todo lo que viviste en el 2008 ya pasó. Ahora debes ver con optimismo el 2009 que inicia, y aprender a vivir el tiempo que corresponde.

Además, prepárate para el momento inevitable de pasar por la muerte hacia la vida eterna. Recibe a Jesús en tu corazón. Proclámale como Señor y Salvador para que te ayude a vivir cada momento, te levante y permita avanzar siempre hacia adelante.